Molina y su Bañeres


Miguel Esparza

Salí de una gran industria
que de San Jorge la llaman,
encuadrada en las afueras
de nuestra histórica Játiva.
Yo no sé por dónde iba
ni por qué camino andaba.
lo que si sé bien, que el coche
llevaba una buena marcha
como temiendo hacer tarde
a algo que precisara.
¿Tardaremos en llegar?
-Tan sólo un poquito falta.
Un pueblo, dos pueblos, tres;
y cruzamos por Albaida
como pájaro que vuela
cuando despliega sus alas.
¿Y esta ciudad tan hermosa?
-Es Onteniente que pasa.
Sierras de grandes alturas,
carreteras empinadas,
peligros en los abismos
y muchos cambios de marcha,
eran la eterna aventura
que heroicamente marchaba
por las rutas del camino
buscando el fin de sus ansias.
El motor iba bordeando
aquellas montañas altas
hasta llegar a la cumbre
de una típica montaña,
que vista de lejos, era
como un racimo de casas.
Había en el mismo centro
una pequeña “Giralda”
que nacía entre las peñas
cual la raíz de una parra,
adornando con sus hojas,
rizos de hermosas guirnaldas,
los granos de aquel racimo
que parecían de plata.
Era el pueblo de Bañeres,
que engalanado esperaba
a la imagen de San Jorge
para rendirse a sus plantas.
El coche apretó sus frenos
interrumpiendo la marcha.
Y en el profundo silencio
que entre nosotros reinaba,
se escuchaban los murmullos
del céfiro en lontananza
que soplando suavemente
en nuestro odio exclamaba:
Molina, bajad del coche
que Bañeres ya os aguarda
para dar principio al acto
más sublime del programa.
Va a empezar la Santa Misa
con ritos de Colegiata
y vuestra amada Parroquia
con gran orgullo os reclama.
Pasad pues, Gregorio, al Templo
que allí tenéis reservada
una silla, recubierta
de carmesí y esmeralda.
Legado del patrimonio
del amor y la constancia
para todos los que son
cual vos, fieles a su Patria.
Y pasamos a la Iglesia,
toda ella iluminada.
Allí ya los sacerdotes
de Casulla y de Dalmáticas
dispuestos a dar comienzo
a esta Fiesta Soberana.
Y cerca de ellos, muy cerca,
presidiendo con su espada
el Valeroso San Jorge
con el dragón a sus plantas
Dió principio un bello canto
de música gregoriana
que perfumaba el ambiente
de la Liturgia Sagrada.
Y luego sonó la orquesta
mezclada entre voces blancas
que iluminaban el Templo
con la luz de nuevas lámparas.
Eran como querubines
los niños que allí entonaban
aquel canto religioso
que nos llegaba hasta el alma.
Y cual aroma del cielo
La armonía dulce y clara
que labraban los violines
mientras los niños cantaban.

Fiesta Pagana

¿Cómo poder olvidar, olvidar,
de Bañeres mis andanzas,
si fue para mí como un suspiro
de amor, aquella mañana?
El volteo general
de un buen juego de campanas
nos agrupaban de nuevo
en el centro de la plaza.
Que había de presenciar
el desfile de comparsas
y escuchar un pasodoble
que este día se estrenaba.
Allí todas las banderas
sobre el viento enarboladas,
luciendo entre sus colores
bordados con gusto y gracia.
Una de puro granate,
otra de verde esmeralda,
con la blanca de los moros
y negra de los piratas,
para resaltar mejor
la Bandera Roja y Gualda
que estaba entre los cristianos
protegida con sus armas.
Las llevaban las mujeres
con la mayor elegancia,
unas vestidas de mora
y las otras de cristiana,
formando la pura esencia
de nuestra querida España.
Que las moras parecían
aquellas propias esclavas
que pasaron por las puertas
de nuestra histórica Alhambra.
Y las cristianas, no menos,
con la Cruz de Calatrava,
las heroínas del triunfo
en nuestras duras batallas.
¿Cómo poder olvidar
esta emoción que me embarga
si la estoy viviendo siempre
en mis horas de nostalgia?
Si parece que fue ayer
cuando entre todos brillaban
los ricos trajes de seda
que lucían las comparsas.
Si aun veo a los Capitanes
engarzados de oro y plata
gallardamente en sus puestos
moviendo su blanca espada.
Y a los moros y cristianos
con sus adornos de alpaca
brillantes como la luna
y el sol que nos alumbraba.
La Banda Municipal
de Bañeres, esperaba
a la puerta del Templo
formando frente a las gradas.
Que había que recibir
al pie de las ordenanzas
al Ilustre Ayuntamiento
que ya por fin se acercaba.
Autoridades civiles,
militares y eclesiásticas
que a paso ceremonioso
y bien seguro, avanzaban.
Al frente de aquellos músicos
don Oscar Tordera estaba
empuñando su batuta
en remaches de oro y plata,
que más tarde me entregó
con decisión firme y clara,
ofreciéndome el mandato
supremo de aquella Banda.
Pareciéndome tanto honor
que si bien pude aceptarla
fuera por tener la dicha
de ser yo quien aunara
a Molina y su Bañeres
con los lazos de esta marcha.
Que siendo humilde y sencilla,
llevaba entre sus entrañas
la esperanza de un amor
encendido en fuertes llamas.
Ya no vi jamás, mejor
manera de interpretarla.
El vibrar de las trompetas
era como el de la guardia
de aquel Castillo, en la cumbre
de la montaña más alta.
Y el son de los clarinetes
cual un suspiro del ama
que al lanzarlo por el viento
cantando coplas, lloraba.
Pues su dulce melodía
reflejaba la añoranza
que siente por su Bañeres
lejos de su tierna Patria,
el corazón de Molina
cuando llora, ríe y canta.
Al terminar la conquista
de esta gloria inesperada,
las mujeres aplaudían,
los hombres se entusiasmaban.
Y los niños que corrían
jugueteando por la plaza
gritaban todos a coro:
¡Viva, viva nuestra Banda!
Unos momentos después
la gente se amontonaba
para dejar paso libre
al desfile de comparsas,
que al son de unos pasodobles
alegremente marchaban.
¿Dónde irían? ¿A la Ermita
que es donde reposa el alma
de María Magdalena,
a rogar por nuestra Patria?
¿O acaso al lugar del hecho
del caballo y de la espada
a suplicarle a San Jorge
valor en la fé cristiana?
No; que iban a la Abadía
donde este día no faltan
los moros y los cristianos
juntos con el pueblo en masa,
acompañando al Ministro
que ocupó la Santa Cátedra.
Yo me quedé meditando
mientras estos se alejaban…
Y alzando la vista al cielo
con devoción, exclamaba:
Bendito sea este día
de luz, de fe y esperanza
que logró con su hermosura
hacerme saltar las lágrimas.
Por eso, ¿cómo olvidarlo
si hasta el aliento me falta
cuando quiero recordar
aquella feliz mañana?
Si me perdiera algún día,
buscadme entre las montañas
que en Bañeres me hallaréis
contemplando sus murallas

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