Noticia antigua de la reliquia de la cabeza de San Jorge Megalomártir

Antonio Belda Martínez

Alfonso V el magnánimo (1416-1458), fue rey de Aragón, de Cataluña, de Valencia (donde gobernaba con singular prudencia la reina Doña María), de Nápoles (1442), de Córcega y de Cerdeña.
Aragón es la potencia más importante del Mediterráneo. “Hasta los peces llevaban en sus lomos las barras de Aragón”.
La piratería, normal y frecuente, era practicada asiduamente. Se pirateaba sobre objetos religiosos, reliquias de santos, obras de arte, manuscritos, personas, etc.
Llega a oídos de nuestro rey que en la isla de Egina (AIYINA), en el Peloponeso, al oriente, en el monasterio de San Jorge, se venera su santísima cabeza. El rey planea el modo de conseguirla: emplear ruegos y dinero, sin descartar la violencia. Delega en el célebre pirata Bernardo Villamarín.
Cuando los habitantes de la isla divisan la escuadra real se atemorizan y temen el estrago, el robo y la violencia. El pirata entrega a cambio de la reliquia una suma grande de oro.
Embarcan los aragoneses la cabeza del santo. Se desencadena una tormenta formidable. Un cielo negro cubre el mar. La tripulación está consternada. Invoca a San Jorge para librarse. Se busca su cabeza. No se encuentra. Vuelven las velas a Egina. Comunican lo sucedido.
Con gran sorpresa hallan la reliquia en el lugar de costumbre. Los isleños, gozosos, constatan que el Santo no ha cambiado su antiquísima sede.
Los aragoneses se niegan a recuperar el oro dado antes como precio.
Poco después los turcos cercan la isla. Sus habitantes sacan en procesión la cabeza del Santo. Un giro atmosférico desbarata la armada turca. Rayos, pedrisco y diluvio espantan a los sitiadores.
Posteriormente la reliquia fue trasladada a Venecia y tuvo esta peripecia:
“En el año del Señor 1462, en los idus de diciembre siendo sumo pontífice Pío II, dux de Venecia Cristóbal Mauro, a gloria de Dios omnipotente, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén. Fue colocada la cabeza de San Jorge en su capilla del insigne monasterio de San Jorge, en Venecia. Monasterio vulgarmente denominado el “Mayor”.
Venecia guardó, desde antiguo, relaciones estrechas con Constantinopla, la actual Estambul. Venecia utilizó la cuarta cruzada para expulsar a los genoveses del Mediterráneo oriental. En el transcurso de cuatro siglos (XI-XV) fue la capital comercial de Europa occidental.
El dux, los senadores y los monjes del Monasterio de San Jorge de Venecia escriben cartas a los monjes de Egina pidiendo la reliquia de la cabeza del Santo. Quieren conseguirla a ruegos o a la fuerza. Juzgan que no hay negocio tan egregio, tan piadoso y tan santo. Encomiendan la gestión a Víctor Capelo, jefe de la armada veneciana.
Toda la escuadra acude a Egina con el consiguiente temor y pánico de los insulanos. El poderío desplegado consigue lo tan deseado. La cabeza del Santo es entregada a los venecianos. Dice la historia que el regreso de las naves se hizo en ocho días, cuando lo normar era en veintidós días.
Fiesta y regocijo para los venecianos y tristeza y amargura para los de Egina.
Toda esta noticia tiene sabor a piratería pura y llana: pero así se escribe la historia.

(Acta Sanctorum, 23 aprilis, Venetiis, MDCCXLII, pags. 132-133)

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