Añoranzas y realidades


Gregorio Molina

Parece ayer, cuando, por las solitarias calles de Bañeres, aún no invadidas por el tenue resplandor de la aurora, marchaba afanoso el sereno golpeando ruidosamente las puertas de las casas y gritando a voz en cello: ¡les cinc!
Momentos después, por las mismas calles, caminaban apresurados los trabajadores que, sin más luz que su afán de llegar pronto a los molinos, salían del pueblo y llenaban los caminos de las respectivas fábricas. Con la cesta típica, portadora de la “berena”, al brazo y en silencio o hablando en voz baja del funcionamiento de “les tintes” o del trabajo en la “sala” o del aire de la “porchá”, se dirigían alegres y confiados a su tarea cotidiana.
Después, de sol a sol, las diferentes dependencias del molino parecían zumbante colmena, en la que cada abeja, atenta solamente a su respectivo trabajo, coopera solícita al ordenado y próspero rendimiento de las individuales actividades mancomunadas.
Eran aquellos los tiempos heroicos de nuestro querido pueblo, en los que, silenciosamente, pero con creadora energía y sin alteraciones sociales, se iban forjando las pilastras de duro acero, sobre las que se ha de cimentar la recia pesadumbre de la gloriosa industria de Bañeres.
Y son, los titanes que la forjan, hombres desconocidos del mundo, pero de recta y limpia conciencia, de amor insaciable al trabajo, de limitadas y concretas ambiciones personales, de los que no conocían más caminos que el de su hogar, el de su fábrica y el de la iglesia; ni suspiraban por otro honor que el trabajar, ser fieles a su amo y honrar al pueblo en que nacieron.
Y eran titanes porque, sobre todos estos amores, tenían su fe puesta en Dios, a quien servían como intachables cristianos, y su amor dirigido al Patrón San Jorge, a quien saludaban e invocaban durante el trabajo y al terminar la última “postá”, y a quien festejaban en las fiestas de Abril con todo el entusiasmo de su alma intensamente cristiana.
Los humildes molinos de ayer se han transformado en las magníficas fábricas de hoy. La semilla aquella, que unos hombres honrados arrojaron en el surco de la industria de Bañeres, abierto a costa de esfuerzo y de sudores sin medida, se ha convertido en árbol gigantesco, cuyas ramas se difunden por toda España, llevando a todas partes los más ricos y sazonados frutos de una industria acariciada y cultivada en Bañeres con todo el cariño y honradez proverbiales en hombres, que supieron trabajar y sacrificarse, porque en su pecho alentaba potente un elevado ideal: Honrar a San Jorge trabajando por Bañeres.
Y Nuestro Patrón San Jorge, por Bañeres, es hoy conocido en todos los ámbitos de nuestra querida España.

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