San Jorge y la Corona de Aragón


Ricardo Díaz de Rábago y Verdeguer, Cura Párroco.

Dentro de la línea, que nos hemos marcado, de ir pu¬blicando datos sobre la importancia y universalidad de S. Jorge creo que es el momento de hacer alguna aportación sobre «S. Jorge y la Corona de Aragón».

Y antes de trascribir las notas tengo que manifestar que, a medida que pasan los años, constatamos que la figura de S. Jorge no se queda como una realidad del pasado, ni mengua con el paso del tiempo, sino más bien al contrario se acrecienta su figura y los cimientos históricos y científicos son cada vez más firmes.

A día de hoy se han estudiado con amplitud las múl¬tiples leyendas sobre S. Jorge.

Fascinante. Hoy están muy purificados los numerosísimos escritos apócrifos y estudiadas con rigor las diferentes actas martiriales. Es apasionante todo el trasfondo mítico-religioso. Y aunque continuamos con una constancia histórica en «documentos escritos» casi exigua, las ciencias mo¬dernas, como la arqueología y la hagiografía, están aportando datos de un gran rigor.

Basten hoy, para los más críticos con la figura de S. Jorge, estas aportaciones arqueológicas:

-«El elemento umbilical es Lydda, la antigua Diospolis, destruida por Celso Galo cuyas ruinas se aprecian en las proximidades del actual aeropuerto de Lod, entre Jerusalén y Tel-Aviv. La ciudad aparece en las listas epis¬copales como Hagiogeorpolis, es decir, «La ciudad de S. Jorge», la tradición siria la convierte en la patria del santo, o al menos de su muerte y todavía, en tiempos muy recientes, los habitantes mostraban la «Inicio Khidr», nombre árabe de S. Jorge. Es a Lydda más que a otro lugar a donde van los peregrinos a venerarlo. En Lydda se veneraban las reliquias de S. Jorge tanto por los cristianos como por los mahometanos, que en su peregrinación a la Meca se detenían siempre allí»-

-«En Shaqquá, la antigua Saccaea, en Palestina, exis¬ten las ruinas de una iglesia en la que apareció una ins¬cripción, actualmente desaparecida, que fue copiada por Burckahart con el siguiente contenido:

«Un templo del santo victorioso mártir Jorge, y de sus compañeros, fue construido desde sus cimientos con ofrendas del obispo Tiberino. Pero el cuidado de Jorge y Sergio, el santuario y la ampliación del templo….en el año 323, gran…»

De ser correcta la lectura de la lápida, nos encontraría¬mos ante la evidencia de que en el año 367 de la Era tuvo lugar la erección de un santuario y la ampliación de un templo dedicado a San Jorge, que en conse¬cuencia habría construido con anterioridad (es decir poco después de la pasión del mártir)».

Después de este breve apunte clarificador pienso que es llegado el momento de ahondar en la raíces de la presencia de S. Jorge en Banyeres de Mariola y su con-figuración como pueblo en torno al mártir más universal. Y para ello tenemos que remontarnos a nuestra pertenencia a la Corona de Aragón. Ya dimos un paso «significativo» en la Fies¬ta de la Reliquia, con la presencia y presidencia en la misa solemne, del Arzobispo de Zaragoza (capital de la corona de Aragón) de su Excelencia Reverendísima el Sr. Dr. re. Manuel Ureña Pastor.

Así pues corresponde hablar de:

S. Jorge en la Corona de Aragón.

– Vagad (1499) al escribir sobre Pedro I de Aragón y la célebre batalla de Alcoraz dice:

«y en memoria otro si del beneficio tan maravilloso que habían recibido…tan vencedor: el tan santo y esclarecido martyr: y caballe¬ro tan victorioso y noble san Jorge: por cuyo esfuerzo y favor grande habían echado los moros del campo, mando el prosperado y nunca vencido rey llamar a sus oficiales d’armas: para que asentasen en su escudo real cuatro cabezas de moros negros: sobre campo de pla¬ta con la cruz colorada: por medio como venía blaso¬nado san Jorge: y aquestas fueron de aquí en adelante las reales armas de Aragó…mandó por semblante el magnánimo rey: que fuese luego fundada una devota iglesia en aquel mismo paso, y mandóle llamar sant Jorge de las boqueras o mas probablemente san Jorge del vencimiento» (ff.XXXIIII – XXXV)

• En 1201, Pedro II creó la Orden de S. Jorge de Alfama, básicamente para repoblar y defender un territo¬rio desértico, por lo que es natural que prestara aten¬ción a un Santo que aparecía como guerrero y que era ganador de grandes e importante batallas. Esta co¬fradía, asentada en el castillo de Alfama tuvo grandes momentos, hasta que en 1400 fue fundida con la de Montesa, pasando a denominarse orden de Nuestra Señora de Montesa y San Jorge de Alfama.

