Los actos mas tradicionales y su arrinconamiento en la evolución hacia la espectacularidad de las fiestas


José Fernando Domene Verdú. Asesor histórico de la UNDEF

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En las ciudades más pequeñas, las fiestas reales y las fiestas patronales se celebraban de forma distinta que en las ciudades grandes, con la participación de la milicia en las romerías y en las procesiones disparando sus arcabuces desde finales del siglo XVI. La soldadesca era la denominación que recibió en el siglo XVIII la compañía de arcabuceros que formaba la Milicia General del Reino, creada en 1609 tras el fracaso de las Milicias Provinciales (Barrachina, 1995; Arnedo, 1997b). Éstas habían sido creadas el 21 de mayo de 1562 por Felipe II para sustituir a las antiguas Milicias de Reserva, que a su vez habían sido creadas por los Reyes Católicos en 1496. La orden de creación de la Milicia General del Reino tiene fecha del 15 de agosto de 1609, consta de varias cédulas de esa misma fecha y sendas copias se conservan en el Archivo Municipal de Sax (Ochoa, 1996) y en el Archivo Municipal de Villena (Soler, 2006, 313-325).

La soldadesca (Barrachina, 1995) tenía una organización militar y unas características que se han conservado hasta la actualidad en las comparsas de las localidades con mayor tradición festera (disparos de arcabucería en las romerías y procesiones, ruedo de banderas, cargos de capitán, alférez, sargento, cabo, abanderado, rodela, paje, volante, ángel de rodela). Las milicias provinciales han sido denominadas también llamadas “milicias del reino”, “milicias urbanas” o “milicias concejiles”, porque eran los concejos los encargados de organizarlas. Un antecedente suyo fue el I Cuerpo de Infantería de Valencia, que fue creado por Carlos I a principios del siglo XVI para la defensa de la costa, dividiéndolo en tercios de 1.000 soldados y éstos en compañías de 100 soldados cada una, armados de ballestas y arcabuces (Mansanet, 1981, 51). Pero fue sólo a partir de la creación de la Milicia General del Reino cuando la compañía de arcabuceros que la formaba tomó parte en las fiestas reales y patronales. Estas sucesivas milicias eran el ejército de reserva, que participó en 1568 en la Guerra de las Alpujarras y en otros conflictos armados, así como en la defensa de las costas levantinas contra los ataques de los piratas berberiscos.

La Milicia General del Reino estaba formada por una o varias compañías de cien soldados cada una, mandadas por un capitán, un alférez y un sargento, que eran elegidos desde 1584 por el concejo de entre los hidalgos más relevantes, además de por cuatro cabos, que mandaban a 24 soldados cada uno de ellos. El capitán utilizaba una banda roja como distintivo, el alférez la bandera y la banda roja y el sargento una alabarda1. Una de las misiones del alférez era la de ondear o rodar la bandera2, para lo cual se les exigía destreza en su manejo ya desde 1505 (Barrachina, 1995), y podía contratar a un abanderado a sueldo que llevara la bandera3. El sargento era el encargado de mantener el orden y la disciplina4, y cada compañía tenía cuatro cabos5. Los soldados eran elegidos de entre los vecinos de 18 a 50 años y podían ser piqueros, arcabuceros o mosqueteros, según utilizaran picas, arcabuces o mosquetes6. Los músicos militares eran fundamentales en el ejército y podían ser básicamente de dos tipos, pífanos y atambores, según el instrumento que tocaran7. La soldadesca también podían utilizar otros instrumentos como clarines o trompetas y todos ellos formaron hasta el siglo XIX las bandas de música militar8. Su armamento era la espada y la daga. Los cargos (Barrachina, 1995) de las Milicias vestían “a la alemana”, que después se denominó “a la antigua española”. El traje era el mismo que el traje del día o traje civil, pero en el siglo XVII se tendió a utilizar el color marrón de forma uniforme en el traje militar (igual que el traje actual de la comparsa de Mosqueteros de Bocairent y el traje antiguo de la comparsa de Cristianos de Villena).

Las milicias empiezan a documentarse a finales del siglo XVI y se generalizan en el XVII, sobre todo tras la creación de la Milicia del Reino el 15 de agosto de 1609. En Sax, se compra pólvora y arcabuces en 1543 para el alardo que realizaban los soldados, y después se cita la arcabucería en 1603, 1607, 1699, 1752, 1802 y 1810 (Vazquez, 2006, 191-192). En Villena, participó una compañía de arcabuceros en el recibimiento de Felipe II a su paso por el Puerto de Almansa en 1586 y se cita también en 1619, 1628 y otros años posteriores. El 11 de abril de 1638 participó ya en la romería celebrada para traer a la Virgen a la ciudad en una rogativa por la sequía (Soler, 1997). En Petrer, aparece documentada una “compañía de armas” en 1617, 1638, 1674 y otros años posteriores (Poveda, 1999); se cita la pólvora por primera vez en 1623 y después en 1640, una “compañía de arcabuceros de 95 soldados con los cargos de capitán, alférez y sargento en 1637 y la utilización de música y pólvora en 1674 (“…una compañía de soldats con música y festa de pólvora…”) (Navarro, 2006, 237). En Ontinyent se cita la Milicia en 1652, y en Alcoy ya existía en 1569 y participó en las fiestas patronales en 1570, 1638 y otros años posteriores.

La importancia de estas milicias para las fiestas de moros y cristianos consiste en que empezaron a participar en romerías y en las procesiones de las fiestas patronales de los pueblos con las cofradías gremiales en lo que en el siglo XVIII se empezó a denominar Soldadesca y que en el siglo XIX originará las comparsas. Participaban en las procesiones y romerías disparando sus arcabuces por parejas delante de la procesión y vestidos “a la antigua española” (Arnedo, 1995; Maestre, 2002), igual que se sigue haciendo en la actualidad en algunas localidades del Alto Vinalopó (Sax, Villena, Caudete, Biar, Castalla) y en Yecla, donde la soldadesca se conserva con mayor pureza y sin fiesta de moros y cristianos.

En el siglo XVIII, la compañía de arcabuceros que participaba en las fiestas se independizó de las milicias y empezó a denominarse soldadesca, lo que indica su organización independiente de las milicias y a cargo de las cofradías. Por ello, las innovaciones que se produjeron en las milicias, como la creación del cargo de teniente en 1702 y los cambios en el armamento o en la indumentaria, ya no afectaron a la soldadesca de una forma directa. En 1743, por decreto del Capitán General de Valencia, se reorganiza la Milicia en dos compañías con un capitán, un alférez, un sargento, un cabo y cincuenta soldados armados con fusiles y arcabuces. En Biar, a estas dos compañías de la Milicia se les denomina “comparsas” en 17529. En 1822, también aparece la misma palabra “comparsa” pero, esta vez, referida a las de Moros y Cristianos.

