Simbología, memoría histórica e imaginarios festivos


María Dolores Vargas-Llovera. Universidad de Alicante

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Resumen:

La comunicación que presentamos es una propuesta reflexiva del encuentro de dos cosmovisiones y de delimitar las categorías histórico-sociales desde una visión intergeneracional de la oralidad. Se trata de un acercamiento a los contextos históricos que van desde la búsqueda activa de la vida de los diferentes sujetos a una formulación conceptual donde se analicen los relatos La postmemoria por medio de la historia oral es dar voz a la reconstrucción y recuperación de los hechos socio-históricos de los individuos que han formado parte de la sociedad en situaciones importantes y por medio de las narraciones pueden adquirir una gran trascendencia para el conocimiento del momento que han podido vivir y generacionalmente transmitir la vivencia.

En los últimos tiempos ha surgido alrededor de las fiestas de Moros y Cristianos, un gran debate sobre la figura tradicional de la esfinge de la Mahona. Se está culpabilizando que simboliza un desprecio hacia la religión musulmana, es decir, hacia el Islam cuyo dogma de fe se basa en el libro del Corán. Además, la doctrina islámica integra, la Sunna y la Tradición y es a partir de ésta última que surge la prohibición de representar imágenes. En el Corán no se menciona la representación de figuras en sus primeros momentos. Posteriormente, existe una secuencia de hechos doctrinales que llevan a distintas interpretaciones relacionadas con la desaprobación/aprobación teológica de la representación de figuras humanas y de animales en el Islam.

El Islam sin imágenes surge en el siglo VIII donde se reflexiona en la doctrina islámica relacionada con las imágenes, entre otros puntos. En el siglo IX se prohibieron las imágenes y hasta el siglo XIII no existió este tipo de iconografías y se “insistía en la idea de quién crea estas imágenes incurre en la soberbia sacrílega de parangonarse con el Creador” (Klein, 2008:131). La prohibición de las representaciones de la Mahoma, siguiendo a este autor, está más arraigado en la comunidad sunní, la más importante del mundo musulmán, donde casi no existen representaciones. Es en la comunidad chií donde se pueden encontrar ilustraciones y miniaturas de Mahoma, especialmente a partir del siglo XVI.

En Occidente “muchos han llegado a la conclusión de que la indignación de los musulmanes, a partir de las caricaturas de Mahoma, la promueven los fundamentalistas que quieren aprovechar cualquier excusa para agitar la cólera popular” (Klein, 2008:136).

Si por un lado, tenemos un pequeñísimo apunte general del tratamiento de la iconografía de la Mahoma, no puede faltar, al mismo tiempo una mínima aportación desde la historia de la llamada dominación árabe, base histórica de la celebración de las fiestas de Moros y Cristianos y nos centraremos en el interior de la provincia de Alicante.

Los más antiguos pueblos alicantinos que celebran fiestas de Moros y Cristianos, se encuentran ligados, por tradición histórica, a las revueltas del caudillo musulmán Al-Azraq durante la época de la reconquista y repoblación de Jaime I el Conquistador en el siglo XIII.

El proceso de reconquista y repoblación emprendida por Jaime I, el Conquistador, en el reino de Valencia, nos obliga en primer lugar a considerar como eran las formas de vida de las gentes musulmanas que se encontraban en los territorios interiores y fronterizos de la zona alicantina. Por entonces eran los valles de Biar y Benejama los que mayor número de núcleos habitados tenían en la época musulmana. (Guichard, 1985).

La organización social de esta población musulmana, en general, era de carácter diseminado, excepto en algunas zonas como la que nos ocupa, que constituía una pobla¬ción agrupada en una comunidad rural que se caracterizaba por ser una sociedad sin señores, de campesinos libres, y posiblemente, propietarios de la mayor parte de las tierras que cultivaban, con reducidos dominios particulares propiedad de una clase rica de comerciantes, políticos o administrativos. El sistema repoblador seguido por el rey aragonés fue inicialmente el de la libre opción de la población indígena, existente, a emigrar o quedarse, con pleno respeto a las instituciones y “a los bienes de cuantos permaneciesen en lugar, quedando excluidos los que se hallaran implicados directamente en la defensa armada de la plaza o se hubiesen opuesto activamente a su espontánea capitulación” (Estal del 1985).

