La Mahoma en las fiestas de Sax


Gabino Ponce Herrero

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La figura de Mahoma se ha convertido en icono controvertido por su significado. Pero es cuestión antigua que ha gravitado sobre nuestras fiestas desde sus orígenes. Se propone un análisis de los distintos significados de esa figura a través de la historia antigua y reciente, sobre la base de la evolución de tal símbolo en las fiestas de moros y cristianos de Sax.

1.- DE MONIGOTE A ICONO DE CULTO

Todos los años, tras la primera embajada, un animado grupo de festeros trepa por las almenas del castillo para izar un gigante, vestido de moro, que ciñe un formidable alfanje, al que conocemos como “la Mahoma”. Simboliza la victoria de las tropas moras sobre las cristianas y enseñoreará el pequeño castillo efímeramente hasta que, al día siguiente, con la victoria y reconquista cristiana de la fortaleza, el gigante sea desmontado, al tiempo que se arrían las banderas con la media luna. Con algunas modificaciones, el acto se repite en todas las ciudades que celebran fiestas de moros y cristianos a la antigua.

El programa de fiestas más antiguo conservado, editado en 1889, recoge entre los actos del día 2 de febrero el siguiente texto: Terminadas las vísperas de costumbre en la Parroquia se verificará la embajada de Moros y Cristianos y toma del castillo, colocando en él la efigie de Mahoma… Y entre los actos del día 3, después de subir a San Blas a su ermita: …marcharán las comparsas en retirada hacia la plaza del Parador, punto donde está situado el Castillo, con simulacro de guerrilla, procediendo a la embajada, toma del Castillo y voladura de la cabeza de Mahoma.

Foto / Fig. 1.- sassofono, Entrada del día 2 de febrero de 1912. Se observa el castillo de embajadas, la comparsa de Moros entrando a la plaza Cervantes, los arcabuces en acto de guerrilla y, al fondo, la efigie de la Mahoma, cerrando el desfile. Fuente: Archivo Fotográfico A. Martínez Castillo

Considerado parte de la tramoya de la comedia representada durante las Embajadas, como las almenas, banderas, trajes y fuegos artificiales, pocos festeros han visto en ese gigante un símbolo de otra religión. Ni siquiera hoy, pese a estar tan avisados al respecto. infatti, tuvo que explicarse muy bien porqué, a partir del Concilio Vaticano II, ese gigante de cartón debía o bien desaparecer de las fiestas o bien no ser vejado, tal como era la inveterada costumbre sajeña.

in 1965 finalizaba el Concilio Vaticano II, presidido por el Pablo VI, con el acuerdo, in particolare, de promover un mayor respeto hacia las demás religiones, tal como se reflejaba en el documento Nostra Aetate, sobre las relaciones de la iglesia con las religiones no cristianas, donde se señalaba” La Iglesia mira también con aprecio a los musulmanes que adoran al único Dios, viviente y subsistente, misericordioso y todo poderoso, Creador del cielo y de la tierra, que habló a los hombres, a cuyos ocultos designios procuran someterse con toda el alma como se sometió a Dios Abraham, a quien la fe islámica mira con complacencia. Veneran a Jesús como profeta, aunque no lo reconocen como Dios; honran a María, su Madre virginal, y a veces también la invocan devotamente…Si en el transcurso de los siglos surgieron no pocas desavenencias y enemistades entre cristianos y musulmanes, el Sagrado Concilio exhorta a todos a que, olvidando lo pasado, procuren y promuevan unidos la justicia social, los bienes morales, la paz y la libertad para todos los hombres…La Iglesia, pertanto, reprueba como ajena al espíritu de Cristo cualquier discriminación o vejación realizada por motivos de raza o color, de condición o religión. El peso de la nueva doctrina católica fue tal que en España, pese a muchos y con grandes limitaciones, dos años más tarde, in 1967, se aprobaba la primera Ley de libertad religiosa1.

Los coetáneos apuntan también como causa del problema la independencia de las colonias francesas y española de Marruecos, in 1956, y de Argelia en 1962, con el consiguiente retorno de sajeños (y de otros pueblos alicantinos), antiguos colonos expulsados, que explicaban la crudeza del nuevo enfrentamiento entre árabes y colonos –moros y cristianos–, al tiempo que las reivindicaciones, restituciones y reconocimientos exigidos por los nuevos Gobiernos de esos países independizados, entre ellos el Protectorado español de Marruecos en 1958. No es anécdota infundada, como después se verá, y tiene un trasfondo político muy interesante, hasta ahora poco analizado.

A partir de ahí, en algunos pueblos dejaron de “sacar a la Mahoma”, relegada en algún rincón del cuartelillo festero o, como en Sax, se siguió sacando bien que a escondidas y, luego, con el respeto que su nueva condición de icono religioso le confería. Cabe señalar que, también en la mentalidad de los sajeños la Mahoma ha pasado, desde entonces, de ser espantajo escarnecido a ser objeto de culto, cuidado y aún mimado, acompañado en su escalo anual al castillo con toda suerte de fanfarrias y absoluta compostura. De la nocturnidad y alevosía con que el gigante era instalado en la fortaleza se ha pasado a un profundo sentimiento de orgullo en la Comparsa de Moros por ser los depositarios de tan egregia figura, orgullo que se manifiesta en la organización de todo un desfile de relumbrón para acompañar la Mahoma del castillo al cuartelillo.

2.- UN PASADO REPROBABLE

¡Tienes la cabeza más gorda que la Mahoma! es dicho tradicional en Sax que, como otras cosas de nuestro pasado, se va perdiendo. Alude claro está al tamaño de la cabeza del gigante, pero más que fisiológico tiene el sentido figurado de cabezota o testarudo. También se oye… ¡ser más estirao que la Mahoma! o… ¡ser un Mahomo! En definitiva, son apelaciones a un personaje concebido en el pasado como monigote grotesco, al que un animoso grupo de jaraneros sajeños sacaban a pasear en carro emperifollado como colofón de los desfiles, entre cantos y burlas, en acto más propio del Carnaval que de la cada vez más envarada liturgia festera.

En sus primeros tiempos era monigote de palos, con un falso traje en gran medida pintado directamente sobre la madera, décadas mas tarde engalanado con unas simples telas -azul para el cuerpo y roja para la capa-, con los brazos articulados, al menos el diestro donde portaba una formidable cuchilla de madera. La cabeza de cartón modelado, esbozaba unos rasgos más occidentales que árabes: infatti, si uno observa con detalle las imágenes adjuntas comprobará como son mucho más cetrinos los rostros de los sajeños de la época que el de la Mahoma. El cabezón podía moverse, de izquierda a derecha y, ligeramente, de arriba hacia abajo. Movimientos más que suficientes para que la chusma pudiese entablar pendenciera monserga con el gigante:

-¿Mahoma… quieres agua?… y el gigante negaba girando la cabeza de izquierda a derecha
-¿Mahoma… quieres vino?… y el gigante afirmaba moviendo arriba y abajo la cabeza, ante el regocijo popular, que también la interpelaba por si quería mojama.

Se sucedía así un completo interrogatorio para escarnio del gigante y risa del pueblo congregado masivamente (como se ve en las imágenes) en divertido e ingenuo acto, al que después se motejó de público pecado.