Como se puede observar, tanto el alardo como los personajes militares que tomaban parte en él (capitán, alférez o abanderado, sargento, cabos, arcabuceros y rodela) se han conservado perfectamente en las fiestas de moros y cristianos. Esto se debe a que en el siglo XVII las compañías de arcabuceros que formaban la milicia participan en las romerías y procesiones de las fiestas patronales con todos sus cargos militares. En 1750, a esta compañía de arcabuceros que participaba en las fiestas patronales ya se la denomina soldadesca en Villena, lo que lleva a considerarla como algo independiente de la milicia. Este proceso de separación de la milicia, que comenzó en el siglo XVII, es la causa de que no se incorporen a la soldadesca las modificaciones que Felipe V introduce en el ejército español, como el cargo de teniente en 1702, y que tampoco sustituyan los arcabuces por los mosquetes ni el traje “a la alemana” o “antigua española”, normalmente de color marrón, por los nuevos uniformes a la francesa del siglo XVIII.

En el siglo XVIII, los soldados de la Milicia vestían con el uniforme militar reglamentario, que era de color azul turquí y estaba formado por casaca, camisa, calzón y medias. De ahí procedería la denominación popular de la comparsa de Blavets de Biar (Belda, 2006, 120). Los cargos militares de capitán y alférez, en cambio, vestían el traje civil de gala, igual que las autoridades municipales, que estaba formado por casaca y sombrero de tres picos, era de color negro y, reformado a principios del siglo XIX según la nueva moda, se habría conservado en la comparsa de Cristianos de Sax. Ese traje de gala negro era el que estaban obligados a usar “para asistir los que componen el ayuntamiento a las festividades de la Iglesia y Procesiones”, según se reglamentó en las ordenanzas de la villa de Sax de 1772, concretamente en la ordenanza 8ª y en la ordenanza 9ª (Vázquez, 2005, 194). En una pintura que se refiere a un hecho ocurrido en el alardo y soldadesca de 1800 de Biar, recién reestablecido después de la prohibición real de 1771, se puede ver este traje de gala del siglo XVIII, con casaca negra y sombrero de tres picos, y el traje “a la antigua española” del siglo XVII en el capitán y el alférez de la compañía de arcabuceros (Maestre, 2002).

Las armas de fuego utilizadas por el ejército en al siglo XVII eran principalmente los mosquetes10 y los arcabuces11, pero no los trabucos12, mientras que los fusiles no se introdujeron hasta 1703. Todas las armas de fuego utilizaban para el disparo el sistema de mecha desde principios del siglo XVII hasta el siglo XIX, en que se fue sustituyendo por el pistón a partir de 1820 en casi todas las localidades, si bien se ha conservado hasta ahora en algunas como Yecla. A partir de la década de 1960, los arcabuces se fueron sustituyendo por los trabucos. Es curioso que, ya en el siglo XVI, las autoridades ponían obstáculos para la tenencia y uso de los arcabuces y los justicias las requisaban a los vecinos que pillaban con ellas13.

El rodelero era el soldado que usaba la rodela o escudo redondo para defenderse, pero también era el paje de armas que llevaba la rodela de su superior. Los pajes o ayudantes de los soldados que llevaban sus armas, su lanza y su rodela son los que se han conservado en las fiestas de moros y cristianos con diversas denominaciones. Los jóvenes o niños que llevaban el escudo redondo (rodela) para proteger al rodelero, arcabucero o mosquetero, se han conservado en algunas localidades en la figura de un niño o una niña que recibe el nombre de Rodella en Petrer, Ángel de Rodella en Castalla, Paje en Sax y Abanilla, Vengaleta en Biar (citado a principios del siglo XX) o Volante en Caudete. El escudo, denominado “rodela”, es el que da nombre al personaje por metonimia, es decir, nombrando el todo por alguna de sus partes (Domene, 2006a; Vázquez, 2006).

Los pajes, volantes o rodelas de las fiestas de moros y cristianos son niños o niñas que han de caminar delante o cerca del capitán en todos los actos en los que participa la arcabucería. Cada vez que el capitán dispara su arcabuz, han de realizar unos pasos de baile seguidos que terminan con una reverencia elegante. Estas son las dos funciones principales que realiza, acompañar al capitán y danzar delante de él cuando dispara su arcabuz; y este personaje festero con las dos funciones que realiza es una de las más hodas y queridas tradiciones de las fiestas de moros y cristianos de los pueblos con mayor tradición: Caudete, Sax, Petrer, Castalla, Abanilla y, hasta hace algunas décadas, también Beneixama, Biar y Onil, todas en el NO de la provincia de Alicante o municipios limítrofes. También existe en las fiestas de la Purísima de Yecla. Es evidente que procede de la soldadesca, y con ella de las antiguas Fiestas Reales y de la fiesta del Corpus (Domene, 2008b, 2008c).

El paje, rodela o volante es, por tanto, uno de los elementos más importantes y tradicionales de las fiestas de moros y cristianos. Su origen está en los rodeleros de las antiguas milicias de la Edad Media y la Edad Moderna, que eran los soldados que llevaban un escudo redondo y pequeño llamado rodela. Más concretamente, su origen se encuentra en los pajes de rodela, que eran los niños que llevaban la rodela del los soldados y la impedimenta de los capitanes, esto es, el armamento y los demás útiles de
campaña. Los pajes participaban también en la procesión del Corpus en época barroca, realizando danzas que luego se trasladaron a las fiestas patronales. La participación de las milicias en las fiestas patronales, hizo que los pajes de rodela participaran también en ellas formando parte de las compañías de arcabuceros que acompañaban las procesiones y romerías disparando sus arcabuces. Participaron en lo que se llamó soldadesca junto con los demás elementos de las milicias, como los cargos de capitán, alférez, sargento y cabo, la bandera de las milicias, el ruedo de banderas o los mismos arcabuces. Llevaban un escudo redondo llamado rodela y un pequeño bastón llamado vengala o vengaleta. La palabra rodela procede de la italiana rotella y esta a su vez de la latina R&’334;TELLA, diminutivo de R&’334;TA = ‘rueda’, en referencia a su forma circular. Entre el siglo XVI y el XVIII, se fijaron las características propias que actualmente ha conservado, así como la danza y las genuflexiones que realiza delante del capitán en el momento del disparo y el vestuario dieciochesco que todavía mantiene en algunas poblaciones. El cargo de paje era representado inicialmente por niños, aunque con vestuario femenino, que le da un carácter angelical. En otras poblaciones es representado por niñas. En Yecla, el cargo lo desempeña un niño que acompaña al capitán y una niña que acompaña al alférez. Al evolucionar a las fiestas de moros y cristianos aquellas fiestas patronales con soldadesca en el siglo XVIII o en el XIX, las antiguas compañías de arcabuceros que formaban la soldadesca se transformaron en las comparsas y éstas conservaron todos esos elementos de origen militar en las poblaciones que empezaron a celebrar fiestas de moros y cristianos en esa época. Esto ocurrió en el norte y noroeste de la provincia de Alicante y en algunas localidades limítrofes con ella. Por esa razón, el paje de rodela se conservó, junto con los demás elementos de las antiguas milicias, en las poblaciones de esa área geográfica; concretamente se ha documentado su existencia en Abanilla, Alcoy, Banyeres de Mariola, Biar, Beneixama, Bocairent, Castalla, Caudete, Elda, Onil, Petrer, Sax, Villena y Yecla. Se cita en diversos textos, publicaciones y documentos que describen las fiestas de dichas poblaciones en el siglo XIX y gran parte del XX. Pero, debido a la evolución de las fiestas y de la corriente historicista que irrumpió en ellas, tendente a eliminar los anacronismos o elementos considerados no estrictamente medievales, a principios del siglo XX empezó a desaparecer en las ciudades más grandes como Alcoy o Villena, así como en otras más pequeñas pero bien comunicadas con ellas, en un proceso que se prolongó durante gran parte del siglo XX. Únicamente se conservó en algunas de las poblaciones más alejadas de Alcoy, que fue el principal núcleo innovador de las fiestas, y por eso se conservó en Petrer, con el nombre de rodella, en Caudete, con el de volante, y en Sax, Yecla y Abanilla, con el de paje. En el año 2002, se recuperó esta figura en Castalla, donde se había denominado tradicionalmente ángel de rodella (Domene, 2008b, 2008c).

