Sin Dios no hay fiesta: Acerca de la irrenunciable relación entre ambas realidades para la celebración de una verdadera fiesta humana


Juan Miguel Castelló Sánchez

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RESUMEN

El objetivo de la presente comunicación es reflexionar acerca de la raíz metafísico-antropológica de la fiesta. Mostraré que dicha raíz se encuentra en la realidad personal del hombre más allá de manifestaciones culturales concretas y limitadas. La fiesta no es tanto una simple expresión de necesidades humanas –sería muy pobre entenderla así– cuanto una dimensión irrenunciable de la persona en lo más hondo que la define, a saber, la apertura. En esta dimensión, sin la que el hombre dejaría de ser quien es, también se encuadra la apertura en su plenitud, es decir, la apertura a Dios.

En este sentido relacionaré la fiesta con el aspecto religioso, no como mero añadido, sino como sentido profundo y posibilitante de la plena vivencia de la misma.

1.- PLANTEAMIENTOS DE FONDO DE UNA PRETENDIDA SEPARACIÓN RELIGIÓN – FIESTA

Revisamos algunos rasgos de la cultura actual que nos van a permitir comprender la pretendida separación y sus consecuencias.

«El pensamiento postmoderno, en cuanto declara el fin de todo proyecto y normativa histórica totalizante, no sólo es un enemigo frontal del proyecto de la modernidad, sino también de cualquier otro donde aparezca la pretensión de sentido global y de orientación general de la vida. ¿No es, desde este punto de vista, el polo opuesto del cristianismo?»1.

No es ninguna novedad actualmente querer separar lo religioso de cualquier otra realidad humana. En el pensamiento ateo siempre lo ha intentado, aunque las manifestaciones hayan ido cambiando a lo largo de la historia2. El problema de esta separación en la postmodernidad, sobre el fondo del ateísmo, es que tiene como consecuencia la disolución del hombre3.¿Qué puede hacer el hombre ante el olvido u ocultamiento de estas realidades? ¿Puede ser hombre?

Una visión reductiva de la persona humana establecerá que la religión es una mera creación cultural contingente que responde a unas necesidades humanas, o es manifestación de unos deseos interiores incluso desconocidos por el mismo hombre: deseos de libertad, de infinitud, de poder, etc. Éstos están reprimidos por el propio hombre o por un poder externo4. El hombre está en continua luchar por superar esta represión interior o social. No será un ser en paz mientras viva5. ¿Es este el verdadero hombre? ¿No se estará pensando desde un apriorismo filosófico marxista que no tiene en cuenta el hombre concreto y su indigencia real, no idealizada ni alienada en un ser superior?6

En este sentido entendemos que la fiesta rechace la dimensión religiosa puesto que limita al hombre. La fiesta se interpreta y vive como una visibilización simbólica y ritual del rechazo y lucha del hombre contra un pretendido poder opresor. En una inversión de valores la fiesta sería el verdadero orden humano reprimido y liberado7. La fiesta sería el momento de liberación frente a la religión.

También este acercamiento a la fiesta puede hacerla depender de factores externos: un poder que nos reúne, un momento histórico, etc. El resultado de este pensamiento es un hombre condicionado y limitado, reducido a mero acontecer temporal frustrante, puesto que no hay trascendencia de sí mismo ni de la realidad (acto espiritual), sino solamente expresión de impulsos biológicos reprimidos (pasiones corporales, alimentación) o huida de ciertas situaciones problemáticas (soledad, dolor), en definitiva, un hombre considerado desde un punto de vista materialista8.

Desde esta perspectiva el hombre es considerado como un desorden constitutivo reprimido por un orden social impuesto por un poder, o por instancias interiores al mismo hombre. ¿Soy yo y el mundo, constitutivamente desorden, caos?

Lo que está mostrando esta mirada a la fiesta desde la crítica a la religión es un pretendido hombre liberado. Pero lo que realmente presenta es un hombre esclavo de sus propios deseos e impulsos reprimidos y determinado por ellos9. Pensar así el hombre supone «negativizar» su existencia, así como el mundo que le rodea. La realidad es hostil y el hombre lo es para sí mismo. ¿Cómo puede influir este punto de vista en la consideración de la fiesta?

