Una esperanza


Luis Alemany (Coadjutor)

Un poco difícil resulta hablar de algo que todavía no se ha vivido plenamente. Pero uno se va enterando, le van contando cosas, lee historias y hechos pasados entremezclados con la leyenda, que también cuenta a la hora de escribir historia. Partiendo, pues, de estas breves premisas, yo me atrevo a redactar estas líneas. En primer lugar, un saludo, una respuesta y una manifestación de mi sincero agradecimiento a los que me han invitado directamente a participar en el “Programa de fiestas”, pero también a todos los bañerenses, ya que puedo asegurarles que me he sentido, desde el primer día, objeto de una amable y simpática acogida. Puedo asegurarles que pronto, muy pronto, empezaré a sentirme un bañerense más. Incluso, que me perdonen algunos de Bocairente a quienes aprecio como verdaderos amigos, he gozado ya algunos momentos en esas largas cuasi-discusiones en las que sale a relucir la historia, la leyenda y las anécdotas que en tiempos pasados tal vez separaron y crearon discordias, pero que hoy más bien deben y han de unir los pueblos entre sí por tener una historia, unas gestas y un destino común.

De Bocairente puedo decir que gocé viviendo plenamente la fiesta de la “Entrada de Moros y Cristianos”.

Esta fiesta, que no nos separa sino que nos une a beky-rentinos y bañerenses, vamos a celebrarla muy pronto aquí en Bañeres.

En general podemos afirmar que cada pueblo tiene su manera propia de ser, de vivir sus fiestas, sus originalidades; en una palabra, su idiosincrasia, que te caracteriza y le distingue de los demás. Y así, sin afirmar que es mejor ni peor, sí podemos hacer nuestro el famoso slogan “BAÑERES ES DIFERENTE”. Y un servidor, convencido de ello, espera vivirlo de verdad.

En mi corto tiempo como coadjutor de esta población tengo almacenadas muchas e interesantes impresiones, que me atrevo a plasmar en estas líneas, aunque me temo que, en general, a nadie le suenen a nuevas; pero, en fin, lo bueno nunca envejece (como el Padrenuestro).

Mi primera gran impresión al llegar por primera vez a Bañeres, el día de Santa Lucía, fue el descubrimiento impresionante de la majestuosa Torre del Homenaje del histórico castillo. Sólida y apuntando hacia el cielo como un testimonio para todos los bañerenses de las glorias de su pasado y también como un grito y una llamada para el presente y para el futuro: “SIEMPRE ARRIBA, BAÑERENSES”.

Esa majestuosa torre reconstruida por el esfuerzo y la ilusión de los bañerenses y también por aquellos no menos amantes de las glorias de Bañeres, que sin ser nativos podemos afirmar que aman de verdad a Bañeres y bien merecen el título de hijos adoptivos, les confieso que me inspiró una de las primeras homilías en que tuve que dirigirles mi pobre palabra, animándoles para que, usando de la semejanza, nos esforzáramos cada uno en particular, y todos unidos en comunidad para reconstruir a la vez a ese Cristo que preside, que está ene l corazón de Bañeres y de cada uno de los bañerenses, pero que tal vez lo tengamos un poco derruido, demasiado descuidado, como teníamos la torre del castillo.

Otra confesión que les hago es que otro día subí a la Ermita del Cristo, blanca y esbelta, desde donde gocé, gocé de verdad, contemplando el ancho y hermoso valle al pie de Mariola. Por ello en otra homilía les hablé preguntando de cómo era posible que hubiese hombres que no creyesen en Dios, ya que, a mi modo de ver, bastaba con subir a la Ermita del Cristo de Bañeres, abrir los ojos bien abiertos y exclamar: “¿Creo, Señor, porque es maravillosa la obra de tus manos!”.

Otra cosa que me sigue impresionando cuando por algún motivo recorro las calles de Bañeres es escuchar el ininterrumpido vaivén de sus innumerables telares. Uno se dice para sí: “En verdad, este pueblo y esta gente es muy laboriosa, tiene un alto nivel industrial, por tanto, está lanzada hacia el futuro.”

Por todo ello espero no sentirme extraño cuando lleguen las fiestas del pueblo. Ya presiento la gran explosión de todo un pueblo unido para vivir y homenajear a su Santo Patrono San Jorge, su gran tradición, su noble historia, hechos estos que, por lo que he podido observar, corre por las venas de todos los bañerenses, desde casi centenarios hasta aquellos que todavía lucen, el chupete. Yo diría que es algo que se hereda ya en el seno materno y que se lleva hasta más allá de la tumba. Y como final de estas líneas y prueba de lo que acabo de decir, les afirmo que algo me puso, como vulgarmente se dice, “la carne de gallina” e incluso la gran emoción hizo que mis ojos se rodearan de agua en dos ocasiones: Primera: Cuando en una revista leí cómo celebran la fiesta los bañerenses. Allí, ante los que fueron, los que les precedieron, pero que todavía cuentan en la fiesta. Yo diría que de algún modo están todavía realmente presentes. Así lo sienten el hijo, el hermano, el nieto, cuando seria, firme, yo diría que religiosamente, dispara ante su familiar el arcabuz.

Segunda: Esta misma emoción me causó cuando un buen bañerense me contaba detalladamente este gran día, original y único, festivo y religioso, un gran acto de fe en sus muertos. Un acto de fe en que los muertos todavía cuentan, porque ellos esperan, juntamente con todos los bañerenses, en el gran DÍA de la RESURRECCIÓN, cuando, todos reunidos, celebraremos la gran fiesta, la Eterna Fiesta alrededor de la ROCA, del verdadero CASTILLO, de la TORRE totalmente reconstruida y nueva, que no envejece jamás y que es el CRISTO RESUCITADO.

¡Bañerenses!, vuestro Coadjutor y amigo os saluda a todos y os desea que en verdad gocéis, que os olvidéis al menos por unos días de vuestros telares, que seáis felices en estas fiestas a vuestro Patrono San Jorge. Que vuestra fe y vuestra alegría se renueven de verdad y que sean esa torre y ese centro que os una, que nos una a todos a través del año nuevo que empezaremos a partir del lunes de las fiestas.
Y ya también yo espero gozar de vuestras fiestas, que considero mías me uno a todos los bañerenses para lanzar al aire el emocionante grito de ¡¡VITOL AL PATRO SANT JORDI!!

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