Cavanilles, el Vinalopó y los inicios de la industria de Banyeres de Mariola


Juan Antonio Calabuig Ferre. Cronista Oficial de Banyeres de Mariola

Descarregar document

HOMENAJE AL BOTÁNICO CAVANILLES, 222 AÑOS DESPUÉS DE LA PUBLICACIÓN DE SU LIBRO

Hemos disfrutado paseando por las riberas del río Vinalopó, entre el Partidor y los molinos “Ombria”, “Sol” y “Pont”, y nos hemos acordado del botánico Cavanilles, que a finales del siglo XVIII permaneció bastantes días en estas tierras altas, recorriendo la Sierra Mariola y las poblaciones situadas en su entorno. Y hemos decidido dedicarle este artículo, como un sencillo homenaje al gran botánico, teniendo a la vista su principal obra y el célebre grabado en el que dibujó nuestro pueblo. Estamos convencidos de que también habría disfrutado Cavanilles caminando de nuevo junto al cauce del rio Vinalopó, desde la Font de la Coveta y Ull de Canals hasta los antiguos molinos papeleros situados en las laderas de la Penya la Blasca, en las inmediaciones de Serrella. El testimonio literario y gráfico, de este gran viajero de la ilustración española, sigue teniendo un enorme valor, y así debemos reconocérselo.

La “Ruta dels Molins” de Banyeres de Mariola se ha convertido en unos de los nuevos y más interesantes atractivos del denominado turismo de naturaleza del interior de la Comunidad Valenciana. Y el éxito de este itinerario, de elevado valor paisajístico y medioambiental, va a incrementarse conforme se vaya ampliando este recorrido y se acometa íntegramente la ambiciosa rehabilitación de los emblemáticos “Molí Sol” y “Molí Pont”.

El paseo por las riberas del río Vinalopó permite admirar una rica vegetación, que sorprende gratamente, sobre todo porque cada vez es más frecuente encontrarnos en nuestro territorio con zonas áridas y resecas. El conocimiento de esta especie de oasis verde del curso alto del rio Vinalopó contribuye asimismo al descubrimiento de la historia de los molinos dedicados a la fabricación de papel, que durante muchos años fueron el principal motor económico de Banyeres de Mariola. Además, esta ruta permite el acceso fácil a senderos que recorren las sierras Mariola y Fontanella, en dirección a Alcoy, Biar, Bocairent, Onil y Beneixama.

El “Molí l’Ombria” es uno de los puntos neurálgicos de esta ruta, al iniciarse en sus inmediaciones los caminos que nos conducen a lugares tan atractivos como la Penya la Blasca, la “Font del Teularet de Roc” o la colina en la que se encuentran los restos del castillo y del antiguo poblado de Serrella. Este tramo del río Vinalopó nos proporciona, además, una auténtica lección sobre el aprovechamiento integral y exhaustivo del agua, utilizando unos recursos hídricos más bien escasos, tanto para la agricultura como para la industria. Nos agrada, por ello, que la “Ruta dels Molins” se vincule con un proyecto más amplio del ayuntamiento de Banyeres de Mariola como es el del “Parc de l’Aigua”, y que se contemple la potenciación del Museu Valencià del Paper, que se ubica provisionalmente en “Villa Rosario”, junto a la Font Bona. Todo este conjunto de actuaciones se sitúa en el ámbito del desarrollo sostenible y de la promoción turística, medioambiental y cultural, de Banyeres y del parque natural de la Sierra Mariola, cuyo centro de interpretación se encuentra en la masía “Ull de Canals”, junto a la sede de la fundación “Llar de Mariola”.

Por todo ello, queremos, aquí y ahora, rendir homenaje al botánico Cavanilles, que recorrió nuestras tierras a finales del siglo XVIII y que publicó en Madrid, en la Imprenta Real, en el año 1795, su monumental obra maestra, titulada “Observaciones sobre la historia natural, geografía, agricultura, población y frutos del Reyno de Valencia”. Se trata de la mejor crónica que se ha escrito sobre la naturaleza del territorio valenciano, y muchas de las descripciones realizadas por esta gran figura de la Ilustración española siguen considerando se como magistrales, imprescindibles
e insuperables. Por ejemplo, sus narraciones relativas a la Sierra Mariola, desde la variedad de sus plantas aromáticas y medicinales a los ríos que en ella y en sus inmediaciones nacen, o las referencias a la abundancia de sus manantiales y a las espectaculares vistas panorámicas que se contemplan desde la cumbre del Montcabrer.