Una clara influencia es la pretensión de explicar la fiesta como un “medio para”: cohesión social, descanso, expresión de necesidades, etc10. En un pensamiento utilitarista la fiesta no serviría para nada, puesto que es incomprensible un actividad que no sea, como hemos comenzado diciendo, “medio para”11. La fiesta –así entendida– sería un mero hecho circunstancial, limitado a contingencias internas o externas, en el horizonte material humano.

Plantear así el problema de la fiesta es disolverla, puesto que, en la medida en que las necesidades cambian, o en el supuesto que no hubiera necesidades, la misma se hace irrelevante. Se desvirtúa la fiesta perdiendo su fundamento, al depender únicamente de una supuesta libertad creativa absoluta del hombre.

La comprensión de la fiesta dependerá del momento histórico que se viva. Se democratizará hasta el punto de poder cuestionarse incluso la misma necesidad de hacer fiesta. Se puede llegar a una fiesta totalmente impregnada de la cultura dominante e incluso destructiva para el hombre. No hay más que pensar en una fiesta planteada desde criterios meramente materiales-economicistas. ¿No es un problema actual?.

Hay, además, un planteamiento que separa la religión de las demás realidades públicas en cuanto que ésta no puede ser compartida por todos. La religión queda confinada en los límites de la intimidad y privacidad, pero nunca puede tener manifestación pública12. Es la línea del «laicismo excluyente»13.

2.- ANTROPOLOGÍA Y METAFÍSICA CAPACES DE OFRECER UNA PERSPECTIVA NUEVA DE LA FIESTA

2.1. El hombre y la realidad como «más»

«(…) el hombre ha hecho la experiencia por un lado de su desfondamiento y por otro de su desbordamiento por la realidad, tanto en orden a lo máximo (descubrimientos de la astronomía) como de lo mínimo (descubrimientos de la biología y de la física). Queda remitido a sí mismo, pero no como plaza de soberanía que decide realidad sino como ámbito abierto para la afirmación, el encuentro y la libre aceptación tanto de los otros como del mundo y de Dios. Dejar ser a los demás y no considerarse a sí mismo un absoluto es la condición previa para el real conocer»14.

¿En qué dimensión del hombre podemos encontrar una posible justificación de la unión esencial entre la fiesta y la religión?

Nosotros respondemos que en una dimensión constitutiva, no consecutiva, que es la apertura del hombre: a sí mismo, a la realidad, a los demás, y a Dios en cuanto apertura al fundamento de toda la realidad y de sí mismo15. Todas estas direcciones aperturales no son consecutivas a la persona –lo que las convertiría en opcionales– sino constitutivas16, de modo que en su realización el hombre se construye y alcanza su plenitud personal.

El hombre en cuanto persona esta remitido desde sí mismo a la realidad, ya que él es real. Ésta realidad no se agota en acontecimientos sino que continuamente los supera. Ningún acontecimiento supone el todo de la realidad. Así, el hombre está lanzado siempre más allá de cualquier momento en el que se encuentre. Precisamente por esta versión a la realidad, puede reconocerse como fundamentado, asentado firmemente. Aunque los acontecimientos le puedan zarandear, nunca lo pueden excluir de la realidad que en último término lo acoge y protege17.

No estoy existencialmente situado en una realidad hostil. Las circunstancias pueden serlo, pero no agotan la realidad –aquí reside su bondad– como sustento humano último. Ya que la realidad es buena siempre se puede superar cualquier contingencia histórica negativa18.

Ya que el hombre está en la realidad, se encuentra refugiado en ese “más” en el que es persona libre, en el que la misma realidad supera cualquier limitación y se abre a nuevas realizaciones19.

No deja de ser persona mientras esté instalado en la realidad y no puede dejar de serlo precisamente, como hemos dicho, por ser persona. La relatividad a las cosas con las que se encuentra y mediante las que está en la realidad es el fundamento de la persona. No es una limitación extrínseca sino un fundamento constitutivo. La realidad es su último recurso, su último apoyo y, por tanto, su fundamento. El hombre no puede huir de la realidad pues siempre se encuentra con ella porque no deja de estar en la misma.

La persona es así la realidad fundada20. No está arrojada a una existencia ciega en la que se tiene que autofundar a cada instante con la amenaza de la nada, sino que está apoyada en la realidad21. Por muy negativo que sea el acontecer siempre aparece la ultimidad positiva de la realidad como fundamento.