Pero…si algo grande tenía el monigote era el puro: tremendo caliqueño que se fingía con una carretilla con trueno, a la que se prendía fuego tras la embajada, para que el petardo final explotase haciendo añicos la cabeza del gigante. così, cada año se renovaba la cabeza, cuyo carácter quedaba al albur del maestro fallero, sufragada por la Mayordomía al menos hasta los años 1960, aunque es posible que, con anterioridad, tanto su figura como la fiesta a su alrededor fuese colectada por los participantes en tan desenfrenado acto que recuerda, al menos en lo formal, a los también ya desaparecidos desfiles de la Bacalá al finalizar las fiestas de Moros y Cristianos: populares, bulliciosos, satíricos y bullangueros.

Nel programma del festival 1954, un artículo irónico de Joaquín Barceló (1954) relata el desfile de Mahoma como gozosa manifestación popular, a bordo de un carro “ingeniosamente engalanado con ramajes”, cargado con un “…voluminoso tonel de vino que su verde carroza lleva para fortalecer el ánimo de aquellos que se sientan desfallecer en su contienda…” Señala el carácter disciplinario de todos los actos festivos y, così, halla explicación en el desfile de Mahoma en “…la llegada del coloso representativo del poder africano”. Esa puede ser, chiaramente, la lectura más superficial del significado de Mahoma en las fiestas de Moros y Cristianos. Pero del análisis más minucioso del tono satírico del artículo y de los componentes de la comitiva mahometana, se trasluce otro mensaje disciplinario: el de la encarnación de los vicios populares –la alegría, la juerga y un “encorsetado” desenfreno- desatados por la ingesta de vino, permitidos como primer acto de una novela ejemplar que, al día siguiente, acaba con la edificante muerte de su principal encarnación: Mahoma y/o el pecado.

Foto / Fig. 2.- sassofono, la Mahoma en 1915, en la Calle Progreso. Sobre el carro enramado los donosos acompañantes, disfrazados, algunos con turbantes, haciendo ostentación de bebidas. Fuente: A.F.A.M. Castillo

En otros pueblos (tal vez en Sax en algún momento), acabada la embajada y defenestrada la Mahoma por la explosión, se procedía a un grotesco entierro del cuerpo, entre ayes, lamentos y vino, en formación parecida a la del entierro de la sardina. Hoy ese acto postrero se sigue representando en muchos pueblos, con mayor o menor respeto, en medio de un proceso de reflexión sobre los significados que el pueblo le da: acabar con los males de un año en catarsis colectiva, tal como se hace en las fallas; y los que desde otros lados se quiere asignar al acto: menosprecio a una religión.

Sin duda, aquella representación podía herir la susceptibilidad de los mahometanos. En Sax es dicho común (leyenda urbana) que se dejó de explotar la cabeza “porque un moro que pasó por las fiestas lo vio y se quejó”. En el fondo subyace una interesada manipulación de la figura de Mahoma, por parte de los poderes político y religioso, que se arrastra desde muy antiguo: la milicia y la verdadera fe aliadas contra el enemigo común por africano y mahometano. En ese sentido, debe recordarse que los intereses políticos y los enfrentamientos bélicos entre España y el Norte de África no acabaron, molto meno, con la reconquista. Las guerras contra Marruecos se suceden desde 1859 hasta 1975: guerras de África y de Margallo en el s. XIX, y de Melilla, del Rif y del Sahara en el s. XX. Pero también en suelo patrio hubo enfrentamientos, si se tiene en cuenta la entrada de los mamelucos de Napoleón en 1808, cuyos trajes inspiraron muchas de las comparsas de Moros alicantinas –entre ellas la de Sax-. Unos y otros –marroquíes y mamelucos- constituyeron el enemigo por naturaleza de los ejércitos españoles en el s. XIX, forja de la nueva leyenda de valores patrios que fue acuñando el romanticismo, con tan profunda huella en los textos de nuestras embajadas festeras, en los trajes y hasta en los cargos festeros.

Foto / Fig. 3.- sassofono. La guerrilla del día 2 de febrero de 1916. La bullanguera corte de la Mahoma ajena a la solemnidad del acto. Fuente: A.F.A.M. Castillo

3.- MAHOMA NUEVO PROFETA DE LA MISMA FE RENOVADA

No se conoce mucho de los orígenes de Mahoma (Muhammad), aunque se cree que nació hacia el año 571, en La Meca, en el seno de una familia pobre. Al quedar huérfano, a los seis años fue recogido y criado por su tío, e iniciado en el comercio de caravanas por Arabia. Casado a los veinticinco años con una rica viuda, pudo asentarse de forma más desahogada e interesarse por las dos religiones monoteístas de la época: el judaísmo y el cristianismo. En un proceso de creciente espiritualidad, a los cuarenta años comenzó a retirarse al desierto, como hacían otros eremitas, con el objeto de meditar. Allí recibió la revelación de Dios –Alá- a través del arcángel Gabriel, abriendo paso a una nueva religión que, como otras en sus orígenes, anteponía la igualdad social y le hermandad. pertanto, el profeta fue seguido por los pobres y perseguido por los poderosos, hasta verse obligado a huir a otra ciudad, Yatrib o Medina, anno 622: ese viaje se conoce como la Hégira, y es el punto de partida del calendario musulmán (para el que el año cristiano 2016 es el año 1437).

Con ese viaje comenzó a expandirse por toda Asia y el Norte de África una nueva religión monoteísta, fundamentada en el precepto “no hay más Dios que Alá y Mahoma es su profeta”, con cinco obligaciones básicas recogidas en el Corán: la creencia en un solo Dios, la oración, el ayuno, la limosna y la peregrinación a La Meca, al menos una vez en la vida. Para el Islam, Mahoma es el último de los profetas enviado por Dios para actualizar su mensaje, después de enviar a otros profetas con el mismo cometido, entre ellos a Abraham, Moisés y Jesús.

Mediante una audaz combinación de predicación y guerra, el islamismo llegó a Gibraltar y saltó cómodamente el estrecho: en apenas quince años, entre el 711 e 725, los árabes conquistaron prácticamente toda la Península Ibérica. El primero en cruzar el estrecho fue Táriq Ibn Ziyad, gobernador de Tánger, en cuyo honor se bautizó: Gibraltar o Djebel Táriq; esto es, la Montaña de Táriq). Con la desaparición de Don Rodrigo, se esfumó también el poder visigodo y se amenazó claramente el poder de una Iglesia Católica intrigante, que administraba justicia y ponía y quitaba reyes.

No desapareció el cristianismo, de hecho siguió practicándose y los cristianos bajo gobierno islámico, pudieron mantener sus creencias y fueron denominados mozárabes. En nuestras tierras sobrevivió el reino cristiano de Teodomiro de Orihuela: la Kora de Tudmir, donde presumiblemente quedó integrado el lugar de Sax y sus mozárabes. tuttavia, el poder es el poder y poco a poco la mayor parte de los lugareños fueron adaptándose a la nueva cultura, de manera que el Islam y la cultura árabe acabaron por enseñorearse de todo, sobre todo en las estructuras dominantes del antiguo régimen feudal.

4.- MAHOMA ENEMIGO OFICIAL DE LA CRISTIANDAD

Son muchos los autores que ponen en duda la supuesta convivencia armoniosa de las tres religiones monoteístas en la España medieval. Se considera que, infatti, entre las clases populares no existían demasiados roces. tuttavia, entre las elites dirigentes pronto comenzaron los recelos, las luchas ciegas por el poder y las intrigas, hasta el punto de que se organizasen claras campañas de desprestigios de unas y otras, orquestadas, en cada caso, por las jerarquías religiosas.