En 1505 se creó la Guardia Real y su primer jefe, Gonzalo de Ayora, exige a los caballeros aspirantes al empleo de Alférez “arrogante apostura y manejo de la bandera con donaire” (Barrachina, 1995). Encontramos aquí una clara alusión al juego con las banderas (Domene, 1996d), no sólo en el campo de batalla, sino también como movimiento de lo que hoy se denomina orden cerrado. A partir de entonces se documenta el ruedo de banderas, unido a las salvas de arcabucería y a los alardes de armas realizados por la soldadesca en distintas partes del Estado. Se cita, por ejemplo, en Ezkioaga (Guipúzcoa) el 8-9-1662 con la denominación de “ondear la bandera” (Urbeltz, 1995, 85 nota 33). En Alicante, el ruedo de banderas o ballà de banderes se ha conservado en un área mucho más reducida, ya que actualmente sólo se continúa realizando en algunas localidades del Alto Vinalopó (Villena, Sax, Caudete, Castalla, Onil, Beneixama y Banyeres de Mariola), en Abanilla, Yecla y en otras de Andalucía y Galicia. Se ha conservado con toda su pureza en Caudete, realizado por los abanderados de las tres comparsas más antiguas (La Antigua, Moros y Guerreros), con un ritual de 90 o 180 vueltas a la bandera según lo realicen o no delante de la Virgen (Cremades, 1986). Este ruedo de banderas, junto con las salvas de arcabucería, es un vestigio de los antiguos alardes militares que se celebraban en toda la geografía peninsular para que el maestre de campo, el capitán mayor u otra autoridad militar pasara revista a las tropas, realizando también un desfile militar (Vañó, 1982, 16). La comparsa de Cristianos de Beneixama, de Sax y La Antigua de Caudete han conservado la antigua bandera de las milicias, con la cruz de San Andrés de color rojo sobre fondo blanco o amarillo (Domene, 2008b, 2008c).

Las milicias celebraban el alarde de armas, por el que el capitán mayor pasaba revista a los soldados para que tuvieran el armamento en buen estado. Además de pasar revista, se celebraban ejercicios militares en los que se ensayaban las tácticas, se adiestraba a los soldados y también se celebraba un desfile delante del capitán mayor en el que la compañía de arcabuceros marchaba al son de la música de pífanos y tambores. La forma de desfilar era en dos hileras marcando el paso al ritmo de la música. En las fiestas de Alcoy de 1668, según la Célebre Centuria (Carbonell, 1672), “en la tarde se hacen algunos ardides de guerra, dividiendo la compañía en dos tropas, componiendo la una los Christianos y la otra los Moros, que sujetos a liciones de milicia se están belicosamente arcabuzeando. En Bocairent se ha conservado el paso de la revista, que se celebra después de la entrada, y en Biar se han conservado los ejercicios militares para el adiestramiento de los soldados, que se denominan guerrillas y existieron también en Villena hasta 1952 con la denominación de simulacros de batalla.

En los desfiles militares que se realizaban alardes de armas, participaban los componentes de las compañías de arcabuceros, que desfilaban en dos hileras marcando el paso al son de la música militar. En Beneixama, se han conservado las antiguas dos hileras en algunos actos, en Alcoy son los llamados “malditos”, que en el siglo XIX o principios del XX dejaron de marcar el paso al desfilar en la entrada, y en Llutxent se conservó la antigua forma de desfilar hasta la reestructuración de las fiestas en 1979. Antiguamente se desfilaba en dos hileras pero, con el incremento del número de festeros en el siglo XX, se añadió una tercera y una cuarta hasta formar los bloques actuales. En Yecla y en Sax, además del antiguo traje de la Soldadesca, se ha conservado también la forma antigua de desfilar en dos hileras a las que, ya en el siglo XX, se añadieron varias más hasta llegar a desfilar en bloque y con los festeros separados a un metro de distancia unos de otros. En Villena, también se desfila en bloque, aunque ya no se mantiene esa distancia entre los festeros como ocurría hasta hace tres décadas, y lo mismo ocurre en los alardes guipuzcoanos.

Los elementos del alarde se han conservado, como se ha visto, en las fiestas actuales de distintos municpios. Pero la soldadesca se conserva en su estado más puro en Yecla (Murcia) y en tres localidades de la provincia de Guipúzcoa: Irún, Ondarribia (Fuenterrabía) y Antzuola, esta última con fiesta de moros y cristianos, que se ha añadido al alarde (Urbeltz, 1995). En todas ellas la fiesta en la que participan recibe el nombre de “alarde de armas”, o simplemente “alarde”, que procede de la misma palabra árabe (al-’ard) que la alcoyana “alardo”. Las fiestas o alardes de estas tres localidades guipuzcoanas consisten en disparos con escopetas, en vez de con arcabuces, y en desfiles multitudinarios de las compañías (6.000 festeros en Irún y 3.000 en Fuenterrabía) divididas en bloques con un solo cabo, es decir, idénticos a los que se realizan en Villena y Sax, sólo que sin moros.