Por otra parte, es un fundamento constitutivo. No es un logro alcanzado sino que es una fundamentalidad recibida. Me encuentro fundamentado por ser real. Es un don con el que la realidad personal se encuentra y que le exime de la búsqueda continua de una realidad a la que aferrarse para realizarse. Ya está en la realidad.22.

Que ninguna cosa concreta agote la totalidad de la realidad es el carácter enigmático23. Y esto es experimentable por toda persona incluso en su misma realidad. En todo momento, por el enfrentamiento con la realidad de las cosas, estoy inmerso en este enigma, de una forma especial, conmigo mismo como real. Yo soy real pero no soy toda la realidad. Mi realidad además es mía pero la experimento como inacabada. A pesar de no dejar de ser yo mismo, nunca soy yo mismo totalmente. Estoy lanzado continuamente por una realidad que me impele y que me supera24.

El hombre no es fundamento de sí mismo puesto que es limitado. La mayor limitación es la muerte y el hombre no puede librarse de ella. Esta tensión interior mueve al hombre a la búsqueda de respuestas. La afirmación de la existencia sin la referencia a un fundamento de la misma sería igualmente limitadora del hombre, ya que dicha existencia sigue bajo el signo la contingencia. La única salida del círculo es afirmar la existencia de un fundamento de la misma no limitado a las mismas condiciones que el hombre y las cosas.

En la misma realidad está incluido el interrogante ¿hay alguna realidad que sea fundamento de la realidad y dé razón de dicha inagotabilidad? ¿Hay alguna realidad cuya realidad sea ser fuente de realidad?

2.2. Apertura y Dios

Un Dios que fuera plenitud personal sería coherente con la búsqueda de plenitud del hombre. La inquietud del hombre es apertura a una posible realidad tal que diera contenido a esta búsqueda inexorable.

En la medida en que la apertura del hombre como realidad absoluta relativa deja entrever una realidad absolutamente absoluta que sea fundamento, Dios se presenta como una opción. Se puede vivir dando la espalda al fundamento como actitud vital. La apertura del hombre, problemática por definición ya que tiene que optar entre diversas formas de ser real, hace posible el acceso o no a una realidad que se presentara a la inteligencia. Este carácter optativo hace posible actitudes distintas ante el problema de Dios.

Ya que la apertura religada al poder de lo real me impulsa a la realización de mi ser como absoluto, es decir, a la plenitud de mi Yo, estaría justificada una realidad que, coherentemente con mi inquietud radical, ofreciera sentido a la pregunta fundamental: «¿qué voy a hacer de mí?»25. Dios como realidad sería respuesta porque el hombre está abierto en su misma realidad. Un Dios que fuera plenitud personal sería coherente con la búsqueda de plenitud del hombre. La inquietud del hombre es apertura a una posible realidad tal que diera contenido a esta búsqueda inexorable.

El planteamiento ateo que sitúa a Dios en las antípodas del hombre piensa que afirmarlo supone necesariamente la supresión humana. Desde nuestro pensamiento afirmar a Dios como fundamento de la realidad y del hombre es entrar en la dimensión de plenitud26.

3.- ¿QUÉ ES FIESTA?

¿Cuál es la esencia de la fiesta? ¿Qué relación hay entre ésta y el hombre?
«Celebrar una fiesta significa celebrar por un motivo especial y de un modo no cotidiano la afirmación del mundo hecha ya una vez y repetida todos los días»27.

En el fondo de toda celebración festiva –motivo especial– existe un realidad latente que constituye el verdadero reclamo para el hombre: la afirmación del mundo. En toda fiesta existe esta sustancia latente que «llama» al hombre desde el motivo conmemorativo contingente28. Éste es voz de la realidad que la hace patente.

La bondad de la realidad –afirmación del mundo– brota incluso deformada por falsos motivos o por deficientes rostros. Lo podemos comparar a una bella melodía en la que existen algunas distorsiones que producen cacofonías, pero que no hacen cesar la música, puesto que está fundamentada en la belleza que la sustenta. La imposibilidad de destruir la belleza es siempre una fuerza interna de la misma música, que permanece abierta a nuevas realizaciones que no la oculten. Esta belleza es un aspecto de esa «afirmación del mundo hecha ya una vez y repetida todos los días», como citábamos anteriormente29.