En la tradición cristiana, que es la que nos interesa para conocer la evolución del concepto de Mahoma, se abrió una vigorosa línea de pensamiento escolástico orientada a refutar las otras religiones monoteístas, intentando demostrar filosóficamente su condición de simples herejías. Aparecieron con profusión en el Medioevo europeo multitud de textos escritos ex profeso para demonizar el Islam, que arrancan ya en el siglo VII, pero que alcanzan su apogeo durante los siglos IX a XVII, coincidiendo con la pujanza (y amenaza) del poder árabe sobre Europa por todos sus costados y el impulso, primero a las cruzadas para la conquista de los lugares sagrados, y también más tarde a la reconquista de España.

Con esa misión, los polemistas cristianos cargaron las tintas contra la figura de Mahoma, al que señalaron, primero como falso profeta y luego, no contentos con ello, ya que el Islam seguía expandiéndose exitosamente, lo señalaron como un compendio de todos los vicios. Más o menos cuando Don Artal de Alagón intentaba la conquista de Sax nació Ramón Llull en Palma de Mallorca (1232-1315). Beato, filósofo y teólogo, dispuso su sabia pluma al servicio de la cristiandad escribiendo, tra gli altri, la Doctrina pueril, el Liber disputationis Raimundi christiani et Homerici Saraceni y el Llibre contra Anticrist, donde ponía empeño en destacar que Mahoma era un hombre lujurioso y lleno de vicios, al que trataba de identificar con el anticristo:“Mafumet fo home molt luxuriós e hac IX mullers, e ac paria ab moltes d’altres fembres, e donà la secta molt ampla; e per la amplea que donà, les gents hagueren creensa en ses paraules, e aprés sa mort seguiren la secta”

La nómina de apologetas era amplia. Por la época, el dominico Ramón Martí (1230-1286) escribía su De Seta Machometi o De origine, progressu et fine Machometi et quadruplici reprobatione prophetiae eius: “Para demostrar que Mahoma no fue profeta o enviado de Dios, como afirman los sarracenos, que perecen miserablemente al seguir sus blasfemias y errores…”

Foto / Fig. 4.- Grabados de Mahoma y Ramón Llull. Fuente: www.ruizhealytimes.com

En esa misma tradición se expresaron otros muchos eruditos, entre los que cabe señalar al belga Denys van Leeuwen o Dionisio el Cartujo (1402-1471) y su obra Contra perfidiam Mahometi libri quattuor, en el que mantiene el discurso sobre Mahoma de intentar probar que es un falso profeta, un hereje y, en la misma línea vejatoria, describirlo como persona sanguinaria y lujuriosa, de escandalosa promiscuidad sexual: meretrix seu scortator mulierum, y lubricissimus et libidinosissimus. El Cartujo señalaba que el fundador del Islam llegó a tener un harén de 17 mujeres, mientras a los musulmanes se les permitía tener hasta cuatro esposas (y repudiarlas).

Muy recientemente, Karen Armstrong ha señalado que el inusitado empeño que pusieron a lo largo de los siglos los polemistas del bando cristiano en achacar a Mahoma todas las perversiones sexuales imaginables se debía a “la envidia mal disimulada que sentían a la vista de una religión tan indulgente y laxa en esta materia frente a la rigidez de una Iglesia que imponía el celibato a sus clérigos: los asombrosos relatos acerca de la vida sexual de Mahoma revelan mucho más sobre las represiones de los cristianos que sobre la vida del propio profeta” (Armstrong, 2005).

Más aún, no sólo en esta tierra eran más prometedores los parabienes de abrazar el Islam, sino también en el más allá, etapa para la que el Corán prometía a los creyentes una proyección de todos los placeres terrenales: manjares exquisitos, vestidos lujosos, frondosos jardines, mujeres preciosas. Mientras Dionisio el Cartujo intentaba convencer a sus correligionarios de que el hombre no había sido creado para los placeres de la carne “comunes a cerdos y a perros”, sino para unirse a Dios “pues esa unión es la verdadera felicidad y la suprema perfección del hombre”. Con esa buena nueva, se entiende mejore que en 15 años los musulmanes conquistaran España y el pueblo se resistiese 780 años a ser reconquistado.

5.- LAS PRIMERAS REPRESENTACIONES DE LA FIGURA DE MAHOMA EN LAS FIESTAS

Parece evidente que, para los dirigentes de la Iglesia cristiana medieval, la figura de Mahoma debía encarnar todo tipo de vicios y, pertanto, resultaba icono formidable para encarnar el mal, en una época en que pocos accedían al lujo de la lectura y la doctrina debía entrar más por los ojos que por las letras. Así se forjó la imaginería cristiana, para mostrar en vivo, con esculturas de gran realismo, el profundo drama de la pasión cristiana. Por el contrario, el Corán prohíbe la representación de la figura humana, con lo que la “batalla de la imagen” la tuvieron perdida desde el primer momento al no pode replicar.

En el mundo cristiano, las manifestaciones escenográficas con figuras son muy antiguas. Se representan al menos desde el siglo XII con ocasión de grandes fiestas cortesanas, en forma de pequeñas comedias o sainetes desarrollados entre plato y plato de los grandes festines, de ahí su denominación de entremeses. En opinión de Joan Amades (1952), la fiesta religiosa tomó parte de ese aparato escénico, lo sacó a la calle y lo engrandeció, añadiendo diversos personajes bíblicos, sin que otros personajes profanos llegasen del todo a desaparecer. Con el ánimo de dotar la festividad del Corpus Christi de la máxima grandiosidad, se copiaron los entremeses palatinos y se sacaron a la calle para deleite de un pueblo llano e ingenuo, que los contemplaba embelesado. Señala que la primera representación de la eucaristía en forma de procesión del Corpus Christi con entremeses plásticos conocida es la del año 1391.

En sentido inverso, cuando se trataba de celebrar fiestas extraordinarias y solemnes en las ciudades, como hechos de armas, nacimientos de príncipes, bodas reales o visitas reales, la ciudad intentaba emular en la calle el esplendor de la procesión del Corpus, pero sin el Santísimo. Salían a la calle figuras de todo tipo, representaciones de personajes bíblicos y personajes profanos, para bailar, desfilar y representar pequeñas batallas.

Ejemplos de utilización de la iconografía del Corpus en otras celebraciones aparecen desde la Baja Edad Media, sobre todo en tierras de Andalucía, donde la conquista cristiana avanzaba día a día y eran más precisas las estrategias publicitarias en defensa de la fe cristiana y, claro está, en contra de la fe islámica. Particular interés revisten las jornadas de fiestas que organizaba el muy galante Don Miguel Lucas, Condestable de Iranzo (Eisman, 1998). En su corte, establecida en Jaén desde 1461, eran frecuentes las galas y cenas para celebrar las diferentes festividades del año, como relata Contreras: “en la noche, después de cenar, casi cumpliendo un rito se abre el baile con los condes y su familia, sin olvidar los juegos de cañas y otros ejercicios de armas…El primer domingo después de Pascua de la Navidad el condestable invita a comer a los señores de la iglesia mayor y por la noche, después de la cena, se hacen bailes, danzas y algo parecido a una representación teatral denominada en la Crónica «momos y personages”

Mucho más interesante es la crónica de las celebraciones organizadas por el Condestable en las Navidades del año 1463: “con un acentuado gusto por lo morisco. Cerca estaban las guerras con el moro de Granada y esta vida azarosa de la frontera se dibuja también en la vida de todos los días de forma que esta vez las fiestas tienen un marcado acento en estos temas:“e los moros fingieron venir con su rey de Marruecos, de su reyno y trayan delante al su profeta Mahomad de la casa de Meca, con el Alcorán e libros de su ley… con muchas trompetas e atabales delante…enbió con dos caballeros suyos una carta bermeja al dicho señor Condestable”.

