Anotaciones para la historia


Antonio Mataix Blanquer

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Las efemérides son una forma de recordar lo que aconteció hace tiempo, es una excusa para revivir, volver al pasado y resaltar los valores que el tiempo va difuminando llegando a producir el olvido.

En 2016 se cumplió el 25 aniversario de la restitución de la bandera local y apenas encontramos alguna reseña, tan solo una breve referencia con el origen incierto o los escasos datos en que se apoyó tal decisión.

Este artículo pretende aportar datos y dar a conocer el proceso que originó a un acuerdo unánime de todas las fuerzas políticas de aquella época y que se consustanció con una serie de documentación aportada tanto por técnicos y especialistas, como de las propias Universidades de la Comunidad Valenciana.

El punto inicial es el escrito del escribano Laureano Ballester, en nombre del alcalde y regidores de la entonces Universidad de Banieres dirigido a D. Daniel Mahoní, Mariscal de Campo y Gobernador en el que textualmente suplica en fecha 11 de enero de 1708:

«…si hubiera cubrimiento de armas para acabar de armar a estos vecinos, pues de la villa de Bocairente escogimos aquellos que se pudieran, y por ser los mismos no fue posible el sacar bastantes armas, y repetimos si fuese justo, la representación que tenemos hecha a Vuestra Excelencia de los pedreros o presos para recomponer este castillo y una bandera que está pintado el Glorioso San Jorge, que cuando vinieron a quemar esta Universidad, se la llevaron a esa Villa…»1

Es una petición de justicia, de toda la población de Banyeres, por medio de sus representantes, en el trascurso de una guerra y hay que resaltar el significado en el orden de solicitudes: primero armas para la defensa de las vidas, luego pedreros para reconstruir el lugar donde encontraban refugio ante los diversos ataques y por último, la necesidad de visualizar lo que les representaba y unía, una bandera que está pintado el glorioso San Jorge.

Ante esta escasa, pero importante y significativa noticia, la primera acción fue consultar con la Conselleria de Cultura para recabar información sobre las posibles acciones a realizar, así como si era viable dicha petición.

Pronto recibimos noticias; había que acogerse al Decreto 77/1990 de 14 de mayo del Consell de la Generalitat Valenciana por el que se regulaba el procedimiento para la adopción, modificación o rehabilitación de escudos y banderas municipales. En la introducción del decreto relata que la finalidad de dichos acuerdos es la de divulgar y perpetuar hechos representativos de la historia local, además de dotar al conjunto de la población de un importante signo de identidad colectiva, por lo tanto, entraban de lleno nuestras aspiraciones.

La primera dificultad fue localizar el mejor especialista en heráldica y vexilología según nos indicaba el decreto anteriormente mencionado y para ello desde la Generalitat Valenciana nos aconsejaron que nos pusiéramos en contacto con Pere María Orts i Bosch, jurista, humanista, historiador, académico y Premio de Honor de las Letras Valencianas. Al visitarle en su casa en Valencia nos manifestó que no era una quimera lo que pretendíamos, había suficientes datos históricos para emprender un estudio riguroso y poderlo presentar a la Generalitat, porque de aquella bandera se conoce lo más importante “que estaba pintado el glorioso San Jorge”.

En las diferentes entrevistas que mantuvimos nos dejó claro que las banderas son símbolos con valores propios y que despiertan vivencias de una comunidad que los asimilan como propios, despertando el afecto y entusiasmo de la colectividad.

Fotografía: Pleno de la Corporación Municipal.

En el estudio que realiza Pere María Orts i Bosch2 deja claro que entre 1249 y 1628 nada sabemos de ninguna bandera y concluye que los blasones serían los de los señores feudales: Jaufrido de Loaysa (1249), Jaime García de Loaysa (1296), Fernando de Oblites (1308), Raimundo de Riusech, Bernardo de Thous (1357), Arnaldo de Romaní (1381), Pedro de Artés (1397), Jaime de Artés (1446), este último vende Banyeres a Bocairent el 26 de noviembre de 1446 y al ser villa real, Banyeres se incorpora a la Corona, pero bajo la jurisdicción de Bocairent. Después de un largo y complicado pleito de dos siglos, el 14 de febrero de 1628 se produce la separación de las dos poblaciones por privilegio del rey Felipe IV.

Siguiendo con el informe de Pere María Orts, el núcleo importante de la información gira alrededor de la frase “estaba pintado el glorioso San Jorge”, pues para nuestros antepasados era de sobra conocida, era su bandera y por todos acreditada respecto a colores, formas, tamaños y demás atributos, no necesitaba más descripción ni más detalle.

