40 Años de Leyenda – Programa de Fiestas 2020

 

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40 Años de Leyenda - Programa de Fiestas 2020

Sobre los inicios de la representación de la Leyenda de Sant Jordi, el dragón y la princesa
Jordi Garcia Vilar

 

Soy Jordi Garcia Vilar. Nací en el año 1950 en Caldes de Malavella, provincia de Girona, conocido por sus aguas minerales, donde viví los tres primeros años de mi vida. Después la familia se trasladó a Valencia por el trabajo de mi padre. Volvía a Caldes todas las navidades, pascuas y veranos hasta los diez años. Allí tuve mi primer contacto con la imagen de San Jorge que estaba col·sitúa a una sencilla peana en un muro de la iglesia románica del pueblo. Estaba muy devanado para tener aquel santo montado en un caballo blanco matando un dragón ante los santos con heridas, cara de sufrimiento y sin caballo, que tenían mis amigos. Qué suerte mi!

Soy el segundo de la familia de Vicente y Maria, de ocho hijos. Seis chicos seguidos y dos chicas que al fin llegaron por su constancia buscando la niña. Me tuve que esperar a hacer la comunión a los ocho años con mi hermano Vicentet, con el que me llevo sólo once meses. Fue el año en el que me sucedió un hecho muy especial en relación con San Jorge. Aquel año volvía después del verano desde mi pueblo a Valencia en tren con mi madre y, entonces, mis cuatro hermanos. Un tren de madera de la época, años cincuenta, con departamentos con puertas correderas que daban a un corredor muy largo, todo lo largo que era el vagón. Dentro había dos bancos encarados donde se sentaban los viajeros y viajeras. Arriba de ellos había grandes estanterías donde col·locàvem el equipaje. Me senté al lado del único viajero que no era de la familia. Un hombre bien vestido y encorbatado, de mediana edad, de aspecto amable. Era un señor alcoyano muy simpático que enseguida nos saludó a todos e inició una conversación conmigo. Al saber que me decían Jordi, me narró exquisitamente la historia que se cuenta en la leyenda del valiente santo que salvó una doncella de ser devorada por un dragón feroz. Me dijo que era el Patrón de su pueblo, aunque allí mataba moros y no el dragón. Me contó que era también el Patrón de un pueblo del lado de su, Banyeres, y que allí sí que mataba el dragón, como se contaba en la auténtica leyenda. También me contó que San Jorge había sido el Patrón de Valencia desde que Jaime I la conquistó, aunque luego, lamentablemente, cambiaron de Patrón. Me explicó con tantos detalles aquella extraordinaria leyenda que a estas alturas pienso que muchos de ellos se les inventó el veremos tanto boquiabierto y entusiasmado escuchándolo. Incluso, como hacen los niños cuando una narración les gusta mucho, le la hice repetir una y otra vez hasta que mi madre me hizo callar para no molestar más a aquel señor alcoyano tan amable.

A menudo he pensado que ese momento dejó en mí un empujón tanto significativa a mi recuerdo inconsciente que se convertiría con los años en la semilla de lo que sería la creación de la representación teatral de "la Leyenda de Sant Jordi", que hace cuarenta años escribí para Bañeres, pueblo que olvidé porque nunca oí hablar de nuevo de él. Pueblo del que oí hablar de nuevo en emparejarse me muchos años después en la Facultad de Filosofía de Valencia con Modesta, hija de Picolo, de Bañeres. Pueblo que fui conociendo y amando a través de ella y su familia, tan comprometida con su pueblo, la familia Picolo, y que tanto ha significado para mí.

Yo ya llevaba más de diez años trabajando en teatro, metido en movidas de tipo social y educativo y estaba muy sensibilizado con este temas. En esta época, años 1980-81, tuve la suerte de encontrarme de la mano de Amparito y Picolo, mis magníficos suegros, con una movida comunitaria en Banyeres donde participaba todo el pueblo. Con motivo del doscientos aniversario de la llegada de la Reliquia de San Jorge en el pueblo, éste se había dividido en doce sectores, uno por cada mes del año. Con este motivo cada sector organizó diferentes fiestas para el resto de vecindario del pueblo. Me pareció una idea preciosa y de gran calado social al ser todo un pueblo capaz de realizar a lo largo de todo un año. Mis suegros vivían en la calle La Cruz 38, en el centro del pueblo, y era el último sector. A este le tocó el mes de julio. El vecinos nos reunimos para recoger propuestas y planificarlo todo. Con Modesta y Picolo acudí a la reunión y proponer, apoyado por todos los miembros de la familia Picolo, realizar una representación de la Leyenda de Sant Jordi de teatro de calle que yo mismo escribiría y dirigiría para escenificarla en la plaza del Ayuntamiento. También propuse hacer un juego de calle que consistiría en construir por equipos unos rompecabezas sobre la Leyenda, las piezas de los cuales estarían repartidas por las casas del vecindario. Las propuestas fueron bien aceptadas y la casa de Picolat, la de la calle La Cruz y la caseta de la sierra, se convirtieron en talleres y lugares de ensayos.