En Málaga en 1487 se celebró una procesión con esa escenografía para celebrar la conquista de la ciudad. in 1492 se repitió en Granada tras ser ocupada por los Reyes Católicos. Otras muchas celebraciones por el estilo jalonan los siglos XV, XVI y XVII. En Madrid, in 1623 se organizó una “procesión de cruces, pendones, cofradías, gigantes, danzas e invenciones como el día del Corpus” (Portús, 1993).

Al parecer, los primeros gigantes fueron las figuras de Goliat, vencido por el rey David, y de San Cristóbal, que paulatinamente fueron perdiendo su significado bíblico, tal vez por su alternancia en actos religiosos y lúdicos, para desarrollarse y expandirse durante los siglos XV y XVI como meros gigantes, que se representan como un guerrero fuerte y feroz, armado hasta los dientes (véase la Mahoma de Sax de 1915).

Uno y otro motivo puede rastrearse en el origen de nuestra Mahoma. Personaje religioso en el que se encarnaban todos los males, frente a las virtudes de los demás personajes bíblicos, y a la vez gigante de aspecto feroz en el que se encarna la fortaleza del enemigo vencido: cuanto más fuerte es el vencido mayor es la gloria del vencedor.

Son muchos los investigadores que coinciden en la influencia que las celebraciones del Corpus, con toda su parafernalia, han tenido en la organización de las demás fiestas populares. infatti, comparar las fiestas celebradas con otros motivos con la magnificencia propia de las fiestas del Corpus fue común en todas las ciudades, para reseñar el empeño puesto por el Concejo o el Señor titular en la organización de otros festejos más prosaicos.

Se discute si la primera celebración de la festividad del Corpus fue la de Colonia en 1279, la de Toledo en 1280, la de Sevilla en 1282 o la de Barcelona. Esa fiesta recibió un fuerte impulso con el Concilio de Trento, concebida desde entonces como unas celebraciones combativas contra la herejía, con marcado perfil propagandístico ante la probada eficiencia de lucir la escenografía religiosa en tan multitudinarias y ostentosas manifestaciones públicas. Como recoge el texto del propio Concilio (López, 1847): “…que la costumbre de celebrar con singular veneración y solemnidad todos los años, en cierto día señalado y festivo, este sublime y venerado Sacramento, y la de conducirlo en procesiones honorífica y reverentemente por las calles y lugares públicos…(hará que) la verdad victoriosamente triunfe de tal modo de la mentira y herejía, que sus enemigos a vista de tanto esplendor, y testigos del grande regocijo de la Iglesia universal, o debilitados y quebrantados se consuman de envidia, o avergonzados y confundidos vuelvan alguna vez sobre sí”

El Corpus adquiría todo su esplendor más allá de una mera representación sacramental y se conformaba, a la vez, como una gran procesión cívica, con una estructura fuertemente jerarquizada, reflejo del orden social imperante en la que, además de los elementos religiosos, había una gran participación de elementos de raigambre popular, como los gigantes, las danzas y las variadas escenografías. En Madrid, in 1481 el Concejo obliga, bajo pena de multa, a que todos los gremios artesanales de la ciudad dispongan salir en la procesión, tras las autoridades civiles y religiosas y, norma de especial interés para nuestras fiestas (Cayetano, 2002):“…E mandaron que los moros e los judíos saquen el dicho día, los moros sus juegos e danzas, so la mesma pena…”

Foto / Fig. 5.- Gigantes de las procesiones del Corpus de Maià (anno 1936) y Tarragona (anno 1865). Se observa un traje de época muy parecido al de los Cristianos de Sax. Fuente: Amades, 1952, Costumari català

La Monarquía española apoyó y reforzó esas celebraciones, en las que la participación popular iba creciendo al tiempo que lo hacían danzas, gigantes y carrozas escenográficas profanas y representaciones teatrales alegóricas del triunfo de la verdadera fe sobre la herejía en plena calle, hasta que los puristas decretos de Carlos III, a finales del s. XVIII, y los de Carlos IV a principios del s. XIX intentaron poner freno a esas manifestaciones populares, llegando a prohibir danzas, gigantones y comedias en el Corpus. Precisamente cuando comienza el denominado proceso de reorganización de las fiestas de moros y cristianos y la aparición de las primeras comparsas. Es cuestión que sin duda exige una mayor atención entre los historiadores de la fiesta, para seguir las posibles vinculaciones existentes; muy en concreto, merece un seguimiento minucioso la Novisima Recopilación de las Leyes de España, sancionada por Carlos IV en 1805 por cuanto supone de reorganización de la vida cotidiana en los pueblos, desde la administración local, hasta las fiestas y reorganización de los cabildos.

Es menester señalar que en la procesión del Corpus, se incorporó durante el Barroco la figura de la Tarasca, con posible origen en la fiesta de la Tarasque de Tarascón, que tiene origen en la leyenda medieval que narra como un animal extraordinario y malvado, que vivía en una cueva próxima a la ciudad (y que se representa teatralmente como un dragón o gran serpiente) fue vencido por Santa María, llegada a Francia procedente de Tierra Santa, logrando con esa victoria la conversión de todos los habitantes de la ciudad al cristianismo. Pero la iconografía de la Virgen victoriosa sobre el dragón (véase la similitud con Sant Jordi) devino ante el gusto popular en simple mujer, disfrazada satíricamente cada año a la última moda (como crítica a la vanidad), o con el sentido más profundo del triunfo de la bella sobre la bestia y del bien sobre el mal.

La Tarasca salía acompañada por gigantes, cuyo significado variaba con los años: representaban bien los pecados capitales, bien personajes de diferentes partes del Mundo ataviados con sus ropajes, bien diferentes virtudes, bien el pasado histórico de la ciudad: en Granada representan a los reyes moros, Boabdil y Moraima, y a los cristianos Fernando e Isabel. Durante el s. XVIII, en general, en España los gigantes básicos eran cuatro y representaban a españoles, turcos, negros y moros.

anche, al menos en Madrid, tarascas y gigantes salían acompañados de unos mozos que recibían el nombre de “mojigón”, término derivado de la pieza teatral llamada “mojiganga”, que consiste en un breve texto en verso, de carácter cómico-burlesco y musical, para fin de fiesta, con predominio de la confusión y el disparate deliberados. Características que tanto nos recuerdan a la Bacalá en Sax, y a otros actos de fin de fiestas de moros y cristianos en otras ciudades vecinas. Probablemente, sea esa mojiganga la que más se asemejara a los actos de acompañamiento de la Mahoma de Sax en su lúdico peregrinaje hacia las almenas del castillo de embajadas hasta que la comparsa de Moros se hiciese cargo de la misma, reorganizando el cortejo: de mojiganga a solemne procesión.

