Veinticinco de Abril, día del recuerdo


José Belda Albero

De pequeño, recuerdo que siempre me inspiró el Cementerio, un extraño temor y un inmenso respeto. Y pensaba a menudo, cuando mis paseos y correrías me llevaban a sus inmediaciones, en esa inmensa soledad y en el manto de silencio que envolvía aquel sagrado recinto.
Fue pasado los años, cuando comprendí que la vida no es más que un continuo caminar hacia la muerte, y se me quitaron estos temores, aunque, nunca perdí el gran respeto que siguen inspirándome los muertos.
A ello contribuyó, este solemne DÍA DEL RECUERDO, que es el cuarto día de las FIESTAS DE MOROS Y CRISTIANOS.
Cuando amanece este día y el silencio de la noche no ha sido roto todavía, arropados con sus capas o mantas de campaña, se ven aparecer por todas las calles de la población grupos de festeros, que a paso ligero, o lento, según los casos, descienden calles y callejas, en dirección a la parte más baja del Pueblo.
El punto de reunión será EL MORER.
Allí y después de haber calentado el cuerpo, con alguna pasta y copita, tradicionalmente ofrecida por los propietarios del lugar, se oirán por primera vez en este día los sones alegres de las bandas de música, primero con la primera alzada de los futuros capitanes, y después para el baile de banderas.
Y esto será el inicio de los actos que llenarán este último día.
El día más emotivo y melancólico de las Fiestas. El día de la solidaridad, del sentimiento. El día del Recuerdo y de la Esperanza.
Seguidamente las comparsas, emprenderán el camino cuesta arriba con destino al Cementerio, situado en la parte más alta de Banyeres. Subirán disparando sus arcabuces, y al llegar a la ermita de San Jorge dispararán su primera salva en honor del Patrón.
Alrededor de las nueve de la mañana, llegará a las puertas del Recinto Sagrado la primera comparsa, que se colocara en línea paralela al muro de la entrada, para disparar las tres salvas de ordenanza, que resonarán en el espeso silencio, rompiendo éste por unos instantes. Desde este instante, el ruido de la arcabucería no cesará hasta que todos los festeros, se encuentren en formación, en la parte baja del Cementerio. Cada una de las comparsas y sin que haya interrupción, disparará las salvas en los cuatro puntos cardinales del Cementerio, cumpliendo así la primera parte del Homenaje a todos los parientes y amigos, o simplemente vecinos que allí reposan hasta la ETERNIDAD.
Una vez que todas las comparsas ocupen la parte baja del Cementerio se celebrará la solemne misa, en sufragio de las almas de todos los hijos de Banyeres fallecidos.
El Homenaje oficial habrá terminado. Y cada Festero, en su recuerdo personal a sus familiares o amigos fallecidos hará su salva particular que será como una manera de decirles a los padres, hermanos, u otra familia; “estamos aquí y seguimos llevándoos en nuestra memoria y nuestro corazón”.
Y esa fuerza emocional que fluye por doquier, se produce en cada familia de Banyeres, porque en todas las familias hay seres queridos, que se fueron para siempre, pero que siguen presentes en los corazones, de una manera especial en este día del recuerdo, que viene a coronar las Fiestas.
Y cuando la mayoría de Festeros estará almorzando en las laderas del Santo Cristo, se verán algunos rezagados, que a causa de lo reciente que ha sido la desaparición del ser amado, siguen con la herida sin cicatrizar, con el dolor vivo, y la desaparición sin el menor consuelo.
Y buscando entre estos rezagados, a quienes les cuesta abandonar el recinto quizás se distingan los familiares de los festeros fallecidos en los últimos meses o años, y cuyas fotos y señas de identidad se podrán ver en las últimas revistas-programa de fiestas.
Entre dichos rezagados, tal vez encontremos, a los familiares de la Capitana de los Estudiantes de 1994, por dos razones recordada, aparte del amor de los suyos, por la conmoción que supuso su fallecimiento escasos días antes de su proclamación como Capitana.
Otro caso doloroso, asimismo por las circunstancias de su desaparición el último mes de noviembre, es el fallecimiento de la hermana menor del Capitán de los MOROS NUEVOS del ejercicio presente.
Perteneciente a una de las familias festeras de arraigo y convicción, y con historia festera para el padre de más de cincuenta años al servicio de las Fiestas y de la Filà de MOROS NOUS.
Siguiendo la cronología de los actos, y después del almuerzo en los alrededores del Santo Cristo, sobre el mediodía, será la imposición de Bandas, alzada de los Capitanes y firma en el Libro de Oro.
De nuevo la emoción apretará los pechos de las familias y los amigos de los nuevos capitanes, y los más sensibles dejarán escapar alguna lágrima pero esta vez será de alegría, porque en este día se pasa rápidamente del dolor y la tristeza a la alegría.
Después de la alzada de capitanes en la estrecha plazoleta de la Ermita, las comparsas iniciarán el largo recorrido hasta la Plaza, después de hacer un alto en la Ermita de Santa María Magdalena, para asistir al DESPOJO o Conversión al Cristianismo del Embajador Moro.
En la Plaza, frente a la Iglesia, se volverán a bailar las banderas y terminarán las FIESTAS.
Con la Magia de la Imaginación y del Recuerdo estoy seguro que si antes de salir del Cementerio, miras con mucha atención lo penachos blancos del humo de los arcabuces y mosquetones, veréis unas tenues lucecitas que se desplazan con rapidez. Mirad bien, pues no se trata de fuegos fatuos diurnos. Son las almas de los silenciosos moradores del Campo Santo, que atendiendo vuestras llamadas, han vuelto en este gran día, para daros las gracias, por vuestro inmenso amor y vuestro profundo recuerdo, por vuestro sentido homenaje y vuestra gran generosidad.
Generosidad, Homenaje y Recuerdo, que las familias de Moros y Cristianos os ofrecen cada 25 de abril, para que lo podáis repercutir con cariño y con amor a todos aquellos que os dejaron para siempre, pero que lleváis para siempre en vuestros corazones.

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