Geografía del amor a San Jorge


Alfonso Iniesta

Radio muy amplio

Entre el variopinto y polivalente desgranar de festividades que durante el año desfilan ante nosotros. la del 23 de abril viene cargada de especiales significaciones y contenidos. Porque va unida a la devoción que profesa Bañeres a su querido patrón San Jorge.

A punto de festejar anualmente– organizando desfiles deliciosos de brillante colorido y alegres marchas musicales. ruidosa explosión de tracas–, a nuestro, y de todos. San Jorge, en áreas geográficas limitadas de nuestra patria, se cierra. en forma pequeña. para muchas gentes, el extenso horizonte emocional y geográfico de otros posibles amadores del Patrón. Que también pueden festejarlo, a su manera, quizá menos luminosa y estallante.

El radio de la devoción a San Jorge es quizá mucho mayor del que podemos imaginar. Aunque quizá no adquiera la misma ex presión en sus manifestación mes. ni los mismos ricos matices en el culto.

Martirio del Santo

Nace Jorge en Lidda. ciudad hoy cerca de Tel Aviv y de Lod, en tierra s de Palestina que siempre adquirieron el prestigio sugestivo de la historia. y fueron. en otros tiempos, con las de Oriente medio mu y influidos por la civilización occidental personificadas en Grecia, primero. y en Roma, después. Aunque siempre poseyeron valores propios. según nos siguen atestiguando con el mudo. pero elocuente testimonio de espléndidas ruinas de templos y ciudades. Y el recuerdo de la vida y pasión lo que llamamos Asia menor, e n su parte más occidental, mirándose en las aguas del Mediterráneo. Ahora, la guerra fratricida más inútil y estúpida en sangrienta pueblos y ciudades de uno de los países creados para cantar y gozarla belleza natural: el Líbano.

Algunos autores convierten a Jorge en príncipe de Capadocia, región del Asia Menor, que limitaba por el norte las aguas del mar Negro . y por el sur. Cilicia y Siria. y al es te. las tierras de Armenia. Fue en los siglos XIX al XII antes de Jesucristo centro del imperio hitita. pasando a convertirse en provincia romana el año 96 anterior a Jesucristo.

La décima persecución de los cristianos, la llamad a gran persecución y era de los mártires, tuvo en el Oriente medio mayor dureza que en los pueblos de occidente, atenuados en éstos de Cristo. Tierras que estuvieron sujetas a la dominación de diversos pueblos; las poseyeron con el instinto y desarrollo del comercio, los fenicios; en épocas de esplendor, los hebreos; las dominaron duras y disciplinadas cortes romanas; los cruzados mantuvieron un transitorio reino y después los turcos, arrollando toda resistencia se asentaron en ellas por siglos.

Los nombres de sus ciudades traen el eco de brillantes, complejas y lejanas páginas de historia; Nicomedia, que llegó a ser residencia imperial de Diocleciano; Antioquía, capital del imperio seljéucida, y bajo Pompeyo, provincia romana, recuerda un milagro de San Pedro; Tiro, ciudad de grandes navegantes fenicios; Tarso, patria del apóstol de las gentes, Pablo…. Y muchas otras, todas en clavadas en los decretos del emperador Diocleciano, autor de las leyes que la decretaba. Comprendió los años 284 al 305 y durante ellos perecieron a millares los cristianos sufriendo los mayores suplicios.

Escasas noticias tenemos del que la fe convertiría, transcurrid os algunos siglos, en patrono de Bañeres. Infancia envuelta, seguramente entre juegos y disciplinas escolares al abrigo de la casa familiar, sin mayores complicaciones. La fe cristiana, que cada día adquiría mayor difusión, dejaba honda huella en un corazón generoso propicio a las exaltaciones nobilísimas. Jorge acrecienta con el sacrificio de su vida la enorme lista de los mártires cristianos en siglo IV. Suele señalarse la ciudad de Nicomedia el lugar donde ocurrió su prolongado martirio. Sin embargo, sus resto s fueron depositados en otra ciudad, la de Lidda, hoy Lod.