Posiblemente una reminiscencia más desarrollada de esa mojiganga en nuestras tierras sea La pantomima de Biar –comedia bufa desarrollada en la calle- seguida del Ball dels espìes, que acompaña la gigantesca figura de Mahoma entre versos satíricos

Pues bien, en la fiestas del Corpus de 1482 en Madrid, en atención a la visita de la reina Isabel la Católica, salieron gigantes, danzas y mojigones: hombres vestidos de moros y mujeres disfrazadas de ángeles que representaban en rudimentaria mojiganga callejera la victoria de los ángeles sobre los moros y concluía con la decapitación de Mahoma, un pelele que luego era quemado (Portús, 1993). Aunque de una cosa no pueda deducirse directamente la otra, no cabe mayor semejanza con nuestra Mahoma: mojiganga, decapitación y fuego al monigote.

En la Historia de Sax, de Francisco Juan y Marco, editada en 1920, se reseña la siguiente descripción de un singular acto: En lo alto del Castillo, o sea en el primer piso, se quema la estatua de “Mahoma”; estalla, al abrasarse su cabeza, con una bomba, con lo cual termina la función…Una nota típica hay en estas fiestas: la ridícula efigie de la Mahoma …El primer día guarnecen el castillo los Cristianos, enarbolando la bandera de la cruz…Luego de la primera embajada, tras marcial simulacro, son derrotados por los Moros y siendo sustituidas las banderas Cristianas por las de la media luna; entonces conducido en un modesto carro adornado con verdes ramas de álamo, y acompañado de unos enmascarados que producen con sus gesticulaciones la hilaridad de la muchedumbre, marcha triunfante el falso profeta: grotesco monigote que mueve los brazos y la cabeza.

Del alevoso agasajo a la Mahoma existen diferentes fotografías de principios del siglo XX (figuras 2 e 3). Es posible que en otras épocas tales actos estuvieran bien organizados a manera de danza o baile, como señala Gil Peláez (2001), tal como el Ball dels espìes de Biar, o como otras danzas de moros que han pervivido en las procesiones del Corpus y en otras fiestas tradicionales, como el dance de moros y cristianos de Alagón, o las danzas de moros y cristianos de México y Perú. En cualquier caso, las celebraciones sajeñas que pervivieron hasta el último tercio del siglo pasado se asemejaban más a la mojiganga castellana y a La pantomima de Biar.

Foto / Fig. 6.- sassofono. La Mahoma llegando en su carro, con su alegre cortejo, al castillo de embajadas. Año 1915. Fuente: A.F.A.M. Castillo

6.- EL CAMBIO DE GÉNERO DE MAHOMA EN LAS FIESTAS

Otra cuestión tan peliaguda como su origen es la del cambio de género experimentado, al menos, en la denominación de la figura de Mahoma: ¿por qué la en lugar de el Mahoma? Hasta ahora hemos visto como los referentes más antiguos siempre presentan a un hombre viril (y hasta prolífico) en sus relaciones con las mujeres. D'altronde, en las figuraciones como gigante aparece como superhombre, de feroz rostro, en cuyas proporciones se adivina una potencia sobrehumana. Esto es, en definitiva las alusiones clásicas se alejan por completo de una presumible figura afeminada o de género confuso.

Un intento de explicación puede seguirse a partir de la consideración clásica de Mahoma como la encarnación del mal absoluto para los cristianos medievales que, al mismo tiempo, en otra línea de pensamiento escolástico más desarrollada aún que la dedicada a Mahoma, achacaban a la mujer el mismo papel de encarnación del pecado absoluto: el pecado original.

Desde los primeros tiempos del cristianismo se describe a la mujer como la culpable de la caída en desgracia del Mundo. En el Génesis 3:1-16, se explicita como fue Eva la seducida por la serpiente y quien diera la manzana prohibida a Adán. De ahí se deriva toda una teoría que culpabiliza a la mujer (Timoteo 2:14), de haber engañado a Adán, y por ende, haber sido responsable del pecado. Muy asentado entre los considerados padres de la Iglesia, Tertuliano de Cartago (155-245 d.C.) sacaba estas conclusiones de la lectura de los textos bíblicos: “Cada mujer debiera estarcaminando como Eva, acongojada y arrepentida, de manera que por cada vestimenta de penitencia, ella pueda expiar más completamente lo que ella obtuvo de Eva, el estigma, quiero decir, del primer pecado, y aborrecimiento (atado a ella como la causa) de la perdición humana.

La retórica contra la mujer alcanzó particular significado en la obra de Ambrosiastro (S. IV d.C.), que tuvo gran predicamento durante toda la Edad Media, merced a la promulgación del Decreto de Graciano (anno 1140) que regiría esa particular línea de pensamiento de la Iglesia católica hasta el año 1917: “Las mujeres deben cubrirse sus cabezas, porque ellas no son la imagen de Dios. Ellas deben hacer esto como signo de sumisión a la autoridad y porque el pecado entró al mundo a través de ellas”.

Los mismos prejuicios se hallan en las iglesias reformistas, donde se mantuvo esa teología misógina post-escolástica, como expresa Juan Knox (1514-1572) referente de la Reforma o Cisma Protestante, después de Lutero y Calvino.

Cuestión generalizada y asumida como natural, el papel social de la mujer fue siempre minusvalorada a causa de su supuesta culpa, dando paso circunstancialmente a una verdadera persecución y hasta odio hacia la mujer. Evidencia de ello son las persecuciones durante todo el medioevo de aquella mujeres que osaron salir de la norma, consideradas inmediatamente como brujas, a las que había que dar caza y, claro está, someterlas al fuego purificador (como a la figura de Mahoma).

El libro católico El martillo de las brujas (Malleus Maleficarum), escrito por los teólogos dominicos Jakob Sprenger y Heinrich Kramer fue recomendado por el Papa Inocencio VIII en 1484 como “manual de instrucciones contra las mujeres raras”. En esa obra se dice: “Qué puede ser una mujer, sino la enemiga en la amistad, un castigo inescapable, un mal necesario, una tentación natural, una calamidad deseable, un peligro doméstico, un detrimento deleitable, un mal de la naturaleza, pintada de bellos colores.

pertanto, el cambio de género de la figura de Mahoma podría haberse dado en algún momento por asimilación, en la consideración popular, de los dos principales depositarios clásicos del pecado y de la maldad absoluta: la mujer y Mahoma.

Otra aproximación al fenómeno puede hacerse desde la sociología y, en concreto, desde el pensamiento que trabaja en género y en los papeles asignados a cada una de las personas de acuerdo con su sexo. En el debate científico por lo general se describe al género como una construcción social y al sexo como biológico. A partir de ahí se considera el género como un invento y una imposición clara desde las estructuras del poder, en manos de los hombres desde antiguo (apoyada en narraciones y textos, como los bíblicos) que sería necesario potenciar para prolongar ese dominio de los hombres sobre las mujeres.

Aplicado este pensamiento al monigote que representa la figura de Mahoma, para rebajarlo, en primer lugar habría que despojarlo de su condición de género masculino.