La utilización de la música en las fiestas se cita por primera vez en aquellas fiestas patronales de la Edad Moderna. Sin embargo, la participación de los músicos en las fiestas patronales es anterior a la de las milicias porque, ya en el siglo XVI los concejos contrataban músicos para las romerías, procesiones y demás actos religiosos14. Prácticamente en todas las localidades, la participación de músicos era habitual en las fiestas patronales en el siglo XVI15.

La influencia militar del siglo XIX se manifiesta sobre todo en la estructura de las comparsas y filaes, dividida en dos partes a imitación de las compañías militares, la escuadra de gastadores y los tiradores (la tropa). En el siglo XIX y parte del XX, los tiradores o tropa desfilaban en dos hileras detrás de la escuadra de gastadores, y esta estructura se ha conservado hasta ahora en algunas localidades y algunas comparsas. También se manifiesta en los elementos militares de las comparsas y filaes, que tienen su origen en los elementos que distinguían a los generales del ejército (las hombreras y la pluma negra o blanca, por imitación de la de capitán general y teniente general, respectivamente) y en los elementos característicos de las antiguas escuadras de gastadores militares (pico, pala, serrucho, delantal o mandil, manoplas, grandes barbas, mochilas, mantas, gorros de campaña y otros). Igualmente, se manifiesta en algunos cargos festeros como las cantineras, que desfilaban junto al capitán y al alférez y también repartían bebida a los festeros con un pequeño barril, que era su elemento característico. Se manifiesta también en la forma de desfilar de las comparsas y filaes en la entrada, generalizándose después en la mayoría de las localidades la escuadra de gastadores, con un cabo por escuadra y desprovistos de sus útiles característicos. En algunas localidades, sin embargo, se conservaron las antiguas dos escuadras de gastadores con un solo cabo y, al incrementarse el número de festeros en la última mitad del siglo XX, dieron lugar a los bloques de varias escuadras con un solo cabo. Son también de origen militar algunos actos festeros que se añaden al programa de actos en el siglo XIX, como las dianas y las retretas; los movimientos militares modernos, como el saludo a la bandera, los ejercicios de tiro, las evoluciones militares, las posiciones de firmes y de terciar armas o las misas festeras, que se han conservado en algunas localidades; o la música utilizada en los desfiles desde el siglo XIX, en que las comparsas empezaron a ser acompañadas por bandas de música, hasta mediados del XX. Las comparsas utilizaron pasodobles, muchas veces de tipo militar, en ese largo período.

La influencia militar también fue decisiva en la forma de desfilar, ya que originalmente las comparsas y filaes se dividían en dos partes como en el Ejército, la Escuadra de Gastadores, formada por 6 festeros que llevaban mochila con manta enrollada, pico, delantal, manguitos y barbas postizas como los Gastadores militares, y la tropa o los “tiradores”, que desfilaban en dos, cuatro o mas hileras y prescindían de estos elementos, llevando en su lugar la manta desplegada alrededor del cuello en las comparsas anteriores a 1859/1871, y capa y lanza en las comparsas posteriores a esa fecha (Domene, 1998c). Esta forma de desfilar en dos secciones (gastadores y tiradores) se ha conservado hasta mediados del siglo XX en algunas localidades como Xixona.

También se ha conservado la antigua forma de desfilar en dos secciones (gastadores y tiradores), aunque ligeramente modificada, en las filaes más antiguas de Alcoy (la escuadra y los “malditos”) y en la comparsa de Marruecos de Villena (bloque de mochilas y bloque de capas blancas). En Biar, la escuadra de gastadores no lleva actualmente la mochila ni el delantal, sino sólo la manta al cuello.

Sin embargo, en las demás comparsas antiguas de todas las demás localidades sólo se ha conservado una de las dos partes, o bien la indumentaria típica de la escuadra de gastadores o bien la de tiradores. Así, mientras que en las escuadras de las filaes más antiguas de Alcoy y Bocairent, en las comparsas de Moros Viejos, de Moros Nuevos y de Cristianos de Villena (antes del cambio de traje de la de Cristianos en 1964) y en la de Moros de Beneixama se ha conservado sólo la uniformidad de las respectivas escuadras de gastadores, en las comparsas de Moros o de Moros Viejos de otras localidades como Sax o Banyeres de Mariola lo que se ha conservado es la uniformidad de los tiradores o tropa (sin mochila ni delantal y con la manta al cuello). En las comparsas de Moros Viejos y Moros Nuevos de Villena, no obstante, se utilizó hasta bien entrado el siglo XX (probablemente 1923) la uniformidad de los tiradores o tropa sólo para disparar (en la procesión y los actos de disparo), denominándose popularmente como “el traje de tirar”. En el siglo XIX, también se conservó en “la tropa” o los “tiradores” la forma de desfilar de tipo militar de las antiguas compañías de arcabuceros de las Milicias, en dos hileras y marcando el paso al rítmo de la música militar16. Los festeros que formaban estas dos hileras desfilaban, naturalmente, marcando el paso con el arcabuz sobre el hombro al estilo militar, como se evidencia en las fotografías antiguas.

Esta forma de desfilar en dos hileras se ha conservado hasta ahora en los desfiles en los que se dispara pero, además, en algunos desfiles de Beneixama. En Sax, a esas dos hileras primitivas se le fueron añadiendo una tercera y una cuarta a finales del siglo XX debido al incremento del número de festeros, al igual que ocurrió en la procesión de Villena. Los nuevos festeros formaron nuevas filas en el centro para evitar que las dos filas tradicionales se hicieran excesivamente largas y, sobre todo, para poder oír la música, ya que el alargamiento de las dos filas primitivas de la comparsa alejaba a los festeros de los 15 o 20 músicos que componían las antiguas bandas. Los “malditos” de las fiestas de Alcoy, que van andando en dos hileras delante o detrás de la escuadra de la filà, también tienen su origen en las dos filas primitivas de la tropa de los antiguos desfiles. Sin embargo, teniendo en cuenta que desde el siglo XVII toda la compañía en las Milicias y en las fiestas desfilaba marcando el paso, es evidente que la forma de desfilar sin marcar el paso que tienen los “malditos” de Alcoy, y únicamente ellos, es consecuencia de una innovación y no de la tradición. Esa innovación, que consistió en dejar de marcar el paso, se produciría durante el siglo XIX o principios del XX, probablemente al aparecer el pasodoble “sentat” que, al ser más lento, hacía más difícil desfilar marcando el paso de forma individual.

La denominación Soldadesca de Moros y Cristianos se mantuvo durante todo el siglo XIX y, en Villena concretamente, hasta 1900, porque ese fue precisamente el último año que se disparó en la procesión general (Domene y Sempere, 1989, 59). A lo largo del siglo XIX, a partir de 1820, el sistema de mecha utilizado en el disparo con arcabuces desde principios del siglo XVII se fue sustituyendo por el pistón en casi todas las localidades, si bien se ha conservado hasta ahora el antiguo sistema en algunas como Yecla.

