Contribución a los orígenes de las Fiestas de Moros y Cristianos


Juan Castelló Mora

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“Me anuncian las visitas de los principales varones del pueblo. Yo voy a colgar las cortinas. Después y antes de mi viaje a Nucía, necesito matar moscas y arañas, por encargo de toda la familia. Soy un San Jorge en pijama”.

Este precioso y desenfadado párrafo corresponde a nuestro gran novelista alicantino Gabriel Miró, injustamente olvidado por cuanto representa la máxima
figura, junto con Azorín, de la narrativa alicantina en castellano, utilizando un rico y variado léxico revitalizador del idioma. La cita viene en la carta 635 de su “Epistolario”, dirigida en 7 de junio de 1926 a su amigo Heliodoro Carpintero desde Polop, donde la familia pasaba los veranos para cuidar de la maltrecha salud de su mujer y olvidar el trabajo administrativo en Madrid, que nunca lo liberaba de sus estrechezes económicas.

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Ya desde la toma de Granada por los Reyes Católicos, se inicia un proceso de conversión de los mudéjares (más tarde moriscos), que duraría hasta su expulsión de España en el año 1609, proselitismo que experimentaría numerosos episodios de fanatismo y matanzas, hasta el embarque en esta fecha, hacia tierras africanas, de cerca de 300.000 españoles valencianos, convertidos en apátridas. El largo y fallido intento de conversión, calaría de tal manera en la sociedad que, tanto las autoridades como el pueblo, consideraban a los moriscos como un problema incrustado, celebrando, especialmente desde su expulsión en 1609, el triunfo sobre los mismos, con representaciones festivas en las que los cristianos derrotaban a los moros. Por otra parte, estaba siempre presente el peligro de las incursiones de piratas moros en las costas españolas, y muy especialmente en las valencianas, junto con la amenaza otomana, siempre latente.

La primera vez que interviene el pueblo en un simulacro de combate con castillo de madera fue en las fiestas celebradas en Toledo, el 6 de mayo de 1533, con motivo del desembarco de Carlos I en Barcelona, donde los gremios de carpintería y albañilería, agrupados en dos bandos, uno de moros y otro de cristianos, se enfrentan en reñida lid. Es en este siglo XVI cuando son frecuentes los combates de “moros y cristianos”..

En 1560 y en el largo recorrido del cortejo nupcial con motivo del matrimonio de Felipe II con su tercera esposa Isabel de Valois, durante su estancia en Toledo, se celebran varias fiestas y agasajos, no faltando una corrida de toros y un torneo de lanzas, con el remate final: 3.000 veteranos de los Tercios españoles y una caballería mora se enfrentan en un combate simulado (Bennassar, 2006,
18).

Las antiguas comedias de moros y cristianos, que estuvieron de moda desde fines del siglo XVI hasta el primer tercio del siglo XVIII, en las que se representaba la lucha del Bien contra el Mal, encarnados en el Ángel y el Demonio, evolucionan hacia las posteriores con la inquina hacia los moriscos y la lucha contra los turcos. A las primeras corresponde, entre otras, la representación de “Moros y Cristianos” de Zújar (Córdoba).

En Aínsa (Huesca), se celebran anualmente unas fiestas para conmemorar la victoria contra los moros en una batalla ocurrida en sus alrededores, en el año 724. Por la mañana, al volteo de las campanas, en una especie de procesión, los moros desfilan junto a la muralla y los cristianos van por la calle Mayor a la plaza. Hay una escaramuza, con ganador indeciso y, al final los moros corren hasta una era, produciéndose otra escaramuza, y “al llegar a la plaza se celebra una misa de campaña de la que también se burlan los moros a la distancia de unos doscientos metros”. Un pastor recita un romance y a su señal, un moro dispara su arcabuz como inicio de la arcabucería general, perdiendo los cristianos su bandera. Más tarde, acuden los moros a la plaza perdiendo la batalla y simulando los cristianos cortar la cabeza del jefe moro. El espectáculo finaliza con el “dance de la morisma”. (Sender, III, 90).

Decretada la expulsión de los moriscos, parte de éstos se sublevan contra la orden, entre ellos los habitantes del Valle de Laguar, a los que se somete tras sangrientas escaramuzas y matanzas masivas en su reducto final de Petracos. Para celebrar la victoria, el Patriarca Ribera organizó una procesión desde la Catedral al Colegio del Corpus Christi, repitiéndose cada año el 21 de noviembre, fecha de la rendición (Muñoz, 2010, 148).