Este estuvo el origen de de actual representación. Participó mucha gente volcándose en ella entusiastamente. Entre todos conseguimos que el espectáculo de calle y participativo fuera un éxito. El volvimos a repetir a petición de la gente y empecé a escuchar una demanda al pueblo que cada vez se hacía más insistente: "Esto no se puede quedar aquí. Se debe hacer más veces y quedarse como una tradición de este pueblo ". La larga enfermedad de Picolat, que acabó con su vida, hizo que la familia dejaremos aparcado el proyecto. La Leyenda se recuperaría posteriormente en 1999 por iniciativa del Ayuntamiento y dirigida por Toni Belda. Ocasión para la que construí con Paco Sans, amigo escultor, la actual dragón sobre una estructura de hierro dada por Elvira Ferre y que había diseñado para nuestra capitanía de los Maseros (1996). Una vez realizada esta representación, creé la Asociación de la Leyenda (1999) encargada de realizar su representación. Entonces propuse al Ayuntamiento, siendo Roberto Calatayud el alcalde, hacerla a Vil·la Rosario, idea que aceptó convirtiendo y descubriendo así este espacio en un espacio para hacer espectáculos, como es en la actualidad.

El próximo año 2021 será el cuadragésimo aniversario de la creación de esta representación (1981). Han sido veinte años desde su recuperación y representación en la plaza Mayor. Veinte años de asociación. Veinte años haciendo crecer el proyecto hasta conseguir la espectacularidad que tiene ahora y la magnífica participación de unas 400 personas. Desde hace años que se conoce, incluso, fuera de Banyeres donde la gente se queda entusiastamente impresionada de lo que ven en cada representación, sorprendidos por la calidad y nivel del espectáculo y la gran participación de la gente de Banyeres. Un fenómeno teatral singular en toda la Comunidad Valenciana y fuera de ella.

Hacía tiempo que buscaba quien me sustituirá en mi múltiple tarea de presidente de la Asociación de la Leyenda y director del espectáculo teatral. Me parecía que había conseguido su continuidad en la asamblea anual de socios / as del año 2015 cuando los miembros de la junta que habían estado trabajando conmigo las últimas ediciones, algunos de ellos desde el año 1999, aceptaron hacerse cargo de estas responsabilidades. Las asumieron y llevaron adelante con dedicación y éxito la siguiente Leyenda de 2018, con los cambios que les pareció convenientes. Por esta razón, siempre reconoceré su trabajo por la que son merecedores / as del agradecimiento de Banyeres, siendo consciente, más que nadie y por los muchos años que he estado en el frente, de la complejidad y dificultades de este proyecto. Un proyecto muy querido que nunca he querido abandonar y creo que tampoco el pueblo de Banyeres.

Pero todo en esta vida tiene un principio y un final. En el momento que escribo este artículo, y es por eso que la escribo, parece que por diversas razones, razones que lamento profundamente, la junta actual ha decidido no seguir con el proyecto, dando fin a la asociación y, por tanto, a la representación de la Leyenda de Sant Jordi a nuestro pueblo si antes del 1 de febrero no se presenta un grupo de gente que asuma formar una nueva junta. Espero y deseo de todo corazón que esta cuestión, que afecta a la continuidad del proyecto de la Leyenda, haya podido solucionar cuando se lea este artículo en el programa de fiestas. Está en juego un proyecto singular esperado por mucha gente, tanto de Banyeres como de fuera. Un proyecto col·lectivo ejemplo de un pueblo vivo y comprometido con los valores comunitarios. la·alusiones para las generaciones nacidas estos últimos veinte años y para muchas familias de nuestro pueblo. Un proyecto alrededor de nuestro Patrón, Sant Jordi. Más allá de la propia Asociación de la Leyenda, ¿Puede un pueblo dejar morir así un proyecto de estas características, tan significativo para él, su gente y nuestra Comunidad?