A doscientos años vista…


Miguel Sempere Martínez

Es obligado escribir de nuevo con frases tantas veces repetidas en esta revista, pero no por ello dejan de ser actuales. Al decir: Un año más Bañeres se encuentra a punto de celebrar sus fiestas de Moros y Cristianos… parece un tópico infinidad de veces usado, pero ¡no! Se trata de un nuevo año dentro de la fiesta, algo que remoza y llena viejas ilusiones; es la primavera vivida, la tradición hecha fiesta; se trata nada más y nada menos, que de la esencia del espíritu bañerense.

Durante muchos siglos Bañeres viene usando las mismas frases, las mismas costumbres y los mismos atuendos festeros, movido todo por una fuerza interior que espontáneamente conjuga es-fuerzos, alegrías, contratiempos e Ilusiones, en una variopinta mezcolanza, comprendida sólo por quie¬nes de algún modo viven nuestras tradiciones.

Año tras año se celebran las fiestas y hay quien pudiera aventurar que se cae en lo rutinario y monótono, pero nada más lejos de la realidad; van transcurriendo y como cuentas de rosario, esla-bones de cadena o pétalos en la rosa, se van com¬pletando unos con otros distinguiéndose entre ellos por su matiz especial. Este que estamos viviendo comprendido entre el 7 de Septiembre de 1980 y el 6 del mismo mes del año en curso, celebramos el segundo centenario de la venida de la Reliquia de San Jorge a Bañeres, favor que Roma otorgó a nuestro pueblo por sus méritos y la fe en el Santo, demostrada en la celebración ya entonces antigua de las fiestas de Moros y Cristianos, que como se sabe, junto con Alcoy y Bocairente somos iniciado¬res de las mismas, frente al gran número de pue¬blos hermanos que nos han secundado.

Y es tal el sentir de la fiesta, que une a pobres y a ricos, a jóvenes y adultos, hombres y mujeres, en un latir unísono de corazones, acompasado y permanente, capaz de mantener el ritmo durante años consecutivos; yo me atrevería a más, en la prueba que estamos viviendo podemos decir sin temor a equivocarnos, que este afinamiento de ideas, al menos en sus puntos más esenciales, viene exis¬tiendo ya durante siglos.

El bañerense está tan convencido de su efíme¬ro paso por la vida, que enlaza el ser natural con el sobrenatural, haciendo del ayer y el hoy, un todo con el mañana, lo cual hace que no se conciba nuestra fiesta sin entablar ese diálogo espiritual, mezcla de pólvora y oración, con quienes nos pre-cedieron, en pleno convencimiento que el mañana nos unirá en ese estado perfecto por lo que mere¬ce haber vivido.

Al lanzar la idea la Comisión de Fiestas San Jorge y ser presentada al pueblo por su Cofradía, el vecindario vibró de emoción; la Reliquia de San Jor¬ge durante diferentes fechas del año, visitaría todo el pueblo por sectores, en una fiesta que cada cual celebraría a su gusto, organizada por ellos mismos, con un programa de actos todo lo extenso que de¬cidiera el propio barrio; lo que si se hacía obligato¬rio era la misa de campaña con la Reliquia y la vi¬sita de ésta a las casas de los enfermos y ancianos del sector.

Hasta el momento de plasmar esta crónica se han celebrado dos sectores y se encuentra en pre¬paración el tercero (están programados ocho de ellos).

Es realmente emocionante el resultado de esta idea; en las experiencias sufridas se ha visto lo que describía antes sobre el paralelismo espiritual con el ayer de hace dos siglos: se han formado juntas organizadoras en ambos sectores, que mediante asambleas generales han movilizado a todos los ha¬bitantes del barrio.

Quisiera poder expresar la fraternidad con que se han preparado y celebrado estas fiestas; fue pu¬ra poesía el vivir el engalanamiento de calles, los actos culturales y deportivos, nuestras clásicas «entraetes y dianes», el compartir las comidas en co¬munidad, los desvelos de los vecinos por los míni¬mos detalles agasajando a los visitantes de otras calles y sobre todo, como cumbre de expresión fra¬ternal, la Eucaristía compartida y la visita a enfer¬mos y ancianos de la Reliquia, acompañada por multitud de hijos de Bañeres.

Los medios empleados para lograr este fin, la gran cantidad de horas quemadas por los vecinos, los abrazos entre quienes vivían la fiesta y los re¬sultados obtenidos a posteriori, en cuanto a unir a unos vecinos que los bloques de hormigón y los medios modernos habían distanciado, es algo plena¬mente satisfactorio.

Estas fiestas que no cuestan dinero, que el ve¬cino sólo pone su iniciativa personal y buena volun¬tad, nos dan el ejemplo de que Bañeres sabe con¬servar, movido por la fe en San Jorge, sus más pu¬ras tradiciones.

Y la fiesta sigue durante todo el año del Cen¬tenario, la Cofradía de San Jorge ha acuñado una medalla conmemorativa de la efemérides que ilustra la portada de nuestra Revista de Fiestas. Durante todo el año tendrán lugar una serie de actos cultu¬rales, deportivos y ¿cómo no?, festivos de moros y cristianos, que conseguirán marcar un hito en la historia de nuestro querido Bañeres.

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