Ese mismo concepto subyace en el proceso de cosificación, según el cual, una persona deja de ser tratada como tal para atribuírsele la condición de objeto. Ha sido figura retórica muy utilizada en la literatura. La poesía renacentista, per esempio, transforma a la mujer en un auténtico objeto de lujo compuesto de materias preciosas. Más se acerca a nuestro objetivo el proceso de cosificación desarrollado durante el Barroco como mecanismo satírico para degradar, como recuerda el soneto dedicado por Francisco de Quevedo (1580-1645) a Góngora (o mejor dicho, a su prominente nariz): “Érase un hombre a una nariz pegado, érase una nariz superlativa…”

Puede por tanto deberse a un artificio de retórica literaria con el propósito claro de sátira y degradación. Por ese camino, también cabría indicar que, una vez cosificado el concepto de Mahoma y, pertanto, desprovisto de su condición de persona y de profeta, quedaría convertido en el entendimiento de las clases populares como un mero objeto, creado y recreado cada año para su divertimento.

En ese proceso sociológico tendría lugar una norma fonológica de largo recorrido de reajuste en la asignación del masculino y del femenino, frecuente en las zonas rurales y entre las capas más populares, según la cual, dado que la cosa llamada Mahoma termina en “a”, se sustantiva en femenino y el artículo que le corresponde es la y no el. Se trata de un fenómeno común en el habla popular para equilibrar el concepto de género con el morfema al que se asigna y, pertanto, la concordancia de los artículos determinantes: la Mahoma.

7.- LA MAHOMA DE SAX

7.1.- Símbolo del poder del bando Moro (mundo árabe)

Del análisis de los actos recogidos como oficiales en el programa anual de fiestas, confeccionado por la Mayordomía de San Blas, se colige que la efigie era responsabilidad directa de esa institución festera ya en el s. XIX. La figura de Mahoma formaba parte esencial de la escenificación de la conquista y reconquista del castillo de embajadas. En todos los programas de fiestas conservados en Sax desde 1889 hasta 1916, al señalar los “actos oficiales” (y por tanto organizados por la Mayordomía de San Blas) se repite la frase: “… se verificará la embajada de Moros y Cristianos y toma del Castillo colocando en él la efigie de Mahoma” referida a la embajada del primer día (tenutasi il 2 de febrero); y en la embajada del día siguiente: “…terminada ésta, a la toma del Castillo y voladura de la cabeza de Mahoma”.

Del periodo 1917-1934 la Mayordomía no ha conservado programas de fiestas. Pero es sintomático que desde el programa de 1935 (hasta el presente) ya no aparezca ninguna referencia a Mahoma entre los actos o compromisos oficiales de las comparsas y, perché, de la Mayordomía, pese a que ésta seguía guardando el monigote, comprando la cabeza y encargando su traslado y montaje en el castillo de embajadas (quizá por festeros delegados). Es posible que algo tuviese que ver el alto sentimiento republicano de Sax (manifiesto en una de sus comparsas dedicada a Garibaldi) y la promulgación, in 1933, de la Ley de Confesiones y Congregaciones religiosas, que eliminaba privilegios a la Iglesia católica y consagraba la libertad de culto y el respeto a las demás religiones existentes en España (Gaceta, 3/06/1933). En ese sentido, sería interesante comprobar en los programas anteriores a la promulgación de la Ley si se mantienen todavía o no las menciones a Mahoma.

La imagen más antigua conservada hasta el presente es una fotografía datada en 1912, donde se intuye un gigante con cabeza desmesurada, quizá para resaltar su aspecto grotesco, quizá por falta de pericia del artesano que configuró la cabeza. En las fotografías posteriores se comprueba un mayor equilibrio entre las proporciones del torso y de la cabeza, de acuerdo con los cánones de la iconografía de los gigantes catalanes, en los que el objetivo no es ridiculizar la figura, sino, bien al contrario, mostrar la imagen de un feroz guerrero. Este último criterio es el que a permanecido en las postreras representaciones, cada vez más realistas en las que la esfinge de la Mahoma ha ido perdiendo fiereza y los rasgos árabes que la caracterizaron en el pasado (hoy presenta unos claros rasgos caucásicos).

Foto / Fig. 7.- Cabezas de la Mahoma de Sax en 1912, 1915un, 1915B, 1916, 1935, 1952, 1993 e 2016. Fuente: UN. F. UN. M. Castillo, Fotografía J.M. Espí y Mayordomía de San Blas

Por lo que respecta al traje, se observa una clara evolución desde unas elementales líneas figuradas con pintura sobre la madera hasta un traje completo de la comparsa de Moros. En las imágenes de 1915 e 1916 se observa un cuerpo de madera pintado a manera de traje de moro, con chaleco abierto sobre una guerra (todo figurado) donde aparece una estrella de seis puntas sobre una media luna, y sobre la espalda una sencilla capa blanca. No puede verse si llevaba pantalones. En las fotos de 1912 e 195, la cabeza parece de madera compacta, sin relieves, sobre la que va una especie de careta coronada con un yelmo medieval con dos adornos en forma de pequeñas plumas. tuttavia, en la foto de 1916 la cabeza es claramente de bulto redondo, probablemente de papel maché y va sin yelmo ni turbante.

En la imagen de 1935 se observa una cabeza desproporcionada con respecto a un cuerpo mucho más pequeño (que casi no se aprecia), que adopta de nuevo los rasgos de un guerreo con yelmo. En la foto de 1952 se aprecia un nuevo cuerpo, con chaleco pintado sobre la madera, pero con lo que ya parecen unas prendas de tela: pantalones obscuros (tal vez rojos) y fajín claro. Con una cabeza de aspecto grotesco y tez obscura sin gorro ni yelmo. En otra foto de 1954 se observa el cuerpo sin cabeza, ya todo vestido de tela: pantalones obscuros, fajín claro, chaleco blanco sobre guerrera de otro color. in 1988, cuando la comparsa de Moros vestía definitivamente la Mahoma con su traje actual, remplazaba una guerrera azul, una capa blanca y, ocasionalmente, un fez rojo, como el que aparece en el dibujo de Blas Hernández de 1954.

Foto / Fig. 8.- La Mahoma de Sax en 1954, según Blas Hernández. Fuente: Programa Fiestas de Sax, 1954

La variedad en la fisonomía parece que sólo obedece al gusto del artesano encargado de realizarla, que a mediados del siglo XX fue un tal Gilito y, después, un miembro de la familia de los Lagartos. Hecha de cartón reblandecido, prensado sobre un molde de escayola por el “procedimiento de apretón”, se finalizaba pintando unos someros rasgos, suficientes para su efímera misión. A veces llevaba casco guerrero y otras veces iba descubierta. Algunos recuerdan utilizar una orza pintada como cabeza, que gozaba de la misma condición de pieza frágil y fácilmente rompible tras el chusco protocolo.

Mi padre, a la sazón secretario de la Mayordomía de San Blas en los años 1960, me cuenta que la antigua cabeza de la Mahoma la hacía un artesano local motejado por “el Lagarto”, con papel mojado y cola, tal como se confeccionaban las fallas por la época. Durante algunos años, desde su confección hasta las fiestas, estuvo guardada en casa de mis padres (y yo podía jugar con el enorme cabezón algunos días). ma, el Lagarto, que tenía el molde de la cabeza, dejo de cobrar varios servicios prestados a la Mayordomía: “…se dejó engañar otro año más y volvió a entregar una nueva cabeza, pero al siguiente decidió romper el molde para no verse forzado a colaborar con la Mayordomía, eso unos días antes de las Fiestas”. così, cuando en las vísperas fueron los mayordomos a solicitar la nueva entrega, se encontraron sin cabeza y, roto el molde, sin posibilidad de forzar la generosidad del Lagarto.