La influencia militar se reflejó también en la aparición en nuestras fiestas de dos desfiles como la retreta y la diana, que tienen un claro origen militar (Barrachina, 1994) y se citan desde 1837 en Alcoy (Espí, 1987). A pesar de su actual carácter lúdico, la retreta tiene un origen militar, y la relación entre la antigua retreta militar y la retreta de las fiestas de moros y cristianos ha sido estudiada por J. L. Barrachina (1994). La palabra retreta significa ‘retirada’ indicaba tanto el toque militar para marchar en retirada y para avisar a la tropa para que se recogiera en el cuartel, como una fiesta nocturna en la cual recorrían las calles tropas con faroles, carrozas y músicas. En los siglos XVII y XVIII, era el desfile nocturno que realizaba por las calles de una ciudad un sargento con algunos soldados acompañados por la banda militar del acuartelamiento de la ciudad para ir recogiendo y conduciendo al cuartel a los soldados que estaban en los lugares de esparcimiento como tabernas y prostíbulos. Al ser un desfile nocturno, el piquete de soldados llevaban un farol para iluminarse y, en mayor o menor grado, era un desfile informal ya desde sus inicios y consituía un aliciente festivo para la población civil, lo que hizo que se tomara como costumbre dedicárselo a la población de la ciudad donde se establecía el regimiento militar para congraciarse con los ciudadanos. A mediados del siglo XIX, la retreta se convirtió en una auténtica fiesta militar que se celebraba con toda brillantez, destacando las que se celebraban en Madrid (Barrachina, 1994), y sería entonces cuando se incluyó en las fiestas de moros y cristianos, posiblemente en Alcoy, que era la única ciudad que las celebraba en la que había un cuartel militar, el Regimiento de Infantería “Vizcaya” nº 21. Después, se generalizó en las demás localidades por influencia alcoyana, conservando su carácter informal original. Igualmente, el farol o la farola de las retretas militares se ha conservado en Sax y en Villena. En Sax, los faroles de las comparsas se desarrollaron y enriquecieron llegando a ser verdaderas obras de arte. En Villena, por el contrario, las farolas han conservado su sencillez original, aunque han adoptado la forma del símbolo más representativo de cada comparsa. En ambas localidades, representan uno de los más preciados símbolos de las comparsas. En Petrer, existía en 1889 una retreta con farolas llevadas el día 14 de mayo a las 9 de la noche.

La influencia militar más amplia y general del siglo XIX se ha conservado muy bien en los movimientos militares que realizan las comparsas en las fiestas de Beneixama. En Beneixama, en efecto, se ha conservado la Rendición de Honores al capitán del día en la puerta de su casa. El capitán de cada bando se turna entre los de las comparsas cada uno de los días de fiesta y el capitán del día es el que cada día lleva la bandera en el castillo. Además de estos elementos militares, también se han conservado hasta ahora los movimientos militares propios del ejército del siglo XIX, que se denominan popularmente como “El Rogle”. El reparto de puros por parte de la escuadra de gastadores en el rogle es una degradación de lo que era el Paso de Revista del capitán a la escuadra, que todavía se conserva en Bocairent. En Beneixama, se han conservado además otros elementos militares como la izada de la bandera al son del himno nacional por el sargento y la bandera que ondea en el castillo será la que determina cada día el orgen de las comparsas en los desfiles (véase Molina, 2006, 96-99).

En el siglo XIX, las mujeres empezaron a participar en las fiestas de moros y cristianos como cantineras, a imitación de las cantineras militares que acompañaban al ejército en las campañas militares. Las cantineras ya se citan en 1870 en las fiestas de moros y cristianos de Petrer, en 1874 en las de Xixona17, en 1886 en la comparsa de Vizcaínos de Onil, en 1890 en la comparsa de Marruecos de Villena y todavía existían en 1947 en La Vila Joiosa. Portaban como distintivo una botella de licor y desfilaban junto al capitán y al abanderado de cada filà en la última escuadra, que solía ser la única junto con la de gastadores que iba en primer lugar, porque el resto de los componentes desfilaban en hilera por ambos lados de la calle con el arcabuz al hombro. Las cantineras se han conservado hasta ahora en las compañías de los Alardes guipuzcoanos de Irún, Ondarribia y Antzuola, donde ha sido la única forma de participación de la mujer en dichas fiestas (Urbeltz, 1995). En Castalla, todavía salen cantineras el último día de las fiestas, en el acto de donar la volta con los nuevos capitanes. También se han conservado en Banyeres de Mariola. En Sax, las cantineras han sido sustituidas por “cantineros” que, vestidos con el traje de la comparsa, excepto el arma, reparten licores y tabaco todos los días entre los festeros.

Otro elemento tradicional de las fiestas de moros y cristianos son las embajadas, que tienen un origen medieval. En otras localidades, en cambio, se representaban comedias, bien de moros y cristianos, o bien comedias de santos, referidas a la Patrona o al santo-patrón de cada pueblo, con la intervención de personajes moros, como es el caso de El Lucero de Caudete, escrito en el siglo XVIII a partir de la Comedia Poética de Juan Bautista de Almazán; la comedia de Diego de Ornedillo titulada Coloquio al Santo Nacimiento de nuestro Señor Jesu-Christo entre un Moro y un Christiano, que se utiliza en la Conversión de Villena (Domene, 1993, 1994, 1996c, 2000f, 2008a, 2014a) y en otras localidades andaluzas, se escribió en el siglo XVII y fue publicada a mediados del XVIII; o la comedia titulada Los reflejos esclarecidos de el sol coronado de Astros, María de las Virtudes, en el cenit de Villena, escrita por el villenense Rodrigo Gabaldón en la transición del siglo XVII al XVIII (se puede deducir del análisis del texto que fue escrita entre 1691 y 1707 como fechas post quem y ante quem, respectivamente) y editada póstumamente en 1757 por la Cofradía de los Esclavos de María (Gabaldón, 1757; Soler, 1953; Vilar y Rojas, 2000, 2001; Domene, 2014a; Prieto y Domene, 2014)18. En Llutxent, se escribió y se empezó a representar en 1812 la Comedia de Luchente, basada en el la leyenda del “Milagro de los Corporales” de esa localidad. En Biar, también se representaron unas Comedias entre 1802 y 1806. Todas ellas son comedias de santos o comedias marianas (Dassbach, 1997; Sirera, (1991, 1997, 2000, 2005), que en muchas localidades precedieron a las Embajadas y a la Conversión o Despojo y se pueden considerar como el precedente de aquellas.