El sepulcro es pronto lugar de peregrinaciones de los cristianos asentados en aldeas y pueblos circunvecinos. Hechos que trascienden pronto a regiones próximas con el aroma fulgurante del milagro y aumentan la devoción de los fieles, especialmente en el Líbano, cuya capital, Beirut, desde 1944, conserva en la catedral de San Jorge actualmente, suntuosos ornamentos y tapices, bellísimos iconos en los que brillan los tonos aurifico sobre figuras de actitud hierática y un valioso tesoro destinado al culto, que manifiestan la desprendida liberalidad de los amantes y devotos del mártir. Y aún hoy reviste especial significado en las comunidades cristianas orientales.

Se propaga la devoción

De Lidda partirá la irradiación del culto a San Jorge, como Flechas de amor que se desprenden del mártir y de cuanto representa su vida, muerte y martirio. Los peregrinos procedentes de los santos lugares difunden la figura y milagros de San Jorge en las naciones europeas. Una bella leyenda le asigna su intervención para rescatar a cierta princesa que iba a ser devorada por un dragón enorme, terror de la comarca por cuanto había devorado víctimas anteriores. San Jorge aparece vestido al modo de un guerrero medieval con cota de malla, sobre brioso corcel y empuñando larga lanza que sepulta en las fauces abiertas del monstruo. Así 10 representa el pintor P. Nisart. que coloca al fondo de la lucha una dudad de muchas iglesias con altas torres góticas y un mar sobre cuyas mansas aguas, se deslizan numeroso s barcos. El lugar del combate y la cueva donde moraba el dragón se conservaban hasta hace poco.

Los bajorrelieves y relieves del siglo XIV en la famosa basílica de San Marcos en Venecia, el de Florencia y el de Roma, entre otros muchos de la época, muestran al santo siempre como un caballero medieval montado sobre ligero corcel blanco alanceando al dragón. Alguno, para lograr mayor dramatismo, según hace el relieve del Museo Germánico de Núremberg, coloca junto al dragón una calavera y diferentes huesos humanos de víctimas anteriores devoradas por el monstruo.

Los más excelsos pintores del Renacimiento tomaron de San Jorge tema para su producción. En nuestro museo del Prado puede admirarse un San Jorge del Tintoretto y un relieve de Donatello. En el de Barcelona, Jaime Huguet presenta de frente, en actitud erguida.

De realizador de milagros después de su martirio, San Jorge pasa a convertirse en caballero deshacedor de entuertos y alentador de hechos guerreros hasta lograr la victoria junto a los defensores de la fe cristiana.

Es en el siglo X cuando el culto de San Jorge adquiere una transformación insospechada en las regiones donde vivió y recibió el martirio. Su imagen aparece, en efecto, entre radiantes fulgores y en actitud belicosa ante varios capitanes cristianos prestándoles apoyo y aliento en su lucha contra los enemigos. También enemigos de la fe cristiana. Tal ocurre con Borrell II, conde de Barcelona en las difíciles primeras campañas de la Reconquista. Este crea la orden militar de San Jorge y edifica una capilla que llevaría su nombre. Hasta en sencillas tradiciones populares se mostrará en lo sucesivo el amor de los catalanes al mártir junto a repetidas manifestaciones artísticas.

En Aragón ocurre un hecho semejante en 1096; se aparece San Jorge a Pedro I, de gloriosa memoria, y el más famoso, Jaime I, el Conquistador, tendrá un visión que le anima a emprender las duras jornadas de Mallorca, que acabarían con la incorporación de las Baleares a su corona; Pedro II crea la orden de caballeros de San Jorge, ratificada por Pedro IV denominado el Ceremonioso; orden que después unirá el nombre de Montesa. En 1098 los cruzados reciben el refuerzo de San Jorge durante la batalla de Antioquía que ganan a los turcos tras durísima lucha. Sublevados los moros del Valle de Alcalá, mandados por su valiente caudillo Al-Acdraq sufrieron ante los muros de Alcoy, el 23 de abril de 1276, una decisiva derrota a la que contribuyó la figura de San Jorge como esforzado capitán de la hueste cristiana.