El incansable viajero no pudo contar con una cámara fotográfica ni con ningún vehículo de motor, pero Cavanilles sí incluyó en los dos volúmenes de su obra algunos grabados realizados por él mismo. Uno de esos grabados (que aparece entre las páginas 168 y 169 del segundo tomo de su obra) está dedicado a Banyeres. Tiene por ello un gran valor, como testimonio único e irrepetible, ese grabado, en el que dibuja, a grandes rasgos, lo que era nuestro pueblo hace unos 230 años, ya que visitó nuestras comarcas entre 1780 y 1793. En ese grabado podemos contemplar las siluetas de algunos de los edificios más representativos de nuestro patrimonio histórico-artístico: el castillo, la iglesia parroquial, con su gran torre- campanario, la ermita del Santo Cristo y la torre de la Font Bona. Y apoya su dibujo con este texto: “Desde el collado se descubre la villa de Bañeres, desde donde tomé la vista adjunta. Hállase Bañeres como desparramada sobre uno de los apéndices de Mariola, y sus calles y edificios parte al norte, y en mayor número al sur del peñón coronado por los restos del castillo…”.

Y en las diversas páginas que dedicó Cavanilles a la Sierra Mariola y a los municipios situados en su entorno, se incluyen una serie de comentarios que queremos resaltar, porque aluden directamente a la vida de nuestros antepasados, muchos de ellos labradores (“maseros” en nuestro léxico popular habitual) y otros dedicados a la fabricación de papel y de artículos textiles.

EL RÍO VINALOPÓ

El gran botánico valenciano describe magníficamente el curso alto del rio (que denomina Vinalapó) y cuyas aguas fecundan parte de nuestros campos. “El Vinalapó principia en el rincón de Bodí o foya del Bobalar a una hora al poniente de Montcabrer, y sigue pobre por barrancos hasta las inmediaciones de la torrecilla torrecilla de su nombre: allí se aumenta con multitud de fuentes, muchas de ellas copiosas; mueve un molino de papel, otro de harina, y riega varias huertas. Engrosado así llega a la presa y se parte en dos porciones, una para regar lo que pertenece a Bañeres y Bocayrent; y otra para Benijama y Biar: ambos canales pasan por la parte occidental de Bañeres, y después toma cada uno su dirección. Conserva el nombre de rio el que la tiene hacia poniente, y después de recibir las aguas del barranco que baxar de Ull de Canals, y las inútiles al Collado, entra en el valle de Biar…”

Fotografía: Grabado dibujado por J Cavanilles

Está el botánico y escritor reflejando el intenso trabajo que hicieron nuestros antepasados, siglos atrás, para regular las preciadas aguas, con acequias, balsas y azudes, para así administrar entre los cuatro pueblos citados el caudal de este rio, nacido en el corazón de la Sierra Mariola. Nos sirven estas referencias para destacar la gran labor que, durante centurias, han desarrollado los regantes de las cuatro poblaciones para que hubiera armonía, equilibrio y consenso, en vez de enfrentamientos estériles entre los labradores de estas comarcas. El símbolo de esta admirable gestión supramunicipal de las aguas del Vinalopó lo tenemos en “el Partidor”, ese pequeño edificio de piedra situado entre el Barranc Fondo y el Molí l’Ombria, en donde se distribuyen las aguas de este río.

BANYERES AGRÍCOLA

Cavanilles describe a Banyeres como un pueblo dedicado principalmente a la agricultura. Y habla de las dificultades que entraña un territorio abrupto: “Su huerta es por lo común de un suelo tan pobre, que apenas daría fruto sin las aguas que le llegan de Mariola. A fuerza de continuos trabajos, cogen los de Bañeres 1300 cahices de trigo, 600 de cebada, 500 entre centeno y avena, 1100 de maíz…”. Y continúa el ilustre botánico concretando la producción de vino, aceite, almendra, lana, seda, etc.