Estas comedias y autos sacramentales tenían una función eminentemente didactica y fueron una consecuencia de la Contrarreforma, tras el Concilio de Trento (1545-1563), con el fin de divulgar entre la población los principales dogmas católicos (la virginidad de María, entre otros). A la Contrarreforma se debió también la potenciación de las fiestas religiosas (Semana Santa, Corpus Christi, fiestas patronales, entre otras) y de las procesiones y representaciones religiosas en la calle, que es la razón por la que empiezan a aparecer las fiestas de moros y cristianos unidas a las fiestas patronales precisamente en la segunda mitad del siglo XVI. Lo mismo que la soldadesca y las fiestas de moros y cristianos en general, estas comedias estuvieron motivadas por el recuerdo de la Reconquista (sobre todo de la conquista de Granada), por los ataques de los piratas berberiscos a las costas valencianas y andaluzas (que fue teatralizado en comedias de moros y cristianos), y por la expulsión de los moriscos en 1609, en la que participaron las milicias provinciales, así como también se observa cierta influencia de algunos procesos de la Inquisición seguidos contra moriscos y conversos (Domene, 1994; Vilar, 1994).

Pero el tipo de representación teatral que más se generalizó en el siglo XIX en el norte de la provincia de Alicante fueron las embajadas, que sustituyeron en muchas localidades a las antiguas comedias que en ellas se representaban. En unas pocas localidades del NO de la actual provincia de Alicante, también se representa la conversión del moro al cristianismo, que es en realidad como la tercera embajada. Los textos de embajadas fueron escritos por miembros del clero y de las élites cultas de las localidades que celebraban fiestas de moros y cristianos. Eso explica que sean de forma mayoritaria de ideología conservadora e incluso carlista, que fueran escritas en castellano y que aludieran frecuentemente a los mitos de la historia de España tan usados en el Romanticismo, entendiendo como tal la historia de la Corona de Castilla, y muy raramente los mitos de la historia de la Corona de Aragón. Así, son abundantes las alusiones a Don Pelayo, el Cid Campeador, Don Fernando y Doña Isabel (los Reyes Católicos), y a otros mitos de la historia de España, pero son raras las alusiones a Jaime I por ejemplo (en el texto de Alcoy se explican por la ideología carlista de su autor).

De igual modo y en paralelo, el pueblo llano empezó a representar sus propias embajadas desde los primeros momentos del Romanticismo. Se trataba de representaciones que utilizaban textos de carácter humorístico que parodiaban normalmente las embajadas serias. Eran escritos por personas de ideología progresista, reflejaban la mentalidad romántica de esa tendencia y se caracterizaban por la crítica social y política y podían ser parcialmente en valenciano. Todavía se conservan y se les puede denominar “embajadas humorísticas”. Tienen un carácter eminentemente popular porque en ellas es donde el pueblo expresaba realmente su ingenio, sus críticas y su espíritu desenfadado19.

La transformación de las fiestas de moros y cristianos experimentada en el último cuarto del siglo XX se caracteriza por varios cambios especialmente visibles. En primer lugar, el auge del desfile de la entrada en detrimento de otros actos festeros, que se puede resumir en dos fenómenos: el aumento del número de festeros de las comparsas (la mal llamada masificación) y la historicidad de sus trajes. De esta manera, la entrada ha alargado considerablemente su duración20 (es frecuente que dure entre seis y diez horas, según las localidades) y, en la mayoría de las localidades, se ha duplicado, repitiéndose normalmente el día siguiente y con el orden inverso de las comparsas21. Los festeros y la sociedad en general vieron en la entrada o las entradas un escaparate en el que exhibir los nuevos trajes más lujosos e historicistas, las escuadras especiales, los cargos festeros y los boatos. En definitiva, se fue imponiendo la idea de fiesta-espectáculo como símbolo identitario de cada ciudad.

NOTAS AL PIE DE PÁGINA:

1 El capitán mandaba una compañía, que estaba formada por 100 soldados. Lo nombraba el concejo de la ciudad entre las familias nobles y sus distintivos eran la banda roja de seda, terciada del hombro derecho a la cintura en su lado izquierdo, ceñida con nudo y lazo. Su armamento era la espada, la daga y una jineta o lanza muy decorada y de ostentación de cargo.

2 El alférez mandaba la compañía en ausencia del capitán y era su mano derecha cuando éste estaba presente. Nombrado por el concejo, su armamento era la espada y la daga. Tenía a su cargo la bandera de la compañía o de la ciudad y era el encargado de portarla, aunque sólo lo hacía personalmente en tres ocasiones: en el combate, en el relevo de la guardia y con el capitán al frente, y ante el rey o el capitán general. En las demás ocasiones delegaba en el abanderado.

3 El abanderado llevaba la bandera cuando no lo hacía el alférez. Era una figura civil, no militar, y por eso no figura nunca en las listas. Por lo tanto, el abanderado no era un soldado, sino sólo un civil que el Alférez contrataba para llevar la bandera y pagaba de su bolsillo. Su armamento era la espada y la daga.

4 El sargento mayor se encargaba de vigilar la disciplina, el orden y, antiguamente, también la administración de la compañía. Nombrado por el concejo, su armamento era la espada, la daga y la alabarda, que fue su signo distintivo hasta 1795. Tenía que saber leer, escribir y contar, por lo que era una de las figuras ilustradas del alarde.

5 El cabo de escuadra lo designaba el capitán y mandaba una escuadra, que era la cuarta parte de la compañía y estaba formada por 24 soldados, además de él mismo. Debía ejecutar a la perfección las órdenes del Capitán y ocuparse de que los soldados ocupasen su puesto y combatieran en él. Su armamento era la espada, la daga y una pica o un arcabuz, según fuese su especialidad.

6 Los soldados eran vecinos alistados voluntariamente o, en caso de guerra, designados forzosamente por el concejo. Los voluntarios obtenían a cambio diversas ventajas fiscales, mientras que los forzosos cobraban una soldada mientras permanecían en filas. Según las armas que portaban podían ser de tres tipos, que hasta el siglo XVI fueron piqueros, arcabuceros y rodeleros. En el siglo XVI, los rodeleros fueron sustituidos por mosqueteros, o bien por más piqueros o más arcabuceros. Estos tres tipos de soldados se denominaban “tercios”, porque cada uno de ellos era la tercera parte del ejército. Entre los soldados, los piqueros llevaban una pica, que es una especie de lanza larga (26 palmos o 5’5 metros) de asta de madera y rematada con una punta metálica de hierro. Su armamento se completaba con la espada, la daga, el casco y una armadura parcial. Los arcabuceros llevaban arcabuz, que era el equivalente del fusil actual, y su armamento se completaba con espada y daga. El arcabuz sustituyó a la ballesta en el siglo XIV y en el XV, aunque ésta volvió a reaparecer en el XVI complementando ocasionalmente a los arcabuces, que a su vez fueron sustituidos por el fusil de pedernal a principios del XVIII. Los rodeleros llevaban tan sólo espada y escudo y su función era el combate cuerpo a cuerpo. Eran los soldados más bajos y peor pagados, debido a la sencillez de su armamento, que se completaba con una daga. Como el escudo fue ineficaz ante el arcabuz, los rodeleros tendieron a ser sustituidos en el siglo XVI por arcabuceros, mosqueteros o piqueros. Los soldados llevaban un paje o ayudante, que iba agregado a cada uno de ellos para llevarles sus armas, la rodela y otra impedimenta.