La fiesta, entendida desde la apertura constitutiva del hombre y de la misma realidad, es celebración de la instalación del hombre en dicha realidad que no es hostil, sino que reviste el carácter de cierta «maternidad». La fiesta es entonces una afirmación de la existencia. Es bueno vivir, existir, estar aquí, porque la realidad es fuente de posibilidades reales –llamada a mi libertad– y motor para realizarlas. Recuerdo festivamente los acontecimientos que han contribuido –siempre limitadamente– a mi “estar–aquí–hoy”.

El hombre encuentra en la fiesta una celebración de su plenitud. Aquí es donde la Dios se encuentra con él30. En la plenitud hallamos la conexión entre la fiesta y la religión.

4.- CONSECUENCIAS PARA LA FIESTA DE LA RELACIÓN CONSTITUTIVA CON LA RELIGIÓN

1. La religión no es un mero corrector externo –así se entiende en los planteamientos historicistas– sino un aspecto estructural del hombre en cuanto apertura absoluta. Las correcciones de la religión son positivas, ya que ayudan al hombre a vivir plenamente la fiesta como celebración de la interioridad y plenitud del hombre.

2. La religión recuerda continuamente al hombre que la fiesta tiene un fundamento y una finalidad, porque él mismo la tiene. «La religación se presenta inexorablemente como apertura, pero una apertura singular en que el hombre se aparece a sí mismo como quien está puesto, como quien está viniendo desde un fundamento. Su implantación en la realidad tiene este matiz del ‘desde’»31. En el momento en que un poder político pretende organizar totalmente la fiesta, éste se está erigiendo en fundamento de la misma y del hombre, desvirtuando a ambos.

3. El hombre siempre es más que los acontecimientos y la fiesta es manifestación de esta apertura. La conmemoración de acontecimientos es una expresión de la apertura del hombre a sí mismo como dueño de sí, como autoposeedor de sí mismo y de la propia historia. La memoria es una facultad espiritual del hombre que es uno y no está dividido en momentos temporales. La fiesta conmemorativa de acontecimientos es una afirmación de la memoria del hombre que se sabe dueño de su historia porque la trasciende. El hecho de conmemorar lo que sucedió ayer en el hoy trae a la luz esta apertura del hombre que, mediante su espíritu, traspasa los límites temporales para adueñarse de lo acontecido y hacerlo propio.

4. Empobrecer la persona desde los reductivismos antropológicos ateos es empobrecer la fiesta. Reducir de forma materialista al hombre es convertir la fiesta en simples días de descanso comercial desesperanzado porque inexorablemente se ha de volver al trabajo esclavizador32.

5. La persona recibe, de la verdadera fiesta, fundamentalidad. Esto significa esperanza en sí mismo y en el todo de la realidad, que siempre es más. Cuando la amplitud de la realidad se mide desde el fundamento, el hombre encuentra una fuente inagotable de posibilidades y fuerza para realizarlas.

6. La fiesta no puede ser vista como un remedio a problemas cotidianos del hombre generadores de ansiedad, si se plantea desde los mismos presupuestos. «(…) la ansiedad moderna contemporánea está referida, de manera principal, a la seguridad económica, la salud, el aspecto exterior, la riqueza, el prestigio social y el sexo»33. Es una contradicción proponer una fiesta verdadera desde estos campos. La religión acerca al hombre a una dimensión que trasciende todos estos temas y que afecta a la raíz de su misma existencia: el fundamento de la misma.

7. La religión recuerda el aspecto sagrado del hombre como absolutamente digno y como culmen de la realidad también sagrada.

8. La vida no es una secuencia de causas y consecuencias. La fiesta recuerda al hombre que está por encima de este esquema y que su libertad es el motor motivacional de sus acciones. La fiesta es el ámbito en el que el hombre vive que la vida es donación. En último término está abierto a la suprema donación que es la donación de realidad y de su propia realidad. Así se encuentra abierto a Dios. La religión está pues asociada a la fiesta esencialmente.

9. La fiesta que no alcanza lo último, permanece en cosas penúltimas. Estar instalado en lo penúltimo degrada al hombre puesto que no responde a su verdad, es decir, apertura radical a sí mismo y a toda la realidad. La apertura al fundamento de toda la realidad es la verdad profunda del hombre34.