La inseguridad creada por las revueltas mudéjares, inducen a Jaime I a operar un cambio radical con respecto a la población musulmana. Como prevención y seguridad frente a cualquier otro levantamiento ordenó el rey deportaciones en masa de los responsables de los alzamientos, “la incautación consiguiente de sus bienes y el agrupamiento de la restante población mudéjar en el extrarradio de las ciudades, creándose al efecto las arrabales morunos, con sus respectivas aljamas y mezquitas” (Estal del 1985).

Los testimonios históricos relacionados con el mundo árabe y viceversa, constituyen la base necesaria para la formación, por una parte, de leyendas, los mitos y tradiciones y por otra, los imaginarios sociales, las identidades y la cultura de grupo para crear las diferencias de los orígenes de los grupos culturales y de las sociedades. Y, en la génesis de la transmisión, se encuentra la oralidad, es decir, la memoria oral, la historia oral o la importancia de la palabra pero sin olvidar, que se parte de un mundo de subjetividades. En el caso que nos ocupa, esta estructura es imprescindible para comprender la conmemoración de las fiestas de Moros y Cristianos y no solo las fiestas, sino cualquier hecho social.

Quizás, y hablando en términos generales, los estudios de las fiestas desde la antropología están, en algún momento, expuestos, desde la visión de los protagonistas de la fiesta, de no aceptarlos, de rechazarlos o simplemente de no quererlos entender. Pero el estudioso de la sociedad debe de transmitir de igual manera los aspectos tanto negativos como positivos del comportamiento social de los integrantes de un grupo, de una comunidad o de una sociedad dada.

Así, el punto de partida más adecuado para estudiar la fiesta, como fenómeno social, es la estructura de la sociedad donde se origina, buscando en su evolución histórica-festiva: porqué nació, cómo se desarrolló, qué representa, qué transmite o qué simbolismos tiene pasando los valores y las creencias de la cultura del grupo social. Son una síntesis de los condicionantes históricos y sociales de la propia cultura y de la sociedad donde se desarrollan. Transmiten significados que generalmente sólo son conocidos por los miembros del grupo social y al mismo tiempo refuerzan la identidad del grupo y de la comunidad y la interpretación que se hace de estas señales rituales, está condicionada por la historia o, mejor dicho, por los acontecimientos que la comunidad identifica como propios.

Todas las fiestas transgreden el orden social establecido, recreando de algún modo el modelo de las Lupercalias, fiestas que celebraban los romanos en enero en honor del dios Pan y eran períodos de transgresiones e inversiones, anteriores al tiempo cristiano y las Saturnalias romanas en donde se subvertía el orden instituido y que consistían en bacanales, con una duración de siete días en honor del dios Saturno y donde reinaban las más absolutas licencias. Los más favorecidos eran los esclavos pues la fiesta establecía la igualdad entre los hombres. Vestían ropajes de las clases altas y se sentaban en la mesa con sus amos fingiendo mandar en ellos. Todo estaba permitido. Eran días dominados por el libertinaje y cambio de roles. Representaban periodos de transgresiones e inversiones de la vida cotidiana.

Para tratar la fiestas en general y la de moros y cristianos en concreto es preciso señalar la importancia del significado de fiesta y de los símbolos que representan todos los rituales tanto en sus aspectos religiosos, históricos, sociales y culturales y ofrecer una interpretación desde el punto de vista social de unos símbolos festivos: la oposición entre moros y cristianos, es decir, entre el bien y el mal, que desde siempre ha formado parte de estas fiestas.

Esta oposición ha ido acompañada de símbolos representativos, por un lado el patrón o la patrona del lugar, el bien, y por el otro, el mal, alguna figura grotesca como la efigie de “la mahoma” o cualquier otra efigie que represente al enemigo musulmán.

Las fiestas de moros y cristianos, con o sin “la mahoma”, lo que se celebra es el triunfo de los cristianos sobre los moros. Si hacemos una interpretación laica, podemos ver el triunfo de unas formas culturales occidentales de raíz cristiana, sobre unas formas culturales orientales de raíz islámica y si lo llevamos al terreno de una interpretación religiosa es el triunfo de una creencia sobre otra.