En esa tesitura, la Mayordomía echó mano de influencias y buscó por los pueblos vecinos una cabeza de Mahoma prestada. Incluso intentaron comprarla en algunas fábricas de muñecas de Biar y Onil, pero ningún fabricante se comprometió a la entrega en tan poco tiempo. Tras varias infructuosas gestiones, por fin la hallaron en Castalla, merced a las buenas gestiones con Don Toribio, célebre cura de esa ciudad. Fueron los Moros Grocs (Moros Amarillos) quienes prestaron la cabeza con la condición de que no se explotase y fuese devuelta en perfecto estado a Castalla (algo parecido al préstamo entre Biar y Villena). En esa comparsa castallense todavía se guarda el viejo molde de escayola, aunque las nuevas Mahomas, como en Sax, ya han sido encargadas a maestros falleros. così, ese año no se explosionó, pero no causó mucho malestar por cuanto iba imponiéndose el respeto a las otras religiones impulsado por las autoridades religiosas. Para la Mayordomía sería todo un alivio, ya no tenían que preocuparse por renovar la cabeza de Mahoma: coincidían aspectos religiosos y económicos.

Cuentan que el cuerpo “dormía” todo el año en la bodega de Rivellés, en el Barrio de la Estación, donde se montaba y preparaba el parrandero boato que la acompañaba hasta el castillo de embajadas. Las imágenes más antiguas muestran a la Mahoma sobre un carro ornamentado con ramas de pino, sobre el que también iban encaramados algunos zagales, quizá entonando coplas y letrillas a lo largo del desfile, como permite suponer tanto las guitarras que aparecen en las fotos, como el vino que corre entre los acompañantes.

Foto / Fig. 9.- sassofono. La Mahoma en desfile de 1935. Fuente: A.F.A.M. Castillo

7.2.- Símbolo político

Si en la primera mitad del siglo XX el boato con que llega al castillo parece indicar todo un complejo protocolo de actuación (con la consabida cantinela del interrogatorio… Mahoma… ¿quieres mojama?… y la voladura de la cabeza), mediada la centuria su levantamiento sobre las almenas era ya cuestión menor, llevada a cabo por los propios mayordomos, tras la primera embajada. En ese trajín recuerdo, in particolare, a un sempiterno mayordomo: Cristóbal “el Rastrillaor”.

Como va dicho, da 1935 hasta el presente, en los programas de fiestas desaparece toda referencia la figura de Mahoma, como su hubiese dejado de ser elemento imprescindible para la Mayordomía. Pese a ello, se seguía realizando su pomposo y popular desfile y se colocaba su efigie sobre las almenas del castillo de embajadas. Se ha insistido mucho en que fueron cuestiones religiosas (Concilio Vaticano II de 1959) las responsables del creciente respeto a la figura de Mahoma. No lo negaremos, pero aventuramos ahora otra hipótesis, tal vez complementaria de la anterior –por la estrecha unión entre el régimen de Franco y la Iglesia católica-, o al menos con los mismos visos de realidad.

En los años de la postguerra civil y tras la segunda guerra mundial, España quedó aislada de las potencias occidentales. En ese contexto, Franco, militar africanista, desarrolló una estrategia de aproximación a los Estados Unidos ofreciéndose como mediador con el mundo islámico: la alianza Mediterránea debería ser el complemento del Pacto Atlántico para frenar la expansión de la URSS (Fisac, 2013: 288 y ss.). Ese sería el origen de la “tradicional política de amistad” de Franco con el los países del Norte de África: la Liga Árabe, que le llevaría a favorecer el proceso de independencia de las colonias europeas, entre ellas paradójicamente el Protectorado español de Marruecos, en actitud que sorprendía a los opositores en el exilio2.

Foto / Fig. 10.- sassofono. La Mahoma en el castillo de embajadas en 1952. Parece un cuerpo pintado, pero con fajín y pantalón de tela. Fuente: A.F.A.M. Castillo

En ese proceso, in 1952, el propio Indalecio Prieto se preguntaba cómo un “cruzado defensor del catolicismo podía convertirse en protector del Islam”3, al comentar el siguiente comunicado del Caudillo al mundo árabe en 1951: “La espiritualidad, la tradición y el sentido religioso que siempre han caracterizado vuestra vida y que conserváis como la mas preciada joya… son comunes a los que como nosotros, amantes de su fe y de sus tradiciones, venimos defendiendo en este espolón occidental de la vieja Europa la espiritualidad y el sentido religioso de la vida” (Franco, 1955). El dictador, pese a su historia militar, defendía la idiosincrasia de los pueblos árabes, fieles devotos de Mahoma, como contrapunto al materialismo soviético contra el que comenzaba a adquirir relevancia. Mientras el mundo occidental y soviético lo marginaba, trababa multitud de relaciones con Jordania, Egipto, Líbano o Pakistán e incluso con Marruecos –a espalda de los franceses y en contra de los intereses independentistas del Riff-.

in 1955, el diario ABC recogía esta interesante noticia: Rabat, 28. El Partido Demócrata de la Independencia ha dirigido un llamamiento al pueblo, en el que dice que la hora de la reconciliación y de ¡la unión sagrada! ha sonado para todos los patriotas. El Glaui –añade- forma ya en las filas del movimiento de restauración y liberación nacional. Un solo pensamiento que debe animar a los marroquíes todos: continuar la lucha por el regreso inmediato a Rabat de nuestro Sultán bien amado, para que, bajo su esclarecida égida, Marruecos recobre su prosperidad, unión, soberanía e independencia. Marruecos se prepara para celebrar mañana, con gran-esplendor, la fiesta del MtiHid, que conmemora el nacimiento de Mahoma. El Consejo del Trono ha dirigido un mensaje al pueblo para que celebre, digna y jubilosamente, el Mulud, que coincidirá, con la llegada a Francia de Ben Yussci. El Consejo formula votos por que esta jornada sea preludio de una nueva era de realización de esperanzas y aspiraciones, dentro de unaentente cordialMarruecos-Francia.

Como se ve, los aliados de Franco celebraban el nacimiento de Mahoma como fecha reivindicativa de la liberación colonial de Francia (religión y política de nuevo de la mano). ma, tales celebraciones eran mas antiguas y también tenían lugar en el Protectorado español. El mismo diario ABC, in 1940 recoge esta noticia: Las fiestas del nacimiento de Mahoma Tetuán 16. Está ultimado el programa de las fiestas que se han de celebrar por los musulmanes, con motivo de las festividades del nacimiento de Mahoma, entre cuyos actos se hará la entrega de casas baratas a los mutilados musulmanes, ofrenda á los caídos, musulmanes durante la guerra de liberación (guerra civil española); reparto de víveres a los pobres; ofrenda al Patrón de la ciudad, Sidi Manídri; desfile de gremios musulmanes, concurso literario árabe; conciertos de música; boxeo; carreras ciclistas, e, por último, carreras de pólvora y gran cabalgata. Las fiestas durarán desde el 21 al 25. Como se ve, el régimen franquista conocía bien el alto significado de la figura de Mahoma entre sus tropas africanas y, perché, convertía su natalicio en fecha de reivindicación de la cultura árabe dentro del Protectorado español.

Al margen de las anteriores consideraciones, es interesante resaltar algunas analogías de esa celebración con nuestras fiestas de Moros y Cristianos, tales como la celebración del Patrón de la ciudad, las carreras de pólvora y la gran cabalgata.