Notas al pie de página:

1 MARDONES J.M., Postmodernidad y cristianismo: El desafío del fragmento, Sal Terrae, Santander, 1988, 81. Este argumento del pensamiento postmoderno nos plantea el interrogante, ¿no está constituyéndose de esta manera en visión global y totalizante? La negación del sentido global conlleva una pretensión de sentido global. «(…) las corrientes de pensamiento relacionadas con la postmodernidad merecen una adecuada atención. En efecto, según algunas de ellas, el tiempo de las certezas ha pasado irremediablemente; el hombre debería ya aprender a vivir en una perspectiva de carencia total de sentido, caracterizada por lo provisional y fugaz», SAN JUAN PABLO II, Fides et Ratio, 91.

2 Actualmente el ateismo se presenta como lo que los autores llaman Nuevo Ateísmo cuyo pensamiento se resume en el siguiente decálogo: «1. Cientificismo radical: sólo la ciencia puede dar una explicación completa y fiable de la realidad. 2. Naturalismo científico: no existe, ni puede existir nada más allá de la naturaleza. 3. No existe Dios. 4. No existe el alma. 5. No hay vida después de la muerte. 6. La naturaleza se reproduce por sí misma y no ha sido creada por Dios. 7. Las explicaciones y las causas de todo son puramente naturales y pueden ser comprendidas por la ciencia. 8. El evolucionismo darwiniano permite conocer todas las características de los seres humanos, incluidas la inteligencia y el comportamiento. 9. La fe en Dios es la causa de innumerables males y debe ser refutada por razones de orden moral. 10. El conocimiento científico construirá un nuevo futuro para la humanidad», CONESA F.-CEJAS J.M., El Nuevo Ateísmo: Hoja de ruta, Rialp, Madrid, 2012, 180.

3 «Accedemos a través de la ´muerte de Dios´ al descubrimiento de la inexistencia de fundamento (Grund) alguno sobre el que asentar nada, llámese realidad, mundo, historia, razón, sentido…, o cualquiera de las grandes palabras que, a su vez, sostienen a otras no menos importantes, como libertad, justicia y verdad». MARDONES J.M., op. cit. 82-83.

4 Éste es el pensamiento crítico de Freud con la religión. «(…) pretende devolver al hombre su lozana originalidad mediante el descubrimiento de la génesis y la realidad psicológica de los grandes problemas que lo agobian, entre los que se encuentran las creencias y prácticas religiosas», DE SAHAGÚN LUCAS, J., Interpretación del hecho religioso: Filosofía y fenomenología de la religión, Sígueme, Salamanca, 19902, 145. El hombre tendrá que liberarse de la religión para ser feliz saliendo de la represión en que se encuentra. «La religión como neurosis, transposición del instinto de protección, sentimiento de culpabilidad y necesidad de reconciliación, sublimación de la idea del padre», ibid. 146.

5 «El alma moderna no encontrará la paz en tanto permanezca encerrada dentro de ella misma, rumiando en medio de la espuma y el sedimento de su mente inconsciente, presa de las fuerzas inconscientes cuya naturaleza y existencia glorifica», SHEEN F., Paz en el alma, Lumen, Buenos Aires-México, 2000, 19.

6 «Esta manera de pensar implica un lamentable olvido de dos puntos fundamentales. Por la parte, la presencia universal del hecho religioso como constante invariable desde los orígenes de la humanidad hasta nuestros días y, por otra, la deficiencia constitutiva del ser humano que, al moverse entre lo finito y lo infinito, postula un orden ontológicamente superior, cima de su autorrealización (…)» DE SAHAGÚN LUCAS, J., op. cit, 138.

7 «Si el hombre ha idealizado y sustantivado sus deseos, si ha colocado en un más allá subsistente y personal sus cualidades, si ha imaginado un Dios distinto y superior del que se siente dependiente, habrá que convencerlo ahora de su error, mostrándole sus verdaderas dimensiones y haciéndole ver que ese absoluto que se imagina no es otro que él mismo», DE SAHAGÚN LUCAS, op. cit. 115.

8 « (…) el materialista hace notar que cualquier expresión que aparezca libre de determinaciones de tiempo y espacio y que, por tanto, se separe de la línea horizontal que indica el nivel de la vida material, tiene en todo caso su origen en el mismo punto y, por tanto, es simplemente una manifestación más evolucionada del dato material», GIUSSANI L., El sentido religioso, Encuentro, Madrid, 200810, 68. «(…) la relativización del Absoluto y la absolutización de la existencia humana, con la atención centrada en los intereses meramente intramundanos, materiales y temporales, la orientación del hombre a un simple y puro más acá, a una mera finitud», MÜLLER G.L., ¡El Dios olvidado! ¿Experiencia de Dios en nuestro tiempo?, en AUGUSTIN G. (ed.) et al., El problema de Dios, hoy, Sal Terrae, Santander, 2012, 57.