7 Los atambores eran los músicos militares que tocaban el atambor, que consistía en una caja de madera, como en la actualidad. Cumplían una función fundamental en el ejército, como era la de transmitir las órdenes mediante los distintos tipos de toques militares que existían. Sus funciones, por tanto, eran las mismas que las Transmisiones en los ejércitos actuales, consiguiendo que las órdenes del capitán fueran cumplidas al instante por la tropa, estuviera ésta donde estuviera. El capitán ordenaba un toque determinado, el atambor general lo interpretaba y era seguido por todos los demás atambores, que estaban distriguidos estratégicamente por todos el cuadro de picas, enterándose así al instante todos los soldados de la maniobra que había que realizar. En las batallas, con gritos y miles de explosiones, este era el único medio de hacer llegar las órdenes de forma instantánea. Los pífanos eran los músicos militares que tocaban el pífano, que es una especie de flautín muy agudo propio de las bandas militares. Aparece en la instrucción militar en 1505 y en los siglos XVI y XVII figuraban de 2 a 4 pífanos, que eran acompañados siempre por el atambor. En el ámbito militar desapareció en 1828.

8 Una reminiscencia militar fueron las bandas de cornetas y tambores que participaron también en los desfiles de las fiestas en la década de 1960.

9 En la crónica redactada por los frailes capuchinos, se describe la procesión de traslado del Santísimo Sacramente que se hizo con motivo de la bendición de la iglesia del convento de San Miguel, en la que participaron las dos compañías del alardo, y se dice que “…se formó una lúcida procesión, que se componía del Reverendo Clero de Biar, de los Religiosos de nuestra Comunidad, y otros de otros conventos nuestros, que fueron para la función, y con la asistencia del Iltre. Ayuntamiento de la Villa de Biar, y delante ivan formadas dos Comparsas de Soldados con sus correspondientes Oficiales y cabos, todos vecinos de Biar, ricamente vestidos y de continuo disparando sus arcabuces…” (cit. Belda, 2006, 119).

10 Los mosquetes son las armas portátiles más pesadas y de mayor calibre (entre 18 y 20 mm.) mientras que los arcabuces son más cortos y de calibre igual o algo menor (entre 16 y 18 mm.) que el de los mosquetes.

11 Los arcabuces se utilizaban tanto en la guerra (cargados con proyectiles esféricos u ojivales) como en la caza (cargados con perdigones o con postas) y se utilizaron también por las compañías de arcabuceros que formaban la soldadesca.

12 El trabuco era un arma más corta que el arcabuz, con la boca del cañón de forma acampanada y con un calibre de entre 17 y 25 mm. No dispone de elementos de puntería y la efectividad de su tiro no sobrepasaba los quince metros, por lo que no la utilizaron nunca las milicias y, en cambio, era el arma propia de los bandoleros y contrabandistas. Su longitud (entre 80 y 100 cm.) era apropiada para poderlo ocultar debajo de la capa.

13 En efecto, ya en el siglo XVI los gobernadores del Marquesado de Villena vieron un peligro para ellos la posesión de armas por la milicia de la ciudad y, por ello, las justicias del Marquesado las requisaban a todos los vecinos que pillaban con ellas y se cobraban las deudas con las armas que tenían los deudores. El Concejo se quejó diciendo que “tienen neçesidad destar proveidos de armas e traerlas de dia e de noche para se exerçitar en ellas, los quales no las osas traer ni traen por que las justiçias dese dicho Marquesado selas quitan silos toman con ellas en qual quier parte que sea, de dia de de noche, y que si en alguno se haze execuçion por deudas que deva, lo hazen en las armas que tiene, avn que tengan otros bienes en que las poder hazer, suplicandonos fuesemos servido mandar que los vezinos dela dicha çiudad puedan traer ballestas, arcabuzes e otras quales quier armas ofensibas en qual quier tienpo, andando por el campo e yendo de camino e a sus jeredades, sin que se las quiten y que no se haga execuçion en ellas por ningunas deudas que devan teniendo otros bienes en que la hazer”. La Princesa doña Juana, hermana del rey Felipe II, ante las quejas del Concejo y la solicitud de poder tener armas para combatir los ataques piratas en la costa, pide información sobre este asunto el 21-5-1558 y “por que los dichos vezinos estan muy desprobeidos de armas y tienen neçesidad de comprar docientos arcabuzes y cien ballestas, les mandamos dar liçençia para que los puedan comprar de los propios y rentas della, e repartir lo que costaren entre los vezinos que tuvieren mas neçesidad de armas y las reçibieren, y que se puedan compeler a que paguen lo que costaron, o vomo la nuestra merçed fuese” (Soler, 1969, Doc. CLII, 547-549).

14 Joan Amades (1966, 96), cita a un cronista alcoyano que describe los honores que se realizaron a San Jorge en Alcoy en 1565, en los que se contrató a unos músicos, de manera que “se pagaron a Morit sis sous y un diner per sonar y a un fadrinet sis sous y un diner per sonar lo atabal el dia de Sant Jordi”. El mismo cronista dice que en 1576 “vinieron unos musicos pera sonar clarins y atabals”. En Sax, se cita por primera vez en 1543 la utilización de música en el alardo: “Id. Pagó por mandado de los oficiales, medio real, a un mozo que tocó el tambor el día que se hizo el alardo en esta villa…17 maravedíes” (Vazquez, 2006, 191-192). En Villena, el Concejo villenense contrató a unos músicos en 1547 para participar en la romería de septiembre y participar en la fiesta patronal en el Santuario de la Virgen de las Virtudes: “Señalemos como dato curioso que, en 1547, se pagaron al trompeta Gayanos, vecino de Murcia, cinco reales que hizo de gasto en el mesón con su compañía y bestias el día 8 de septiembre.” (Soler, 1984; 1997, 197).