• Desde 1281, Pedro III de Aragón empleó en uno de sus sellos el escudo de la cruz de S. Jorge esquina de cabezas de sarracenos: «I escriben los autores que entonces tomó el rey por sus armas y divisas la cruz de San Jorge en campo de plata, y en los cuadros de escudo cuatro cabezas rojas por cuatro reyes y prin¬cipales caudillos que en esta batalla murieron, y estas armas quedaron de allí en adelante a los reyes de Ara-gón» (Zurita, Anales, yo, XXXI).

• «Durante el reinado de Jaime II de Aragón (1291-1 327), escribe el guerrero y cronista Ramón Muntaner (1256-1336), cuando habla sobre la tropa de la corona de Aragón, que mandaba Roger de Flor. Y al narrar de las enseñas de combate consta: «Yo y to¬dos los demás fuimos a hundir todos los barcos, y yo mande hacer una gran bandera real del señor rey de Aragón, y otra del señor rey de Sicilia y otra de san Jorge, y estas tres las llevaríamos a la batalla» «El buen talante con que salieron, tanto los de a caballo como los de a pie para ayudar a los suyos, no se ha visto jamás, de manera que, de momento, creímos que ten¬dríamos quehacer, pero al llegar al pie de la colina surgió de entre nosotros una voz y todos gritamos: ¡Afuera!¡Afuera!¡San Jorge!¡San Jorge!

• Pedro IV de Aragón (1336-1 387) instituyó la Orden de Caballería de san Jorge y aprobó las ordenanzas por las que debía regirse, que no debe confundirse con la Orden de S. Jorge de Alfama (que fortaleció). De esta era maestre el propio rey, estando a sus órdenes direc¬tas y constituyendo una fuerza militar selecta.

Destaquemos algunos puntos más significativos de las ordenanzas de esta orden de caballería.

1) La vestidura que se entregará los caballeros será blanca con la cruz roja en la parte delantera, de longitud igual al dorso de la mano de un hom¬bre y ancha como la uña del dedo menor.

6) Si algún caballero quisiera dar la vestidura de San Jorge, entes de hacerlo deberá sacar de ella la cruz o distintivo.

9) En todas las empresas en que participen, los caballeros de San Jorge deberán llevar la vestidu¬ra que les distinga, blanca con la cruz roja.

10) Todos los años, el día de la festividad de San Jorge, los caballeros de esta orden se reunirán con el monarca y asistirán con él a las Vísperas vestidos con el manto blanco.

Este rey tuvo una gran confianza en la protección de S. Jorge a lo largo de todo su reinado, haciendo ho¬nor a la tradición de sus antepasados. Llegó a utilizar el dragón como cimera de su yelmo. El último ejem¬plar de yelmo con cimera de dragón llegado hasta nuestros días parece ser el del rey Martín I de Aragón (1396-1410).

Este rey, «Pedro el Ceremonioso» tenía la emblemática de S. Jorge en gran estima, y así lo manifiesta perso¬nalmente en la carta que dirigió a su hermano el infan¬te don Fernando en 1 359:

«Lo rey d’Arago.

caro fraile: Sabed que nos para gran devoción que habem en el baro Sant Jordi, hemos ordenado que todas las compañeras de caballo tengan el día de la batalla sobreseñales a señal de Sant Jordi. E así maanam os y rogamos façats hacer para os Matex y parecemos hechos hacer a cada uno de los ustedes dedos sobreseñales que sean blancos de todo con la cruz roja y bien ancha asi de la parte delantera como de la parte Detrás, de guisa quels dedos sobreseñales parecen y sean conformes al señal del varón Siendo Jordi.»

Así aparece también en su CRÓNICA, al tratar su en¬trada en Valencia:

«Con esto, dicho rey de Castilla levantó el campo que tenía en el Grao de Valencia, y subiendo el camino ge¬neral que va de Murviedro (Sagunto) a aquella ciudad, se fue directamente al castillo de Murviedro. Entre tanto con la bendición de Dios, de la virgen nuestra señora Santa Maria y del bienventurado San Jorge, en¬tramos en la ciudad de Valencia, donde nos recibieron todos sus habitantes con grande alegría y gozo».

Basten, como muestra, estos datos de los reyes de la corona de Aragón. Esta devoción de la realeza aragonesa llevo, como es natural a la adopción por parte de la oligarquía de los distintos territorios de la Corona aragonesa a la difusión y adopción de la figura de S. Jorge. nobles, nobleza, infanzones, caballeros.