9 «No tiene en cuenta que, además de los estratos y elementos inferiores del psiquismo humano, existen en el hombre otras dimensiones de orden superior por las que se distingue el yo-personal»; «(…) la postura de Freud no es la de un filósofo de la religión propiamente, sino más bien la de un intérprete de la conducta patológica e inmadura de ciertas personas debida a vivencias deformadas de las verdades religiosas», DE SAHAGÚN LUCAS, J., op. cit., 151. Subrayado del autor.

10 Cf. SARRICOLEA TORRES, J.M.-ALBERTINA ORTEGA P., “Una mirada antropológica al estudio de los rituales festivos. La fiesta de XV anos”, en Dimensión Antropológica, vol. 45, enero-abril, 2009, pp. 131-152. Disponible en: http://www.dimensionantropologica.inah.gob.mx/?p=3020.

11 «¿Cómo cabría, por tanto, imaginarse una actividad concreta, no puesta “al servicio” de nada y en sí misma, por naturaleza, llena de sentido?» PIEPER, J., Una teoría de la fiesta, Rialp, Madrid, 2006, 18.

12 Cf. SANTAMARÍA F., ¿Un mundo sin Dios?: La religión bajo sospecha, Rialp, Madrid, 2012, 22.

13 Cf. BERZOSA R., Dios no es mudo ni peligroso, ni un espejismo: Escritos a Teófilo desde el atrio de los gentiles, en el ano de la Fe, Desclee de Brouwer, Bilbao, 2013, 396.

14 GONZÁLEZ DE CARDEDAL, O., Dios, Sígueme, Salamanca, 2004, 81.

15 «En esta dimensión de apertura religada, el hombre está lanzado por el poder de lo real ‘hacia’ aquello en que éste se funda, hacia Dios». ZUBIRI X., El hombre y Dios, Alianza Editorial, Madrid, 2012, 200. A partir de ahora HD

16 «La persona está en su misma constitución vertida a una realidad que es más que ella, una realidad en la que se asienta, una realidad de la que emergen los recursos que necesita para personalizarse y, finalmente, una realidad que le otorga la fuerza necesaria para desplegar ese proceso de realización personal», PINTOR RAMOS, A., Zubiri (1898-1983), Ediciones del Orto, Madrid, 1996, 49.

17 «La vida personal, y en ella el hombre como realidad personal, no aparece últimamente arrojada y abandonada, sino fundamentada, a la luz de una fundamentalidad religante. (…) Y esto no es algo que se tiene o no se tiene, es algo que se es», ELLACURÍA, I., “La religación, actitud radical del hombre (Apuntes para un estudio de la Antropología de Zubiri)”, Asclepio 16 (1964), 109.

18 «Al hombre le pueden fallar muchas cosas, incluso tal vez todas con las que de hecho se encuentra, pero piensa que mientras sea real y haya realidad no todo está perdido», HD 89.

19 «(…) es la experiencia de la realidad, pues ninguna cosa da razón de sí misma, nada se sostiene a sí mismo. La realidad de lo real no se agota en ninguna cosa», ZÁRRAGA OLAVARRÍA, C., Filosofía de la religión, Create Space, Charleston, USA, 2013, 22.

20 «Su apertura se extiende a toda la realidad y también a la fundamentalidad de la misma a la que nos remite el poder de lo real. Por tanto es la realidad la que supone dicha apertura y la posibilita. (…) Lo cual significa que el momento de realidad es en cada cosa real un momento abierto. Es «más» que las notas, porque está abierto a todo lo demás. Es la apertura de lo real», HD 35.

21 «No estamos arrojados en el mundo, dislocados, desgajados, sobre un fondo de puro azar y necesidad, ni estamos encerrados en nosotros mismos, obligados a girar sin fin, sino bien sustentados», Cf. PIKAZA, X., Teodicea: Itinerarios del hombre a Dios, Sígueme, Salamanca, 20132, 228.