El estudio que presenta Pere María Orts es extenso y hace una reflexión sobre las tres posibilidades y descarta dos por razones históricas y heráldicas aceptando la tercera como bandera histórica de la villa de Banyeres, según la normativa heráldica y vexilológica, respetando las dimensiones, las proporciones, colores, figuras y elementos heráldicos, finalizando su informe con una frase muy significativa y potente:

«El pueblo de Banyeres no solicita que se le reconozca una bandera de nueva creación, sino que se le devuelva de pleno derecho la enseña que tenía y que perdió en las incidencias de la Guerra de Sucesión, se trata por tanto de una restitución».

Toda la documentación se remite al Consejo Técnico, órgano consultivo de la Generalitat Valenciana, éste está integrado por un presidente y lo ejerce el Director General de Administración Local de la Conselleria de Administración Pública, y cuatro vocales: uno designado por el Conseller de Cultura de entre los miembros del Consell Valencià de Cultura, dos representantes de las Universidades de la Comunidad Valenciana y un experto en heráldica de reconocido prestigio3, por tanto estaba garantizada la base científica sobre la que se apoyaría el dictamen final.

El procedimiento se inicia por acuerdo plenario con el proyecto de la bandera, así como las razones justificativas del acuerdo y la memoria donde se expone detalladamente el fundamento histórico y técnico, y dos ejemplares originales del dibujo en el que se aprecien los colores, medidas, esmaltes y metales aplicados. El autor del boceto fue Salvador Sellés, diplomado en Diseño Industrial y licenciado en Bellas Artes, actualmente el original se conserva enmarcado en el Salón de Plenos del Ayuntamiento.

Siguiendo con el proceso, el 13 de mayo de 1991, se produce el dictamen favorable del Consell Tècnic d’Heràldica de la Generalitat Valenciana4 y se remitió al Ayuntamiento de Banyeres el 20 de junio de 1991, para que durante un mes, el Ayuntamiento expresara si aceptaba o no las alternativas propuestas.

En estos momentos como consecuencia de las elecciones municipales hay una nueva Corporación Municipal. Como no hay respuesta el 12 de agosto de 1991, el Ayuntamiento vuelve a recibir un nuevo escrito de la Conselleria y otro el 14 de octubre de 1991. Hay que recordar que estamos asistiendo a una fuerte inestabilidad municipal, que finalizará con una moción de censura y el nombramiento de un nuevo alcalde.

El 2 de marzo de 1992 el Pleno del Ayuntamiento por unanimidad aprueba la propuesta del 13 de mayo de 1991 del Consell Tècnic de la Generalitat.

El último paso es la confección e impresión de las banderas según la normativa de la Generalitat. Desde aquí quiero agradecer a personas y empresas que posibilitaron de forma gratuita y desinteresada esta última fase y pudiéramos ver materializadas las primeras banderas.

Aprovechando los actos conmemorativos del 9 de octubre de 1993, entre los actos programados, el sábado 9 de octubre a las 12:00 horas, se produjo un acto muy emotivo en el que se realizó la restitución por parte de la Corporación Municipal de la recuperada bandera de Banyeres, al pueblo representado en este acto por sus instituciones, y de esta forma se cumplió la petición de 1708 tras un paréntesis muy largo de 285 años.

La historia es transmisión de identidad, de valores, de ideologías y teniendo presente que el conocimiento es siempre incierto, pero puede ser conocido dentro de un contexto y de varias perspectivas de la realidad, así como comparar evidencias desde varias representaciones y opiniones para poder justificar los diferentes puntos de vista.

Es patente que dos corporaciones muy distintas y en momentos muy difíciles para nuestra población fueron capaces por unanimidad de dar respuesta de forma colectiva
a la demanda de nuestros antepasados de 1708.

Hoy nosotros somos responsables de incorporar y poner en valor esas vivencias a los momentos actuales, pero sin perder de vista nuestras raíces.

Notas al pié de página:

1 Archivo Municipal de Banyeres de Mariola. Libro de Actas de Laureano Ballester, donde relata los memoriales ante Felipe V de la Guerra de Sucesión. Acta 14.

2 El Informe Técnico está fechado por Pere María Orts i Bosch en Valencia el 22 de noviembre de 1990 y se incorporó al expediente del Pleno Municipal del 7 de enero de 1991. AMBM.

3 Decreto 77/1990 de 14 de mayo del Consell de la Generalitat Valenciana. DOGV núm.1.311 de 25 de mayo de 1990.

4 El presidente del Consell Tècnic d’Heràldica lo presidía Salvador Verger Estrela y lo certifica Jaume Pastor Fluixà, en dicho informe relata la descripción detalla de proporciones, figuras, colores, etc.