En la campaña del Valle de Laguar, la Milicia Efectiva participa en el asalto al castillo de Pop, entre el 22 y 29 de noviembre de 1609. La primera compañía en presentarse fue la de Biar, al mando de Jaime Almunia. De Alicante se presentaron seis compañías, junto con las de Villajoyosa, Xixona, Cocentaina, Tibi, Ibi, Castalla, Bocairent y otras, acantonadas entre Tàrbena y Castell de Castells. Todas esta compañías, englobadas en lo que se llamó “el tercio de las Montañas”, situadas cerca del castillo, tenían la orden de esperar el avance del grueso del ejército, los famosos Tercios, para cortar la retirada de los rebeldes, misión que cumplieron satisfactoriamente, no sin dedicarse al pillaje al encontrar gran cantidad de pertrechos y ropas, con lo que hicieron gran negocio. Tras la rendición y matanza de moriscos, la Milicia Efectiva es despedida después de satisfacer los salarios correspondientes.

La compañía de Bocairent estaba constituida por 564 soldados con 3 capitanes y 387 arcabuces. En la misma se integraban varios vecinos de Banyeres, ya que esta se encontraba aún anexionada a la primera como “carrer de Banyeres”, siendo indudable que esta vivencia reforzaría las algaradas y representaciones de luchas entre cristianos y moros en nuestra ciudad y el resto de la provincia de Alicante (Lomas, 2009, 164-211).

Está presente, a lo largo del siglo XVII, el temor al peligro otomano. En 1687, con motivo del casamiento de Pedro II y de Sofía de Neoburgo, en Lisboa, un espectáculo representaba el asalto de una fortaleza defendida por los otomanos, con gran alarde pirotécnico, sustituyéndose dos medias lunas por dos cruces (Vincent, 2006, 87). El miedo a los turcos era atizado por las autoridades con la continua acusación de relaciones entre los moriscos y los otomanos, ante el temor de una invasión de estos por las costas, como la toma y saqueo de Ciudadela en
1558.

Es en el siglo XVIII cuando las fiestas de “moros y cristianos”, tal como las conocemos actualmente, alcanzan su madurez. La cita más antigua es del año 1715, en Alicante, donde se simula un desembarco moro, declamando una embajada a los cristianos que defienden el castillo, situado en la plaza Mayor, quienes se niegan a rendirse y los moros toman la fortaleza al asalto. Por la tarde son los moros quienes pierden el castillo, tras la embajada. A partir de esta fecha se populariza el modelo en varias ciudades, tanto valencianas como foráneas, especialmente en las ocasiones de visitas o proclamaciones reales. (Muñoz, 1972, 18).

Las danzas o bailes de moros y cristianos escenifican la lucha entre la Cruz y la Media Luna. Su origen está en las danzas moriscas que estuvieron de moda en las cortes europeas durante más de dos siglos, sustituidas más tarde por los bailes gitanos y flamencos. Se distinguen tres tipos de baile: individuales, de parejas y de “grupo, cuyos bailarines, provistos de palos o armas, remedaban trabar un combate”. (Amades, 1966, 11).

No se quedaban impasibles los moriscos ante las representaciones cristianas. Las fiestas de las que los moriscos disfrutaban, así como las comedias de tema clásico o pastoral que representaban en sus pueblos, eran regocijos ante las derrotas cristianas inferidas por los turcos. (Bernabé, 2009, 61).

A lo largo de siglos y conmemoraciones ancestrales en lugares dispersos, tenemos todos los elementos que configuran la Fiesta de Moros y Cristianos: castillo o fortaleza de madera en Toledo, Lisboa y Alicante; arcabucería en Aínsa y Toledo; misa de campaña en Aínsa; descabezamiento del moro (más tarde, la de Mahoma en algunos lugares) en Aínsa, danzas o bailes en Aínsa y Amades, y embajadas en Alicante y Aínsa.

BIBLIOGRAFÍA

Amades, Joan: Las danzas de Moros y Cristianos. Institución Alfonso el Magnánimo. Valencia, 1966.

Bennassar, Bartolomé: La España de! Siglo de Oro. RBA Coleccionables, S.A. Barcelona, 2006.

Bernabé Pons, Luis R: Los moriscos. Conflicto, expulsión y diáspora. Catarata. Madrid, 2009.

Lomas Cortés, Manuel. El puerto de Denla y el destierro morisco (1609-1610). Universitat de Valencia, 2009.
Miró, Gabrel: Epistolario. Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert. Alicante, 2009.

Muñoz Lorente, Gerardo: La expulsión de los moriscos en la provincia de Alicante. Editorial Club Universitario. San Vicente, 2010.

Muñoz Renedo, Carmen: La representación de “Moros y Cristianos”de Zújar. Madrid, 1972.

Sender, Ramón J.: Crónica del alba. Alianza Editorial. Madrid, 1971,3 vols.
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