22 «(…) el hombre como realidad está vertido, ‘radicado’ en una dimensión de fundamentalidad de esa misma realidad, dimensión que, aún estando en él, lo excede, lo cual sigue siendo verdad incluso en el caso de que a las notas fácticas termine por otorgárseles el carácter de fundamento último, como sucede en el caso del ateísmo», PINTOR RAMOS, A., “Religación y «prueba» de Dios en Zubiri”, Razón y Fe 218 (1988), 325.

23 HD 163.

24 «El propio hombre se vive a sí mismo problemáticamente, sumido en la inquietud que produce una existencia enigmática, lanzado a tener que hacerse sin saber hacia dónde», ZÁRRAGA OLAVARRÍA, C., op. cit. 24.

25 HD 105.

26 «Dios no se manifiesta primariamente como negación sino como fundamentación, como lo que hace posible existir… El hombre no encuentra a Dios primariamente en la dialéctica de las necesidades y de las indigencias. El hombre encuentra a Dios precisamente en la plenitud de su ser y de su vida. Lo demás es tener un triste concepto de Dios. Es cierto -todos los hombres somos víctimas de inelegancias- que apelamos a Dios cuando truena… Pero no es la forma primera como el hombre va a Dios, y ‘está’ efectivamente en Dios. No va por la vía de la indigencia sino de la plenitud, de la plenitud de su ser, en la plenitud de su vida y de su muerte. El hombre no va a Dios en la experiencia individual, social e histórica de su indigencia; esto interviene secundariamente. Va a Dios y debe ir sobre todo en lo que es más plenario, en la plenitud misma de la vida, a saber: en hacerse persona», HD 564.

27 PIEPER, J., Una teoría de la fiesta, Rialp, Madrid, 2006, 40.

28 «La experiencia de esta implicación oculta, de esa presencia arcana, misteriosa, que hay en la mirada que se abre atónita ante las cosas, en la atracción que las cosas ejercen, en la belleza, en el asombro lleno de gratitud, de consuelo, de esperanza, porque las cosas se mueven de tal modo que me sirven, que me resultan útiles –y estas cosas me incluyen también a mí, a mí mismo, donde eso recóndito, eso oculto se vuelve cercano, porque es ahora cuando me está haciendo, y me habla del bien y del mal– (…)», Giussani L., El sentido religioso, 156.

29 «Así hablan igualmente los hallazgos obtenidos por la Historia de la cultura y de las religiones en la investigación de las grandes fiestas paradigmáticas de las viejas culturas o de los pueblos primitivos. Porque aquella afirmación, en la medida en que se produce, es “válida” sin cesar, y continuamente es de esperar que en razón de ella puedan darse miles de motivos legítimos para celebrar una fiesta», Pieper, J., op. cit. 40-41.

30 «El tiempo huidizo se detiene. El desgaste incesante de la sustancia vital, que nos ha sido otorgada, es atajado por este “ahora sosegado”, en el que se muestra la realidad de lo eterno. Sustracción del aquí y ahora cotidianos. La mirada totalmente reposada al fundamento de la existencia, que hace feliz como el sumergirse en un ojo amado a nosotros dirigido. Las cosas de cada día se tornan sin notarlo paradisíacamente nuevas: el mundo está “como el primer día”», Pieper J., Una teoría de la fiesta, Rialp, Madrid, 2006, 50.

31 ELLACURÍA, I., op. cit. 112.

32 «El descanso semanal no solo tiene por objeto recobrar las fuerzas físicas, a fin de trabajar más y mejor los días siguientes: esto sería el descanso del esclavo. Descansar y celebrar la fiesta son expresión de la ‘libertad’ del ser humano, experiencia de comunión familiar y de trato fraterno con la comunidad, posibilidad de reavivar el contacto con la naturaleza», Conferencia Episcopal Italiana, Carta a los buscadores de Dios, Palabra, Madrid, 2010, 30.

33 SHEEN F., Paz en el alma, Lumen, Buenos Aires-México, 2000, 23.

34 «El hombre puede optar por la fundamentalidad misma, de modo que al entregarse a la realidad-fundamento, su ser entero cobre eo ipso la figura de esta realidad que ha hecho suya, que se ha apropiado. Así, la verdad real de mi persona se halla configurada en la verdad real de la realidad-fundamento», DÍAZ, SANCHEZ-CID, J.R., “El problema teologal del hombre y el Dios del cristianismo en

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