No hay duda que nos encontramos ante una oposición dualista. Por un lado la bondad y la veracidad de las creencias de los cristianos frente, por otro lado, a los moros como la encarnación del mal. Son dos mundos enfrentados, nada los une y todo los separa.

“La mahona” en sí misma encierra un gran simbolismo y ha sido y es, en algunas poblaciones, un elemento de gran importancia en la estructura festiva. No se puede escribir una historia de las fiestas de moros y cristianos sin hacer referencia a esta figura.

Si nos referimos a Bocairent, entresacamos de los documentos históricos, concretamente uno fechado el 26 de diciembre de 1900 donde dice que se redactó un “Reglament de Festes” obra de Miguel Monerris en el cual, entre otras reglas, establecía la manera de quemar a la Mahoma que se conocía con el nombre de “L’Abotà de la Mahoma”.

La misma suerte corría “la mahoma” en otras poblaciones como en Bañeres, Onil, Sax Benejama, Petrer o Elda sin citar algunas que nos quedan más lejanas como Callosa d’En Sarriá, Agullent, Atzaneta d’Albaida, Ayelo de Malferit y … “la mahoma” de Biar que tiene un trato especial porqué, además de todas las significaciones que representa como figura de las fiestas de moros y cristianos, “la mahoma” de Biar desde 1841 es un símbolo importante de identificación social.

El sentimiento de pertenencia surge en el momento que es compartida. La “mahoma” se consolida como la imagen representativa de una sociedad. Con ella se transmiten los códigos de valores culturales. Si ofenden a “la mahoma”, el pueblo sentirse ofendido. De esta manera “la mahoma” se convierte en un símbolo sociocéntrico al representar espacial y territorialmente a todos y a los distintos segmentos que componen la sociedad de Biar, además, remarca que este símbolo es suyo. A ningún villenense se le olvida de donde es, ya que “la mahona” luce orgullosa en su pecho dos palabras: Biar muy esplendorosamente y Villena, con menos efusión.

Sin embargo, esta figura, en el contexto general de las fiestas de moros y cristianos y desde el Concilio Vaticano II, 1963-1965 es un tema polémico.

Uno de los documentos del Concilio; “La declaración “Nostra Aetate” sobre las relaciones de la iglesia con las religiones no cristianas”, dice en uno de sus párrafos sobre el Islam:

“Si en transcurso de los siglos surgieron no pocas desavenencias y enemistades
entre cristianos y musulmanes, el Sagrado Concilio exhorta a todos a que, olvidando el pasado, procuren sinceramente una mutua comprensión, y actuando en común, defiendan y promuevan para todos los hombres la justicia social, los bienes morales, la paz y la libertad”.

La interpretación de esta declaración llevó a algunos pueblos a la retirada de “la mahoma”, apoyados también por la conclusión nº 4 del I Congreso Nacional de Fiestas de Moros y Cristianos que se celebró en Villena en 1974 y que dice:

“Se sugiere a los pueblos que todavía conservan la efigie de “la mahoma” en sus representaciones festeras, que se reúnan y consideren los problemas a que da lugar la exteriorización de tal símbolo”.

También es cierto que a partir del Concilio las iconografías e imágenes que representaban a San Jorge dando muerte al moro o el mismo Santiago fueron retiradas y sustituidas por otras donde ya no aparecía la figura humillada del musulmán.

Sin embargo, la fuerza de las fiestas de moros y cristianos unida a la tradición de estas centenarias conmemoraciones han hecho que en algunos de los pueblos resurja nuevamente la figura de “la mahoma” con distinto nombre: Benejama, Bañeres, Bocairente y Sax, siendo exhibida tanto en desfiles como en las almenas de los castillos.

Pero, no cabe duda, que la figura de “la mahona” es un elemento festivo que no deja indiferente.

Por un lado, desde la Iglesia y el Concilio Vaticano II se exhorta al respeto de las demás religiones. Y por el otro, la actual sociedad globalizada nos lleva a un entendimiento multicultural. Lo cual, significa un respeto a los valores y a las creencias de todas las culturas.