15 “Fundamental era para el éxito de las romerías la intervención de los músicos, como ponen de manifiesto algunos de los testigos mencionados: Martín de Valera, por ejemplo, dice que “llevan trompetas y otros instrumentos por honrar la dicha procesión”, y añade: porque algún año ha visto que no llevaban menestriles e trompetas en la dicha procesión y no viene gente de las comarcas por no llevar los dichos menestriles y trompetas, porque el año que las llevan se hace pregonar quice días antes de la fiesta”. Juan García de Sepúlveda abunda en esta opinión, pues dice que “el Concejo da de comer a los clérigos e a los menistriles, e paga el gasto que se hace, e que por honra de la fiesta, porque viene mucha gente de muchas partes, traen las trompetas e ministriles.” (Soler, 1984; 1997, 197).
Los ministriles no sólo participaban en los actos religiosos, sino que lo hacían también en los festivos, ya que “según la Gran Enciclopedia de la Región Valenciana, con la palabra ministriles, en los siglos XIV y XV se designaba a los músicos instrumentistas que estaban al servicio palaciego de una corte real, los cuales, desde los siglos XV y XVI empezaron a aparecer en las catedrales, doblando o supliendo alguna de las voces del coro. Acompañaban también, ellos solos, las procesiones, ejerciendo una función semejante a las actuales bandas de música.” (Vañó, 1987, 173 nota 2).

16 Según el Informe del Ayuntamiento de Villena de 1868, los vecinos que participaban en la soldadesca iban vestidos a la antigua española armados con los antiguos arcabuces, y arreglados por parejas e iban disparando delante de la procesión de la Virgen de las Virtudes, que se celebra el día 8 de Setiembre, y acompañarla después, cuando el día 9 regresa a su Santuario, que dista como una legua de esta Ciudad. En el artículo 22 del reglamento de la filà Navarros de Xixona, que se fundó el 2 de febrero de 1896, se estipula que cada uno de los individuos de esta Filada ocupará en los actos de fiesta el puesto que le corresponda por suerte. Para este objetivo se numerarán todos los individuos y se formarán todas las parejas posibles, colocándose la primera pareja, que será la que obtenga los números uno y dos, detrás del primero y del último trueno respectivamente. La segunda pareja, número tres y cuatro y así sucesivemente hasta terminar.

17 En el artículo 9º del reglamento de la filà Marinos de Xixona, de fecha 18 de febrero de 1874, se regula su participación en las fiestas: “De los fondos de la filada se costeará también dos blusas, cinturones, polaynas y sombreros para otras tantas cantineras, y en el caso de querer salir otras, admitidas que sean por junta, deberán hacerse el traje a sus costas”.

18 Esta comedia, dividida en dos partes con tres jornadas cada una, se representó en la iglesia de Santiago durante el siglo XVIII y relata toda la leyenda de la proclamación y aparición de la Virgen de las Virtudes, en la primera parte, y los milagros que se le atribuyen, en la segunda, finalizando con la leyenda del milagro del cautivo de Argel y la conversión al cristianismo del moro que lo acompañaba (Gabaldón, 1757; Soler, 1953; Vilar y Rojas, 2000, 2001; Domene, 2014; Prieto y Domene, 2014). Es del mismo género que El Lucero de Caudete, que al modificarse en el siglo XIX originó los actuales Episodios Caudetanos y que también se celebraba anualmente al menos desde 1617 con el título de Comedia Poética, es otra variante de la misma fiesta, la de autos sacramentales o comedias de moros y cristianos celebradas anualmente y unidas a la fiesta patronal. Al modificarse en el siglo XIX, tras la construcción del primer castillo de embajadas en 1814, se transformó en los actuales Episodios Caudetanos, que tuvieron algunas modificaciones más (Serrano, 1976). La existencia de la comedia de Gabaldón se cita en la prensa del siglo XIX, concretamente en un artículo sobre las fiestas de Villena publicado en el periódico El Católico con fecha 8-10-1849 (Gil, 2013), aunque no se dice si se representaban. En él, se habla del origen de la devoción a la Virgen de las Virtudes y se dice que “estas noticias hemos podido sacar de una comedia que existe en Villena de los milagros y origen de esta patrona” (Gil, 2013, 109), por lo que el autor del artículo resumió el argumento de la primera comedia de Gabaldón en el siguiente párrafo: “En Villena se practica lo mismo con Nuestra Señora de las Virtudes. Pocas noticias hemos podido adquirir acerca del origen de esta Señora; sólo hemos podido averiguar, aunque con bastante trabajo, que en cierta época afligió a aquella ciudad una peste que dejó bastantes huérfanos y viudas. Loa habitantes, afligidos por esta calamidad, determinaron nombrar un santo para que, por medio de su intercesión, cesase el cruel azote. A tal efecto se reunieron el ayuntamiento y principales del pueblo de acuerdo con la autoridad eclesiástica, e introdujeron en un cántaro varios nombres de santos para sacar a la suerte el patrón de Villena. Un niño metió la mano en el referido cántaro, y sacó una cédula con el nombre: María de las Virtudes. Maravilláronse los circunstantes al ver un nombre que no habían metido en suerte. Volvió el niño a introducir la mano, y sacó la misma inscripción. Repitiéndose por tres veces esta operación, hasta que tuvieron que ceder al impulso divino. Por fin, unos peregrinos, según dicen, en una caja llevaron una imagen con este título. Estas noticias hemos podido sacar de una comedia que existe en Villena de los milagros y origen de esta patrona. Erigiósele un monasterio a una legua de distancia, en un sitio llamado La Laguna, y allí es venerada” (Gil, 2013, 109).

19 La más antigua que se conoce de este tipo es la Embajada de los Contrabandistas de Alcoy, cuyo texto es más antiguo (1833) que el de las embajadas serias (1838). Las embajadas de contrabandistas se fueron extendiendo por otras localidades al mismo tiempo que la comparsa homónima. En las localidades donde no había comparsa de Contrabandistas, las embajadas humorísticas las representaban otras comparsas. En Villena, por ejemplo, la realizaban las comparsas de Estudiantes y Cristianos en el llamado Pacto de la Alianza, cuyo texto conocido más antiguo es de 1891 y fue escrito por Pepe el Chinto, si bien ese acto está documentado ya en 1857 (Caballero, 1857) y 1868, en el Archivo Municipal de Villena, entre las comparsas de Romanos y Cristianos. En 1915 se empezó a representar en Xixona una peculiar embajada humorística conocida como el Juicio del Moro Traidor. Otras embajadas humorísticas son la Embaixà del Tonell de Muro, la Bacalá de Sax o la Chusma de Petrer.

20 Así, en Villena por ejemplo, la Entrada ha pasado de duran 45 minutos a finales del siglo XIX y dos horas y media en la posguerra, a cuatro horas en los años ochenta y a las siete horas actuales (Domene y Sempere, 1989, 38, 102-103). Pero todavía dura más en otras poblaciones, que incluso tienen un número mucho menor de festeros, llegando a las diez horas en Onteniente.

21 En algunas localidades como Sax, hay tres entradas desde principios o mediados del siglo XX, pero en la mayoría es un fenómeno reciente. La duplicación de la Entrada ocurrió en Villena con la creación en 1955 de la Cabalgata, desfile nocturno en orden y recorrido inversos a los de la Entrada, con el fin de sustituir a una Retreta (Domene y Sempere, 1989, 108). Después, ocurrió también en otras muchas poblaciones.

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