La Cofradía de Caballeros e Infanzones de Zaragoza (15 de mayo de 1505) pide al rey Fernando el Católico les conceda el refrendo, siendo él el primer cofrade:

«Hordinaciones que el capitol de cavallers y fidalgos de la ciudad de Çaragoça suplica al Senyor Rey las admita y conceda por su privilegio real son estas que siguen:

primeramente, que se faga una cofradía de los ca¬balleros y fidalgos de la ciudad de Çaragoça so invocación de señor sant Jorge e que per los cofra¬des de aquélla se solepnize la fiesta de dicho San¬to en missa, vísperas y sermón e se faga processión general el dicho día por la dita ciudad y que se faga la festividat en las Casas de la diputación de la dicha Ciudad.

Articulo, se ordena que en dicha processión se lieve una bandera donde esté figurada la imagen de señor sant Jorge…»

No olvidando la representación del emblema georgino:

«Se ordena que los quatro procuradores del dicho capitol hayan de llevar el día que se fará la dicha processión sendas bandas de raso blanquo con sus cruzes de rasso colorado…»

En 1627 se permitió entrar en la cofradía a los no¬bles, retocando las ordinaciones en 1632, y modifi¬cadas en 1675: Ordinaciones del Capítulo y Cofradía de de Cavalleros, y Hijosdalogo, so la invocación del Glorioso Mártir y Patrón San George de la Ciudad de Çaragoça.

Es lógica y natural su expansión por todo Aragón. Las ciudades de Huesca, Teruel y Zaragoza son testimonio histórico de la presencia del santo. Al igual que pue¬blos, templos y iglesias.

San Jorge es «elegido patrón del reino y de todos los aragoneses,» según unos desde 1096 (Crónicas), ba¬talla de Alcaraz, según otros la presencia en Aragón lo sitúan en la zona oscense. En 1243 aparece «hermano CSN Ceorgii». En el siglo XIV constata ya la celebración de una procesión el día 23 de abril…

Aparece el Santo en las crónicas de las antiguas batallas.

Añadamos a las ya mencionadas la «Crónica navarro-aragonesa», la «Crónica de los Estados Peninsulares».

Por no perdernos anotando y dejando constancia de la presencia del santo a todos los niveles, detalles etc. baste citar su «presencia» en la Diputación. Y como dato muy significativo lo que consta en las Cortes de 1461 en que se preocuparon de hacer oficial el patro¬nazgo de San Jorge y mediante fuero se preceptuaba:

«E assimesmo ordenamos que la fiesta del glorioso Maryr Señor Sant Jorge, que caye el XXIII días de Abril, tanto en el dedo Estados Inviolablemente perpetúa, guardada y reservada, e celebrada solemnemente: bien assi como los diías del Domingo e otras fiestas mandadas de guardar. E todos los prelados del dito Regno sian tenidos aquella mandar gaurdar, y observar».

S. Jorge, siempre ha estado presente en Aragón y ahí están las banderas de las diputaciones de Teruel y Zaragoza para confirmar su pervivencia, con la cruz Ceorgina.

Todo lo reseñado es más que suficiente para dejar constancia, en nuestro programa de fiestas, S. Jor¬ge en la Corona de Aragón. Ahí están nuestras raí¬ces, en este caso recias y profundas. No fue casual su presencia, ni sobre orígenes en Banyeres. Ni parece ser consecuencia de un sentimiento popular sin más. Más bien parece ser una presencia «institucional», «cons¬titucional», «fundacional». Somos una comunidad cristiana de «Reconquista». Nada más y nada menos que parroquia de S. María (y S. Jorge) las dos grandes devociones de D. Jaime I.

Es verdad que el arranque de nuestras fiestas tiene un origen histórico, y es la victoria sobre el Caudillo árabe Al Azrak, en el «barranco de la batalla», en Alcoy. Y que atribuyeron la victoria a la invocación del santo, como era costumbre en tierras de la Corona de Aragón, e igual sucedió en esta batalla. Y que la fiesta es la cele¬bración de la victoria. Pero la presencia y devoción es anterior a la victoria.

En todo el conjunto de notas no he mencionado al Rey D. Jaime I (excepto ahora) y la razón no es otra que D. Jaime I, S. Jorge, Valencia y Banyeres. Pero requieren y exigen capítulo aparte. Es el engarce más directo de estas realidades: Aragón – Corona de Aragón – Valen¬cia – Banyeres.

Es bueno ahondar en nuestras raíces.

Vitol al Patrón San Jorge!

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