Dos son ya las órdenes de caballería creadas con el nombre de San Jorge a las que el emperador de Alemania, Maximiliano unirá la tercera en Baviera, el año 1494, siendo una de las más importantes del Imperio.

Aragón y Cataluña especialmente seguirán vinculadas al mártir por una larga tradición mantenida viva hasta el presente, motivando bellas manifestaciones artísticas, recogidas especialmente con amor en el edificio de la Diputación provincial catalana, de nuevo Generalitat, encontrándose distribuidas además en múltiples lugares y de manera definitiva en el escudo de la capital, unido a las cuatro barras rojas de la corona aragonesa.

Tres formas de devoción

En las tres formas. mártir milagroso. defensor de don cellas en peligro de muerte y de cristianos valerosos en trances castrenses, la condición militante de San Jorge. no se pierde . Su espíritu caballeresco realiza su condición esforzada de auxiliador del débil y del que lucha por su fe en la Edad Media que lleva a declararle patrón en diversas regiones y naciones europeas y a figurar en manifestaciones artísticas en numerosos templos de la Europa cristiana.

Patronazgo

Aragón-Cataluña se colocan bajo el amparo de San Jorge. Lo han hecho también Portugal, Inglaterra, Rusia, Génova y Abisinia. Llega el prestigio del santo hasta el imperio de los zares, uno de los cuales crea la orden de caballería de igual nombre, en la que ingresarán los más valientes adalides de sus ejércitos. Eduardo III de Inglaterra le declara patrón de la orden de la Jarretera, aún hoy, famosa entre las famosas del mundo.

En otras naciones

Son otras muchas naciones las que reciben de manera fervorosa la devoción a nuestro mártir, demostrándolo a través de múltiples cuadros colgados en tantas iglesias y capillas colocadas bajo la advocación de su nombre.

Aún recordamos la emoción que nos produjo encontrar en magnífico templo de Viena un lienzo de San Jorge, mostrando su actitud característica.

Invocación final

Podemos afirmar, pues, que la devoción al santo patrono de Bañeres tiene asiento en el corazón de muchos países europeos, extensa área geográfica de amor y culto. Mas su vinculación se encuentra, primero, en estrecha zona, y después, en otras del este y del oeste de las riberas del Mare Nostrama. Si en este mar se han marcado desde lejanos milenios rutas a la cultura del mundo, mece con sus rumores la cuna excelsa del San Jorge oriental, que se convierte en occidental, por tanto, en europeo y universal, al amparo del culto que le tributaron los primeros adoradores, mucho antes de que las tradiciones medievales lo ampliasen, y aún antes de que la tradición lo envuelva con el ropaje áureo de su prestigio. Tradición que no se estanca y convierte en estatua de sal, sino que abre los caminos hacia el futuro incierto. Bien lo necesitamos en nuestros días cargados de preocupaciones, temores y esperanzas. Urgen revulsivos muy fuertes que impulsen nuestro inerte corazón, dado al reposo y al goce egoísta, inmisericorde y banal.

En vez de doncellas que liberar tras cruentos combates o de amparar indecisas batallas guerreras, permanecen muchas injusticias sobre la haz de la tierra y somos los cristianos, a veces. sepulcros blanquea dos y motivos ciertos para que nos señalen nuestras torpezas, egoísmos, abandonos y tibiezas e n el cumplimiento de obligaciones inexcusables, que evadimos en demasiadas ocasiones. No hay que guerrear blandiendo lanzas cabalgando sobre blanco corcel; hemos de señalamos, sin embargo, como agentes del mal, involuntario. pero engendrando el escándalo en torno a nosotros, seres buenos, honrados y hasta piadosos algunos, pero que no calamos en la hondura trágica de los males que nos afligen y de sus remedios inmediatos.
¡Glorioso San Jorge, queda mucho que corregir en la redondez de la tierra y en los anchos campos de la patria!

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