Bañeres por San Jorge

Adrian Espi Valdes

UN RECUERDO A LOS DIFUNTOS

San Jorge, protector de cruzados, paladín de causas nobles, es el patrón de Bañeres, como lo de de Alcoy. Y en ambas poblaciones se le festeja con Moros y Cristianos, teniendo en cada lugar, como es lógico, características propias y singularidad dignas de estudio.

La prohibición de Carlos III en 1771, que no permite que “se pueda tirar o disparar arcabuz o escopeta…, aunque sea pólvora sola, dentro de los pueblos” ha de traer, fechas inmediatas, reacciones para todos los gustos, y a la postre el anhelado permiso de la Corona para que por distintas razones, pero sobre todo en ocasión de los festejos mayores de villas, pueblos y ciudades, vuelvan a hacerse las descargas de arcabucería. Y así, en 1786, igual que ha ocurrido en Alcoy y Bocairente, la casa real no “halla reparos” para que Bañeres –tal aparece en el documento – pueda usar mosquetones y arcabuces siempre que no caiga en “excesos” y se pueda obviar “todo peligro y desazón”. Es decir, la soldadesca está autorizada en estos años finales del siglo XVIII a realizar las descargas de pólvora por calles y plazas en honor de San Jorge. Los “escopeteros que hayan de tirar” deberán, por otra parte, ser cautos y guardar el orden y sosiego en ”esos días de función”.

Si las fiestas cívicas, las de Moros y Cristianos, pueden considerarse en Bañeres acaso no muy antiguas, con continuidad y organización a partir de los primeros años de la centuria anterior, las religiosas en semontan a los tiempos de la Reconquista, cuando los bañerenses proclaman patrón suyo al santo mílite Capadocio. En 7 de septiembre de 1780 llegó a la población la reliquia del santo, y en recuerdo de aquella fecha –se han cumplido doscientos años ya—de nuevo la población viste contramallas y espaldares, alquiceles y albornoces para asistir a oficios religiosos y desfilar procesionalmente por la población.

Aquí en Bañeres el castillo auténtico, de piedra, el verdadero, sirve para la tramoya de la fiesta y de su desarrollo eficaz. Sobre sus dentadas atalayas se sitúan los ejércitos contendientes y desde aquí se declaman los versos de las embajadas, dándole viveza y autenticidad. Pero quizás el día más emotivo, en el orden festero, será el último, el 25 de abril. Es cuando todas las comparsas parten desde el lugar conocido por el “Morer” hasta el camposanto del pueblo. En su interior, en un altar levantado –en su primera fase—por el escultor Vicente Ferrero, hijo de Bañeres, se celebra una misa en sufragio de los difuntos. Es un acto eucarístico al que se acude masivamente. Pero previamente, y por orden de llegada de los festeros, se han realizado sonoras salvas de arcabucería en honor de aquellos otros festeros, ya desaparecidos. Es un acto emotivo, impregnado de sentimiento, confundiéndose el estrépito de la pólvora con las melodías fúnebres, que derraman, como flores de recuerdo, las bandas de música apostadas en el sagrado lugar. Más tarde, concluido el sacrificio, festeros, familiares, amigos se reunirán en fraternal y popular desayuno cerca de la ermita del Santo Cristo. Poco después, en la ermita de Santa María Magdalena, se procederá a dar vida al acto de la conversión del moro al cristianismo, conocido momento que se intitula “El Despojo”, puesto que el embajador agareno que lo realiza va despojándose a la puerta del templo de los atributos de su rango.

Y puesto que lo ha traído el hilo del relato digamos que “El Despojo” también se celebra en dos poblaciones cercanas a esta Mariola de hierbas medicinales, en Bocairente y Fontanares, pero es bien probable que el origen o las raíces primeras estén precisamente en Bañeres. También en Villena y Benejama se recitan los versos del parlamento, escritos precisamente por el autor de Juan Bautista Pastor Aicart.

En Alcoy, a principios del siglo XIX, se celebraba la conversión del moro, acto que tenía lugar en la plazuela de San Jorge, y en el que el capitán moro en presencia de su rival político, militar y religioso, se arrodillaba de cara a la iglesia del santo debelador de dragones y a viva voz había profesión de fe cristiana. En Elche, ciudad reciente en la celebración de Moros y Cristianos, se realiza desde 1982 el llamado “Bautismo de los moros”, que tiene como marco la plaza del Raval de Sant Joan, el mismo escenario que contempló una ceremonia similar allá en el lejano siglo XVI. Como colofón se honrará la virgen de la Asunción.

Publicado en el diario La Verdad, por nuestro mantenedor, 1985, Don ADRIÁN ESPÍ VALDÉS

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