LOS INICIOS DE LA INDUSTRIA DE BANYERES

Menciona el insigne viajero del siglo XVIII la existencia en aquellos tiempos de un molino de papel blanco y de algunas fábricas,en las que se producían “gorros, estameñas, faxas, delantales, lienzo…”. Además, menciona Cavanilles el funcionamiento de tres fábricas de aguardiente. Relataba así el gran cronista el modesto inicio de la industrialización de nuestro pueblo. En aquellos años Cavanilles señaló en su libro, con absoluta rotundidad, que Alcoy era la primera población industrial del Reino de Valencia, seguida de Bocairent, que estaba centrada en la confección de tejidos de lana. Banyeres tuvo que apostar por la industria, porque la agricultura, a pesar de las aguas del rio Vinalopó, no podía garantizar mucha prosperidad. Debió ser muy grande la laboriosidad y la capacidad de iniciativa y de imaginación de empresarios y trabajadores de finales del siglo XVIII, porque Cavanilles escribió estas frases tan elocuentes: “A ningunos del reyno ceden en su aplicación al trabajo, uniendo a esta virtud la de la economía, por lo que han desterrado del pueblo la miseria…”. Y añade un detalle: “Únicamente se conocen dos pobres que piden limosna en los días que no pueden ir a trabajar”.

Reflejó así Cavanilles la clave de Banyeres como una de las poblaciones que está logrando, con gran esfuerzo, superar las enormes dificultades de la tremenda crisis económica y social, combinando dedicación, constancia, imaginación, creatividad, iniciativa, austeridad, productividad y muchas horas de trabajo. Banyeres está logrando mantenerse en la vanguardia de la industria textil, aunque la fabricación de papel casi haya desaparecido y surjan nuevas industrias, como las relacionadas con el plástico.

EMIGRACIÓN EN EL SIGLO XVIII

Cuando Cavanilles visitó Banyeres, pudo detectar un preocupante problema social: el de la emigración: “Apenas tenía Bañeres 70 vecinos a principios del siglo actual (XVIII) y hoy cuenta 497, sin el grande número que han salido a poblar otras tierras…”. Fijémonos en esta observación: muchos de los habitantes de nuestro pueblo tuvieron que desplazarse a otros lugares en los que la actividad industrial o las fértiles huertas les permitieran vislumbrar un porvenir más próspero y una mayor calidad de vida. Afortunadamente, la situación cambió y, desde la segunda mitad del siglo XX, el progreso industrial y social y las mejores condiciones de vida (educación y sanidad, sobre todo) posibilitaron un avance demográfico. Banyeres se convirtió en una villa acogedora, hospitalaria y abierta a los nuevos habitantes. A nuestro municipio se trasladaron a vivir muchas personas procedentes, en una primera etapa, de otras regiones de España, como Andalucia, Extremadura, Castilla-la Mancha o Murcia. Y es importante destacar el alto grado de integración de estos nuevos habitantes de Banyeres, que también han sido protagonistas de este periodo de progreso de nuestro pueblo.

LAS FIESTAS A SAN JORGE

Y concluimos este artículo con una referencia a nuestras fiestas patronales, vistas por Cavanilles. En el cuaderno de viaje en el que Cavanilles escribía diversas anotaciones y comentarios, se refleja su relevante e incuestionable testimonio sobre nuestras fiestas patronales. Tal vez fuera una casualidad, pero lo cierto es que Cavanilles presenció nuestras fiestas y dejó constancia, en su manuscrito, de que ya a finales del siglo XVIII “Hacían los de Bañeres en ese día fiesta a San Jorge.”. Se trataba, por lo tanto, de una festividad religiosa, en honor al patrón de la villa. El ilustre escritor debió estar
presente el día 23 de abril, día de Sant Jordi, ya que menciona que, al día siguiente, continuaron las celebraciones, “con gran estruendo de tyros y ataques”, en alusión, sin lugar a dudas, a los simulacros de batallas con arcabuces que tienen lugar en nuestras calles y plazas el día 24 de abril. Y complementa Cavanilles sus observaciones sobre nuestras fiestas, hablando claramente de “moros y cristianos”. Porque describe que, por la mañana, los moros conquistan el castillo y, más tarde, se produce “la represa”, o sea, la recuperación de la fortaleza por parte de los cristianos. Es muy valioso ese testimonio directo, claro y conciso de Antonio José Cavanilles, que presenció, hace unos 230 años, las fiestas de moros y cristianos que aquellos “banyeruts” ya dedicaban a nuestro patrón.

Por todo ello, este cronista ha querido agradecer al gran escritor y viajero del siglo XVIII, su testimonio escrito sobre aquellos lejanos y difíciles tiempos en los que nuestros antepasados trabajaban con tenacidad en fábricas y bancales, mientras forjaban y defendían nuestras tradiciones más valiosas y respetadas.