Iconografía de San Jorge. Evolución de la representación del Mal

José Luis Mansanet Rives

La iconografía no es más que el arte de plasmar en escultura o pintura la idea que se tiene de un santo, mediante símbolos que le caractericen y distingan de otros, cuyos datos se han obtenido de la vida real, o legendaria, o atribuidos por tradición, de tal forma que nos familiaricemos con ellos y reconozcamos sin más, inmediatamente, tal santo.

El juego de símbolos o imágenes ha sido siempre muy apto para la comprensión popular y más aún en los tiempos en que la escritura no era su fuerte.

La más popular iconografía de San Jorge, la más mundialmente conocida es su representación ecuestre. La imagen de guerrero a caballo. Es lo que le simboliza mejor, habida cuenta de que, aunque su vida sea una de las menos conocidas, ignorándose concretamente cuándo y dónde nació y murió, sí se sabe que era un oficial joven de las legiones romanas de Diocleciano que en la persecución decretada por dicho emperador murió decapitado mártir de Cristo.

Sin embargo la palma del martirio no es lo que le determina, quizás porque se le destaca por otra cualidad atribuible.

Hay imágenes infantes de San Jorge con la palma, como la alcoyana de “El Xicotet”, sin embargo a la mayoría de las representaciones infantes, desde la más remota antigüedad no les falta un detalle de guerrero, como en la de su iglesia en el valle de Ihlara (Capadocia siglo XIII), o en la pintura de Tiziano, con la Virgen (siglo XIV), donde se le ve con la lanza en la mano; o en la escultura de Donatello (siglo XV), de pie y con un gran escudo; o en la pintura de Mantegna (siglo XV), infante que tiene el dragón a sus pies.
No conozco ninguna otra imagen infante, aparte la del “Xicotet” de Alcoy, en que el santo lleve la palma del martirio, lo que no quiere decir que no existan.

La tradición cristiana le vincula a la lucha contra el Mal Es un santo mílite, en él predomina la acción, no se le concibe ofreciendo paz, si no es a través de su lucha contra el Mal.

En la literatura española Cervantes y Lope de Vega se hacen eco de la fama caballeresca de San Jorge, así como la de Santiago, y dice D. Quijote: “Ese caballero (San Jorge) fue uno de los mejores andantes que ha tenido la milicia divina”… “estos santos y caballeros (incluye a Santiago) profesan lo que yo profeso que es el ejercicio de las armas”… Eran caballeros que están en eterna guardia contra el Mal

En la iconografía ecuestre tradicional de San Jorge se concretan por tanto dos aspectos: a) un caballero, un guerrero que lucha en defensa del Bien, b) una concreción del Mal, contra lo que se lucha. Y el Bien vence al Mal que es lo que se simboliza.

La representación del caballero normalmente es invariable, a caballo y atacando con una lanza. En la específica iconografía alcoyana no es una lanza sino un dardo o saeta la que lleva en la mano, lo que hace muy singular esa representación.

Sí ha variado con el transcurso del tiempo la representación del Mal:

A) Las pinturas rupestres del siglo X en Capadocia le presentan pisoteando y lanceando una serpiente larga y descomunal, a veces acompañado del caballero San Teodoro, y hay incluso una iglesia, Yilanli, en el Valle de Goreme, que se llama Iglesia de la Serpiente. Puede que en aquellos tiempos para simbolizar el Mal se estuviera pensando en aquel pasaje bíblico del Génesis en que se dice: “Era empero la serpiente el animal más astuto de todos cuantos animales había”… (III-1) y fue la inductora al Mal, lo que indujo a Eva a comer” “… el fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal”… En los iconos bizantinos rusos de siglos posteriores (XIV y XV) es todavía la serpiente la que simboliza el Mal a los pies del caballo.

B) Al difundirse la leyenda de la princesa y el dragón, recogida en la compilación de vidas de santos del siglo XIII “La leyenda aurea”, el Mal adoptó una forma material más abstracta al no corresponderse con ninguna realidad existente, se materializaba una quimera, el dragón, animal imaginario al que se le atribuye figura de serpiente corpulenta, con pies y alas. Esa representación hizo fortuna y es la más conocida mundialmente hasta hoy día.

C) En España, lo que podía considerarse durante siglos resumen de todos los males era la invasión sarracena y la lucha contra la misma que, si teóricamente – concluyó en 1492 –, aún perduró en el Mediterráneo español al menos tres siglos más con la piratería turco-berberisca.

No tiene por tanto nada de extraño que Santiago, el Patrón de las Españas, fuera representado, sobre todo a partir de la batalla de Clavijo (siglo IX?), a caballo con la espada en mano, atropellando moros y pisando sus cabezas. Así lo evoca Cervantes por boca de D. Quijote: “… ese caballero se llama D. San Diego Matamoros, uno de los más valientes santos y caballeros que tuvo el mundo y tiene ahora el cielo”.

Eso mismo ocurrió en Huesca con San Jorge, proclamado Patrón de Aragón a raíz de la batalla de Alcoraz (a. 1096), donde según la tradición se apareció en defensa de los cristianos, por lo que allí se le representa con cabezas de sarracenos en la punta de la lanza.

Así como con la iconografía alcoyana que, tardíamente, en 1810, empieza a representársele asaetando moros tal como la tradición dice que se apareció sobre los muros de Alcoy en 1276, lo que probablemente se debió al auge alcanzado por la Fiesta.
Desaparecido ese mal concretado en los sarracenos, la iconografía de Santiago sufre mutaciones, al Hijo del Trueno se le representa más bien con la concha y báculo de peregrino, lo que aquellos que hacía el Camino de Santiago. Y la de San Jorge Matamoros lleva camino de transformación, convirtiéndose en un caballero i en un infante, sin clara idea sobre cómo representar el Mal, o bien de si se ha de transformar también esa idea que simboliza la lucha del Bien contra el Mal, despojándosele de atributos guerreros.

D) Una última evolución en la representación del Mal es la realizada por la O.N.U. en el monumento al desarme ante su sede en Nueva York (1990) donde aparece San Jorge a caballo, fundido con restos de armamento nuclear soviético-americano, con una lanza rematada por la cruz – símbolo cristiano – que se hiende en estos restos de armamento. La escultura es obra de Zurad Tserteli y ha sido bautizada con el nombre “El Bien vence al Mal”, donde el Mal tiene una representación material muy concreta, los símbolos de la guerra.

La evolución de la representación del Mal puede que no haya concluido, sobre todo identificándola en males concretos, no obstante un Mal representado en forma abstracta, en forma imaginativa nunca perdería actualidad ni necesitaría transformaciones.

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