Nuestras raices


Ricardo Díaz de Rábago y Verdeguer

Una de las realidades que determina la permanencia y vitalidad de un árbol es la profundidad de sus raíces.

En la copa está la frondosidad, los frutos, hojas, flores… pero es en la raíz es donde está el origen de la especie y es desde allí toma su fuerza, asciende la savia vitalizante.

El de nuestra “tierra” se pierde en el tiempo. La realidad de hoy es el resultado de un largo proceso, etapas, épocas.

La historia de nuestro pueblo, de nuestra comunidad humana, tiene raíces que aun podemos detectar y conocer.

La realidad actual arranca de un momento histórico de la “reconquista”. No está de más volver los ojos al pasado, a los orígenes, a las raíces. Encontramos un rey que conquistó estas tierras, que nos dio los fueros, todo un señor. Decir “en Jaume”, “El Conqueridor”, els furs” es ya decir mucho.

Encontramos un grupo humano entorno a un rey, unos caballeros, un pueblo. Y en todos, como es propio de la época, aparece la dimensión social y humana y también la dimensión religiosa y trascendente.

Dos instituciones son en la actualidad emblema de esta doble dimensión en el “cap i casal”. “El Palau de la Generalitat” en su dimensión social y política, y “la Seu”, la Catedral, en su dimensión religiosa y trascendente.

Cualquier visitante o viajero puede quedar admirado por la grandiosidad, el arte, la historia de que son poseedores estos edificios emblemáticos. Pero cualquier banyerense que se acerque a ellos y se detenga a contemplarlos observará algo que atraerá poderosamente su atención. Es más, llegará a vibrar al ver en el escudo de la Generalitat algo muy querido y que le identifica. ¿Un caballero? No. San Jorge, ¡Sant Jordi! en el emblema de nuestra identidad valenciana.

Y muy cerca, cruzando solo la plaza, la Catedral. El otro polo de la vida, el religioso.

Dos edificios emblemáticos, que aglutinan en sí las dos dimensiones del ser humano y de la colectividad. No unidos, pero sí cercanos. En medio la plaza, el pueblo.

Y en la medida que uno se acerca a la catedral en la misma girola, en su parte exterior observa una pequeña capilla resguardada por unas vejas de hierro, con una inscripción en la que se deja constancia de que allí se celebró la santa misa, la primera misa, el día de la llegada del rey D. Jaime a Valencia. En aquel lugar que había sido iglesia cristiana, junto al lugar martirial de S. Vicente mártir, posteriormente mezquita musulmana y hoy nuestra santa iglesia catedral metropolitana. Y de nuevo aparece allí misma la imagen del mártir S. Jorge, la imagen ecuestre.

No son dos meras coincidencias. Es que S. Jorge está en el origen de nuestro pueblo en su dimensión humana, cívica, como caballero, y en su dimensión religiosa como testimonio de la fe, mártir de Cristo. Está en los edificios sede de la vida cívica y religiosa. Es el emblema de un pueblo.

Con estas líneas he pretendido que nos acercáramos a nuestra raíces, a nuestras señas de identidad. Podemos constatar, es más pregonar, que somos de los pocos pueblos que hemos mantenido esta identidad hasta el día de hoy.

Banyeres no solo tiene una calle, portal, torre, plaza, barrio, o un altar, capilla, ermita, parroquia, iglesia dedicados a S. Jorge, como muchos pueblos y lugares, lo tiene por patrono.

S. Jorge es para Banyeres, origen, emblema, modelo, intercesor. Para nosotros decir Banyeres es decir S. Jorge, y decir S. Jorge es decir Banyeres.

Por eso cuando la expresión brota de los más profundo de nuestro ser y se convierte en exclamación decimos: “Vixca Sant Jordi – Vixca Banyeres” o a la inversa: “Vixca Banyeres – Vixca Sant Jordi”.

Y cuando unimos nuestras voces, al unísono, lo fundimos en plenitud exclamando:

¡VITOL AL PATRÓ SANT JORDI! ¡VITOL!

Y lo hemos hecho desde nuestras raíces, nuestros orígenes, hasta hoy. Y lo hacemos cada día y cada año como pueblo, cantando todos en la plaza, recordando nuestro pasado, proclamando nuestro presente y mirando al futuro: ¡Si! “VITOL AL PATRÓ SANT JORDI REPETIREM TOTS ELS ANYS”

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