Foto / Fig. 11.- Carreras de pólvora en Tetuán, con motivo de la fiesta de Mahoma, anni 1950. Fuente: http://antoniomarincara.blogspot.com

Como se ve, puede inferirse una clara relación entre la figura de Mahoma y la política franquista en relación con el mundo árabe en general, y con los intereses concretos de España en Marruecos. Otra cosa es deducir una relación directa causa-efecto entre esas estrategias y la pérdida de significación oficial de la Mahoma en nuestras fiestas, aunque sumada a las posibles causas ya comentadas, este enfoque contribuye a recrear el escenario socio-político en el que las autoridades locales –Jefe local del Movimiento- tan vinculado con la Mayordomía de San Blas –Presidente de la misma-, dejaron de gobernar la figura de Mahoma y ésta dejó de encarnar el compendio de todos los pecados.

Foto / Fig. 12.- sassofono, 1954. La Mahoma sin cabeza en el castillo de embajadas. Fuente: Moros de Sax

7.3.- Símbolo de la comparsa de Moros

così, huérfana de padres, la Mahoma iría paulatinamente cayendo en manos de los organizadores de su peculiar desfile y, tal como relata Joaquín Barceló (1954), se fue convirtiendo en un mero divertimento popular. Los artífices reales de que cada año el figurón ascendiese al castillo de embajadas no cejaron en su empeño, bien que de manera menos formal. De hecho casi a escondidas y con ningún protocolo (cuando antes se llevaba en pasacalles en adornado carro, formando parte del boato escénico del desfile). Al finalizar la primera embajada y ganar los moros el castillo, una vez despejada la plaza y salida la última comparsa, precisamente la de Moros, algunos miembros de esa comparsa la izaban a las almenas, donde permanecía 24 horas hasta la “reconquista cristiana” del castillo de embajadas.

Paulatinamente, al tiempo que perdía su papel de víctima en la catarsis social local, y las autoridades festeras se desentendían de la Mahoma, fue ganando simbolismo como icono y emblema de la comparsa de Moros. En los años 1970 dejó de llevarse de forma celada y comenzó a hacerse ostentación de la misma: pasó de ser llevada en volandas por calles secundarias a encaramarse en un modesto carro y, luego, a enseñorear una moderna carroza de fiestas, de nuevo como atrezo del desfile al final de esa comparsa, pero con otro papel social muy aminorado y ningún simbolismo religioso.

Foto / Fig. 13.- sassofono. La Mahoma en 1993, ataviada con el traje de la comparsa de Moros. Fuente: Mayordomía San Blas

El proceso de apropiación culminaría a finales de la siguiente década: in 1988 la comparsa arreglaba el viejo y deteriorado monigote y en 1989 lo vestía con el traje de gala de los Moros (Moros, 2015). En un paso más, in 2007 se trasladaba la Mahoma en andas especialmente diseñadas, en solemne acto de respeto, acompañada de autoridades y cargos de esa comparsa, con banda de música propia para el acto. Hoy se ha convertido en emblema muy apreciado de esa comparsa y como tal aparece en su galería de emblemas, junto con las banderas y la farola (http://www.comparsamorosdesax.es). De ser monigote arrumbado en viejos almacenes industriales, se ha convertido en figura de respeto instalada en una vitrina entre los enseres más queridos de la comparsa.

La paulatina pérdida de carisma del monigote, los ya relatados sucesos de los años 1960 (Concilio Vaticano II, independencia de las colonias de África, estrategias internacionales) e, quizá de manera especial, el incipiente proceso de reglamentación y modernización de nuestras fiestas, sobre todo en el ánimo de una Mayordomía cada vez más y mejor estructurada, se hallen en el origen de la caída en desgracia de un acto que fue muy popular, y que casaba mal con el nuevo aire más formal y marcial con que se impulsaban las Fiestas en esos años, que de pronto comenzaban a tener hasta “interés turístico”.

La fiestas de Sax, organizadas desde al menos el s. XIX por derecho consuetudinario, in 1965 creaban la Asociación de Comparsas (por Ley de Asociaciones de 1964), que se integraba en 1970 en la Mayordomía de San Blas. Comenzaba la organización y modernización de las viejas fiestas, se cambiaban banderines por lanzas, aparecían capas y chilabas y las fiestas de moros y cristianos comenzaban a pautarse conforme con cánones más serios, con horarios y reglamentos. En ese contexto cultural, un acto tan banal tenía poca cabida.

Foto / Fig. 14.- sassofono. Solemne traslado en andas de la Mahoma por la comparsa de Moros en 2007. Fuente: Fotografía J.M. Espí

8.- UN FUTURO INCIERTO

En esta breve narración se ha visto como todo fluye. Heráclito (530-480 a.C.) afirmaba que el fundamento de todo está en el cambio incesante. Pero el filósofo griego tiene pocos seguidores en las fiestas sajeñas. Por eso, algo tan interesante y novedoso como el intento de adaptación del “manejo” de la Mahoma a los nuevos y cambiantes tiempos no ha sido del todo bien apreciado. En muchos pubelos ha dejado de sacarse. En Villena se ha dado una reclamación por parte de la comunidad islámica y se ha pedido que el gigante cambie de nombre, no que deje de sacarse. En Sax, los Moros todavía no han cambiado el nombre, pero si su aspecto, cada vez más occidental y caucásico, para alejarlo voluntariamente tanto de las formas grotescas del s. XIX, como de las arabizantes del s. XX.

En mi opinión, tan destacada figura de nuestras fiestas exige un poco mas de atención entre los amantes de la fiesta en general, para que de la atención brote la reflexión y con ella nuevas propuestas. Necesariamente serán novedosas, ya que parece que el camino emprendido de mayor respeto hacia esa figura no tiene vuelta atrás.

Se abre por tanto un nuevo tiempo para la Mahoma (y para sus custodios). La figura sigue cosificada, pero se palpa en el ambiente el creciente respeto con que se le trata. Del respeto se está pasando a la ceremonia (entendida como trato solemne durante una celebración), y desde la ceremonia ha comenzado a abrirse paso un ritual todavía balbuceante, con el firme propósito (eso creo) de perpetuarse en el tiempo. Cuando las sociedades repiten rituales comienzan a pautarlos, estableciendo algunas normas. Pues bien, a esas celebraciones ceremoniosas, pautadas y con trasfondo religioso se les conoce como liturgias: justo en el polo opuesto a las astracanadas imperantes hasta mediados del siglo pasado.

En los Moros de Sax se observa el deseo de establecer una adecuada liturgia para el trato a la Mahoma, como merece tan destacado emblema y timbre de orgullo de la comparsa. Quizá por ahí este la solución a la actual “cuestión” de nuestros tiempos. Heráclito decía que lo único permanente es la razón, la fuerza que hace que todo cambie para ajustarse a los tiempos y a las coyunturas, para que prevalezca siempre el principio de armonía: de eso se trata.

NOTE DELLA PAGINA:

1 Ley 44/1967, di 28 de junio, regulando el ejercicio del derecho civil a la libertad en materia religiosa. BOE núm. 156, di 1 luglio 1967, pp. 9191 un 9194

2 El Socialista del exilio, 17/04/1952, s/p.

3 El Socialista del exilio, 8/05/1952, s/p: “… no deja de parecer extraño que quien hizo su carrera militar matando moros se finja el mejor amigo de ellos.

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