Pero la sociedad no siempre ha sido así. El proceso de modernización y secularización de las ideologías debe de ser tenido en cuenta para comprender los cambios que se han producido. Una sociedad, que al mismo tiempo desea conservar sus tradiciones y no desea que su memoria histórica desaparezca. La realidad debe de ir encaminada a preservar éstas tradiciones pero sin fosilizarlas. Una adecuada interpretación tanto religiosa como histórica será la valedora de estas fiestas.

Lo religioso o sagrado, lo histórico, lo tradicional e ideológico, como contenidos y recreaciones festivas, debe de entrar en la capacidad de marcar unos límites que nos recuerden el punto de equilibrio en la transmisión y aplicación de mitos y leyendas.

No debemos olvidar que los mitos y leyendas forman parte constitutiva de las culturas de las sociedades, y muchos mitos y leyendas se apoyan en realidades. Recordemos que la convivencia entre cristianos y musulmanes no era idílica, sino, no se hubieran levantado en las ciudades conquistadas separación de los espacios vitales de judíos, moros y cristianos, creando juderías, morerías, que incluso con muros y puertas que se cerraban por la noche.

Cuando entramos en la búsqueda de un pasado por medio de la oralidad o de la historia oral, es dar voz a la reconstrucción y recuperación de los hechos socio-históricos de los individuos que han formado parte la sociedad en situaciones importantes, recreándolas por medio de las narraciones que pueden adquirir una gran trascendencia para el conocimiento de la misma y del momento histórico-social. Los testimonios orales a través de la postmemoria o de la memoria intergeneracional, constituyen una línea metodológica para profundizar e investigar los aspectos de las diferentes colectividades que nos permitirán darle forma a unos acontecimientos apoyados en la memoria individual o colectiva que dejarán penetrar en el entramado de los diferentes contextos.

También es cierto, que dentro de subjetividad que nos podemos encontrar, cuando se recuerda el pasado, recogemos de forma dinámica la evolución de la historia que deseamos trasmitir. Si la acción recordada es reciente, la memoria individual o colectiva se traslada de forma más o menos verídica. Posteriormente, cuando entre en el proceso de transmisión generacional accedemos a la fase de la postmemoria o transmisión intergeneracional. En esta fase, el relato que se introduce se va mitificando y la estructura del hecho que se quiere transferir se va convirtiendo en leyenda, al mismo tiempo, que pasa a ser una tradición, es decir, se va transformando en tradiciones en el imaginario social y cultural del grupo donde ha surgido.

Por medio de esta estructura, es mostrar su identidad grupal, que será salvaguardada por la sociedad donde se ha originado y, al mismo tiempo, esta sociedad velará en buscar unas realidades lejanas para mantener su imaginario cultural.

Imaginarios que todas las culturas tenemos y, tan ciertos son los que ofrece una u otra cultura. El problema surge cuando la actual movilidad humana enfrenta a diferentes culturas con sus distintas cosmovisiones, valores y creencias y es en este momento cuando surgen los conflictos Hemos pasado de sociedades uniétnicas a sociedades poliétnicas y cuando sean estudiadas, se debe de partir de una concepción holística, es decir, relacionar todo el conjunto de forma global.

Un estudio de la sociedad, ya sea del pasado o del presente, no tiene que tener temor a que las conclusiones a que se llegue no sean “políticamente correctas”, su deber y responsabilidad es utilizar los datos necesarios y suficientes y las técnicas y métodos apropiados y publicar los resultados.

BIBLIOGRAFÍA

ESTAL, Juan Manuel del, 1985. “Historia política”. En: Historia de la provincia de
Alicante. Edad Media. J. Hinojosa Montalvo (Dtor. Tomo III), pág.170-286. Murcia. Ediciones Mediterráneo

GUICHARD, P. 1985. “El islam alicantino”. En: Historia de la provincia de Alicante.
Edad Media. J. Hinojosa Montalvo (Dtor. Tomo III), pág. 57-167. Murcia. Ediciones
Mediterráneo.

KLEIN, F. 2008. “La representación de Mahoma: Lo prohibido y lo permitido”. En:
Nomadas, Revista de Ciencias Sociales y Jurídicas, pág 127-142, V. 20, nº 4. Madrid.
Universidad Complutense.