La procesión de San Jorge; un hito en nuestra Historia


José Francés Ribera

CONSIDERACIONES
Las Fiestas de Moros y Cristianos, constituyen un trasunto y un recuerdo de las luchas en que los Cristianos, gozando del favor del Santo, empeñaban en otro tiempo contra los enemigos de sus intereses materiales y de la Fe, heredada de sus mayores.

Viene conformada la Fiesta, por un sinfín de variopintos y multiformes actos religiosos y profa¬nos, los cuales, lejos de excluirse, encuentran su pe¬culiar razón de ser cuando se armonizan, conflu¬yendo en el «Todo» festero.

Una gesta heroica o un acto ejemplar; una obra de arte singular o una frase con premoni¬ción…; se ven reflejadas en la Historia cuando se les reconoce un contenido excepcional, que me¬rece ser transmitido en el curso de las generacio¬nes, para que los que nos suceden asimilen o con¬templen en efímeros espacios de tiempo, los aqui¬latados valores que aquéllas encierran.

Nadie se beneficiaría de la moraleja que en¬cierra la Historia, si no hubiera quien la recogiera, compendiara y difundiera; siendo éste el acicate que nos ha impulsado a vivificar en este testigo prócer del desenvolvimiento de la villa, que es el programa de fiestas, lo realizado por todos aque¬llos miembros de la Cofradía de San Jorge y alle¬gados a la misma, quienes han hecho posible que la «procesión» de San Jorge del 23 de abril de 1980 constituya un HITO EN NUESTRA PEQUE¬ÑA «GRAN HISTORIA», que en un decir del pe¬riodismo contemporáneo: “Encabezó el ranking de popularidad de los actos festeros celebrados”.

¿QUE HA SIDO LO EXCEPCIONAL DE ESTA PROCESIÓN?

Preocupación constante de la Cofradía de San Jorge y de los órganos rectores de la Fiesta, ha sido la de buscar la fórmula mágica que sincronizase el recorrido de la magna procesión que efectuaban cada vez un mayor número de disciplinados festeros y fervorosos asistentes, evitando por la falta de conjunción en la salida, los cortes inevitables y largas paradas, ésta se viera deslucida en su forma estética, dado que el fondo venía enmarcado por el recogimiento de los penitentes.

Dios, con la intercesión del invicto mártir San Jorge, iluminó las mentes de los inquietos directi¬vos de la Cofradía para que les fluyeran ideas pre¬cisas, que una vez plasmadas, cambiaran de forma radical la deteriorada imagen externa de la proce¬sión.

Siguiendo un orden cronológico, nos situamos en abril de 1976 que fue cuando se recogieron los primeros frutos. Presidía la Cofradía D. Miguel Vicedo Cerdá persona de probadas y acrisoladas vir¬tudes directivas; entonces se sustituyeron los por¬tadores de la imagen del Santo por una carroza de tracción mecánica, mediante la cual se evitaban las reiteradas paradas de descanso que alejaban inexo¬rablemente la cabeza de la cola de la procesión.

A renovadas directivas, nuevas ideas. En la procesión de la Reliquia de 1979 ya la Cofradía re¬gida por el nuevo timonel D. Octavio García Payá, se palió el desordenado inicio de la procesión, for¬mando las comparsas en la calle San Jorge, frente a la puerta sur de la iglesia para que la aparición en la plaza fuera en completo orden.
Interpolada entre las fechas mencionadas, se introdujo la modalidad de que los festeros desfila¬ran primero, aisladamente, seguidos de los fieles; con lo que se conseguía homogenizar la procesión dando una nota de unidad en la variedad.

Cubiertas estas etapas ya se había dado con el «Talón de Aquiles» de la procesión; no obstante restaban otras metas a lograr. Faltaba aquel sello que la hiciera subyugante. Este surgió de manera imprevista. Un día, a finales de 1979, estando los miembros de la Cofradía intentando reforzar la ca¬rroza, barruntó alguien: ¿Por qué no sacamos la imagen del Santo, la grande, a la procesión? Ante esta interrogante algo utópica, el resto de miem¬bros de la Cofradía, haciendo gala del espíritu de colaboración que los caracteriza, la hicieron suya y respondieron: ¿Por qué, no? Esta respuesta les iba a suponer agudizar el ingenio para encontrar los medios técnicos que hicieran fácil y seguro el tras¬lado de la imagen a la carroza. Corresponsabilizados todos se inició una andadura en que las RE¬NUNCIAS, ESFUERZOS y DESVELOS fueron la nota común. Renuncias a gozar de la paz familiar o a practicar sus aficiones predilectas. Esfuerzos. Había que derribar la pared por el dorso del altar, buscar el ingenio mecánico que bajara la imagen, a modo de monta-cargas, construir un basamento con ruedas, unas guías, especie de raíles, que hicie¬ran de puente desde el pórtico de la Iglesia al pie de la escalera donde se montaría sobre la carroza, allí ubicada, y desvelos porque solamente ellos sa¬ben de los repetidos intentos frustrados y de las noches de insomnio pasadas bregando contra el tiempo.

Del modo descrito, lo utópico se convirtió en verosímil, la empresa se había coronado con éxito (1) y en la procesión del 23 de abril de 1980, efemé¬rides a recordar, esa imagen que donara D. Víctor Miguel Sempere Castelló en 1940, imperante y ma¬jestuosa hizo su trayecto, resultando indescriptible su llegada a la plaza y posterior traslado a su aposento habitual. La plaza y la Iglesia se encon¬traban abarrotadas de fieles, quienes nos manifes¬tábamos sensibilizados por la enervancia del mo¬mento: silencios admirativos, rezos, aplausos, víto¬res, lágrimas,… en tributo de culto a nuestro PRO¬TECTOR. De los rostros de los directivos de la Co¬fradía afloraba satisfacción porque algo muy gran¬de se ha hecho y bien hecho en pro de nuestra Fiesta.

(I) En 1942 se sacó a hombros la imagen pero no tuvo continuidad en los años sucesivos.

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